Opinión de Guarello tras el Chile-Argentina: Y si....

El análisis hay que hacerlo con la pintura completa, no con los primeros 15 minutos de anoche o el gol de Felipe Gutiérrez en los descuentos.

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Y si el descuento llega diez minutos antes… y si Arias cobra penal en alguna de las manos en el área… y si Mark González cabeceaba al piso y no a las manos de Romero. El equipo se fue ovacionado en el Estadio Nacional pese a la derrota 2-1 con Argentina que nos ubica en el sexto lugar de la tabla, fuera de la zona de clasificación.

Chile no jugó mal, incluso, por momentos lo hizo muy bien (primeros 15 minutos). Ahogó al rival, dejó descolocados a Gago y Mascherano, Isla siempre se mostró libre. Había pressing, recuperación de la pelota, llegada por las bandas. Gran ritmo. Todo lo que extrañábamos, lo que se había perdido hace mucho tiempo.

Claro, dos llegadas de un equipo muy efectivo y la Roja estaba dos a cero abajo. No te perdonan una. ¿Nos conformamos? ¿Apelamos a la derrota honrosa? Muchos suponían que ellas, las derrotas honrosas, estaban enterradas en el tiempo. Que ya no podían ser argumento. Pero el público reaccionó de esa manera: premiando la actitud, el intento, las ganas…

Pero, cuidado, la sensación fue muy buena porque el parámetro estaba en el piso. Comparado con lo que se hizo en el Monumental contra Colombia, en Quito, incluso en Buenos Aires y Montevideo, el equipo se vio muy superior. Es más, se jugó mejor que contra Paraguay o Bolivia. Chile mejoró, qué duda cabe, pero queda mucho camino.

El análisis hay que hacerlo con la pintura completa, no con los primeros 15 minutos de anoche o el gol de Felipe Gutiérrez en los descuentos. Esa es una parte de la suma, la más reciente, pero no la más relevante. No puede la Selección estar al arbitrio de una inspiración momentánea, de un rapto de vergüenza.

Si Claudio Borghi puede mantener esto, bienvenido. Pero si volveremos al sube y baja, a los problemas disciplinarios, a los partidos incomprensibles, hay que hacer el cambio. Quedan cinco meses para el próximo duelo, Perú en Lima y enseguida Uruguay en Santiago. Hay tiempo de sobra para reflexionar, pero en serio, sin ser autocomplacientes. Sin esgrimir el argumento liviano de “si esa pelota entraba, si nos cobraban un penal”. Eso no alcanza. La unidad de medida no puede ser la derrota honrosa o el golpe anímico cuando se cuelga en la cornisa.

La clasificación está a la mano. Depende de Chile, pero esos partidos hay que ganarlos y para hacerlo, Claudio Borghi debe replantear muchas cosas: pasar de amigo a entrenador, controlar a sus jugadores en la cancha, mantener un mínimo de regularidad, no más ese obtuso dogmatismo (jugó con cuatro en el fondo y no se murió nadie). Este partido le dio un poco de oxígeno, pero en ningún caso salva el proceso.

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