Columna: El Gary de la gente

Ése que cree que el fútbol es una guerra, que se gana pecheando y pegando patadas, tiene que darse cuenta de que el liderazgo pasa por usar la cabeza no sólo para cabecear, sino para pensar cuando nadie lo hace, cuando las revoluciones están a mil. La capitanía se lo exige.

Por Juan Ignacio Gardella

Tuve la tentación de escribir sobre el retiro de la Selección de Jean Beausejour. Era la fácil dedicarle algunas líneas elogiosas al lateral izquierdo de la Generación Dorada, destacar sus desbordes y sus centros como con la mano, recordar su penal a Argentina en la Centenario y alabar sus cualidades de líder, ésas que tienen los que hablan poco y dicen mucho.

Hubiese sido una linda columna para la galería, digna de unos cuantos "me gusta", otros tantos retuits y uno que otro comentario positivo, de esos que casi no se ven en las redes sociales en estos días de amenazas cagonas detrás de un teclado. Pero como considero que el Bose es uno de los líderes intelectuales de este cuadro histórico, mi homenaje para él es marcar aquello que me preocupa de cara a lo que viene, cuando el futbolista de ascendencia haitiana-mapuche esté viendo por TV a sus ex compañeros de rojo en las Eliminatorias rumbo a Catar 2022 o en la Copa América del próximo año.

En ese sentido, me genera bastante preocupación lo de Medel en el duelo por el tercer puesto. Decir algo en contra de él parece un pecado, pero ahora lleva la jineta en su brazo y eso tiene que demostrarlo, más allá de sus declaraciones, con sus actitudes dentro de la cancha.

La expulsión por el "encontrón" con Messi -que de encontrón no tuvo nada, porque fue al Pitbull a quien se le salió la cadena, el argentino hizo lo que hubiera hecho cualquiera-, fue sólo "la guinda de la torta" de un partido al que el jugador del Besiktas entró sacado, como en los viejos tiempos, esos que parecían olvidados. En los 37 minutos que alcanzó a jugar el sábado, se dedicó a pelear y a reclamar, y uno de esos reclamos se pagó caro con el primer gol, un foul en la mitad que, si bien no existió, no ameritaba para que fuera a alegar tan lejos y permitiera la avivada albiceleste.

Dame al Gary de equipo, ése que salta más que los delanteros más altos, que cubre los condoros de sus compañeros y que juega desgarrado por amor a la camiseta. "El Gary de la gente", ése que cree que el fútbol es una guerra, que se gana pecheando y pegando patadas, tiene que darse cuenta de que el liderazgo pasa por usar la cabeza no sólo para cabecear, sino para pensar cuando nadie lo hace, cuando las revoluciones están a mil.

La capitanía se lo exige.

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