Opinión

Columna: El Príncipe Jarry

Esperemos que sólo haya sido un error no forzado, porque si la sanción es la máxima, de cuatro años, sería prácticamente la ‘abdicación’ del Príncipe, sin siquiera haber llegado a ser rey.

Mientras la corona británica está en shock tras la decisión de Harry de renunciar a la realeza, el tenis chileno se encuentra duramente golpeado luego de la determinación de la ITF de suspender provisoriamente a Jarry por dopaje. Los dos príncipes estaban lejos de ser reyes, pero lo cierto es que mientras uno se salía de la élite por iniciativa propia, el otro era responsable directo de que nuestro país recuperara su estatus dentro de este deporte.

Es complicado opinar sobre doping, sobre todo si es un castigo provisional. Y más aún si es que te tocó ver crecer y desarrollarse desde sus inicios al deportista, cuando para él todavía era un hobbie pasearse por las canchas de Estados Unidos y Chile pegándole a la pelota con una raqueta.

Si bien después, por cuestiones laborales, no pude seguir de cerca su carrera, me cuesta creer que el Nico haya tomado conscientemente esas sustancias prohibidas. En definitiva, que haya querido hacer trampa.

Desde que se supo la lamentable noticia, he podido hablar con un par de personas del círculo íntimo del “Berdych chileno” -él mismo se comparaba en sus comienzos con el checo- y ponen las manos al fuego por él, como toda la familia del tenis. Apuntan a la mala suerte, no se les pasa por la cabeza que haya habido intencionalidad de sacar ventaja deportiva.

También tuve la posibilidad de conversar con uno que otro experto, quienes explican que tanto el Ligandrol como el Stanozolol no tienen límite mínimo para ser detectados, por lo que basta que aparezca una pequeña cantidad en la muestra para que ésta arroje positiva. Así, la dosis encontrada no implicaría una mejora física significativa en Nicolás.

Habrá que esperar la defensa del tenista, a ver si puede demostrar la contaminación de esas pastillas, cruzando los dedos para que sólo haya sido un error no forzado. Porque si la sanción es la máxima, de cuatro años, sería prácticamente la “abdicación” del Príncipe, sin siquiera haber llegado a ser rey.

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