Columna: El quiebre

Desde que quedamos fuera de Rusia 2018, siempre pensé que las cosas se arreglarían tarde o temprano, que los egos quedarían de lado, que la Roja estaba por encima de todo para estos cuatro.

Por Juan Ignacio Gardella

Voy a ser sincero: cuando tengo el privilegio de escribir en este espacio, pienso-siento la idea que quiero desarrollar, la redacto, le busco un título atractivo para que usted la lea y al final elijo una foto que le haga juego. Esta vez fue diferente, me costó un montón, porque sí, pude haber repetido mis opiniones anteriores, como que creo que no se debió cortar la línea bielsista-sampaolista que nos llevó al éxito o, ya que estamos en ésta, que el proceso de Rueda tiene que seguir pase lo que pase en este mes pues ha hecho el trabajo sucio que no hizo Pizzi, pero el hecho es que el proyecto del colombiano nunca ha podido desmarcarse de lo extrafutbolístico.

Esta vez empecé por la imagen, porque se me aparece bastante desde que el DT decidió no llamar a Bravo para la Copa América, acto seguido se destapó el supuesto veto al arquero que sería liderado por Vidal, después Medel admitió el quiebre tras un año y medio de negarlo y, mientras tanto, Sánchez estaba en otra, entre su película y su recuperación. Desde que quedamos fuera de Rusia 2018, siempre pensé que las cosas se arreglarían tarde o temprano, que los egos quedarían de lado, como pasó en la cancha en el 2015 y 2016, que la Roja estaba por encima de todo para estos cuatro.

Porque, seamos honestos, cuando El Gráfico probablemente ya no exista, dentro de otros 100 años en la historia de la Selección, se hablará de la columna vertebral de la Generación Dorada y al tiro se les vendrán a la cabeza a nuestros hijos y nietos el Capitán, el Pitbull, el Rey y el Maravilla. Después asomarán los memoriones y recordarán al vivo de Jara, a los incansables Isla y Beausejour, al cerebro Díaz, al todoterreno Aránguiz y al goleador Vargas, y algunos discutirán si el jugador 11 -en este caso el “10”- era el Mati o el Mago.

Si somos bicampeones, se lo debemos en gran parte a tres futbolistas de clase mundial, como lo son el portero, el volante y el delantero, y a uno que cuando se pone la camiseta de Chile, los alcanza e incluso supera en nivel, como lo es el defensa. Coincidencia o no, cuando los tres cracks de la Sub 20 de Canadá 2007 tuvieron a un líder que los guiara, se acabaron las rabietas de Gary, al igual que las peleas por el liderazgo entre Arturo y Alexis.

Espero que estos tres treintañeros sepan comandar a un grupo de jóvenes seleccionados -y otros no tanto- que han tenido que lidiar con sus luchas personales. Porque hace rato que se dejó de hablar de fútbol, pero no nos echen la culpa a los periodistas de eso, sino que piensen por qué pasaron de publicar en sus redes sociales -su medio favorito- este buen momento en un jacuzzi previo al “bi” en la Centenario a los emoticones de sapos con doble sentido.

Aunque suene cliché, “una imagen vale más que mil palabras”.

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