Columna: Una Generación Dorada sin gasolina

El periodista Angelo Torres, del diario peruano La República, analiza el partido que definirá al finalista de la Copa América.

Por Angelo Torres Zevallos

La última vez que Perú clasificó a una final de la Copa América fue por sorteo. Verónica, la hija de Teófilo Salinas, entonces presidente de la Confederación Sudamericana de Fútbol, sacaba un papel –no una bolilla fría como se ha teorizado muchas veces- donde estaba escrito el nombre del país. Así la blanquirroja dejaba en el camino a Brasil, a quien le ganó 3-1 de visita y luego cayó 2-0 de local, para luego vencer a Colombia en Caracas y levantar por última vez el trofeo continental. Han pasado 44 años y ese último partido sigue siendo esquivo.

Estuvo cerca en 1997 cuando caía humillado 7-0 ante el Scratch en semifinales y hace sólo cuatro años cuando Chile se imponía 2-1 en el Nacional de Santiago en la misma instancia. Tan cerca y tan lejos a la vez. El destino pensó en una revancha en terreno neutral, en la calurosa Porto Alegre, donde el equipo de Ricardo Gareca tiene la oportunidad de hacer historia y también cortar una racha negativa ante la Roja: no le gana en Copa América desde 1993 y el Tigre todavía no se impone en un partido oficial. Pero más allá de las estadísticas -Chile ganó las dos semifinales que disputaron en la historia-, esta puede ser la confirmación de un grupo consolidado -16 de los 23 convocados estuvieron en Rusia 2018- que tiene a Paolo Guerrero como estandarte y capitán.

Pero antes de imaginarse en el Maracaná este domingo, Perú debe aceptar que Chile es el favorito y que eso puede ser una presión para ellos. Que debe jugar con eso, como lo hizo como ante Uruguay. Bicampeón de América –aunque la Conmebol haya querido restar méritos al decir que el torneo del 2016 era solo conmemorativo-, la selección de Reinaldo Rueda se juega el prestigio y espera cerrar el círculo con una Generación Dorada que va quedándose sin gasolina y busca la gloria para limpiar su imagen después de quedar fuera del Mundial del año pasado.

Tratar de caer en el ritmo de chileno puede ser un pecado capital para Perú, que deberá buscar llevar el partido a su propia sintonía y con un rigor táctico que no deje ningún espacio libre. Necesitará un equipo concentrado por casi 100 minutos, que el VAR aparezca si es necesario y aprovechar las chances que tendrá frente al arco de Arias. Que Carrillo sea desequilibrante por la banda y que Tapia y Yotún no fallen en salida, además de una defensa impecable con Zambrano que tiene otra opción de redención –el 2015 se fue expulsado a los 20 minutos en semis- para mostrar su liderazgo. Chile tiene a Vidal, la velocidad de Alexis y el olfato goleador de Vargas, un plantel que encontró las respuestas que buscaba en Brasil.

La última vez que Perú levantó la Copa América (1975) las imágenes todavía estaban en blanco y negro, en la celebración aparecía Juan Carlos Oblitas, hoy director deportivo de la FPF. Cuatro décadas después, nadie va a sacar un papel, Perú necesita goles para celebrar.

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