Columna de la U: El hombre había aprendido

"Uno de los mejores recuerdos de estos dos años será la capacidad de Sampaoli para mantener un estilo de juego", dice Álvaro Amar en su columna. Lee y comenta aquí.

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Jorge Sampaoli dirigió dos año a la U y luego asumió la conducción de la Roja. Foto: Agencia UNO

Por Álvaro Amar

@alvaroamar

Recuerdo perfecto cuando una tarde de verano del 2008, en la habitual escucha de los programas deportivos radiales de la tarde, anunciaban la llegada de un técnico argentino a O’Higgins. Su nombre, Jorge Sampaoli. Algo me sonaba por sus campañas en Perú, por ahí en algún habitual trasnoche futbolero había visto un par de notas o resúmenes en los que lo nombraban. Ni siquiera tenía una imagen clara de cómo era físicamente.

Reconozco que como muchos, pensé que era otro de los típicos DTs extranjeros que pasan sin pena ni gloria por el fútbol chileno. Cuando llegan, dicen que van al frente, que quieren tener la pelota, administrarla bien, jugar en campo rival, presionar, ser un equipo de acción y no de reacción, etc. En resumen, ese arsenal de frases para la galería que todos conocemos y que vienen por defecto con toda nueva incorporación.

En la mayoría de los casos, el final de la película es igual de predecible que el final de una teleserie venezolana. Llenan el plantel de nombres foráneos impronunciables y terminan el año (si es que lo hacen) defendiendo “el puntito” y la “presentación digna”. En este caso, había un detalle no menor que me despertaba más suspicacias. Sin miramientos, el hombre se declaraba seguidor ferviente del estilo de juego de Marcelo Bielsa. Era imposible no asociarlo con el fenómeno que se produjo en Chile luego del trabajo de Mirko Jozic. En ese entonces, algún iluminado pensó que cualquier técnico europeo con un español discreto, sería de “la escuela de Jozic”. Así fue como este país generoso le dio trabajo a Andrija Percic, un entrenador que lo único que tenía en común con el antes mencionado era la nacionalidad.

Con estos antecedentes, o válidos prejuicios, empecé a seguir la campaña de este nuevo O’Higgins de Sampaoli. Los celestes jugaban bien hasta que se cansaban. Se “fundían”, era el argumento para describir los segundos tiempos de un conjunto irregular, que atraía en un principio y se diluía en las instancias finales. Al final, el hombre y su cuerpo técnico tomaron sus videos, sus apuntes, sus ejercicios de mecanización, su infaltable “tontito” durante los calentamientos y se fueron a Emelec a cumplir una destacada campaña que las frías estadísticas sindican con un 53,57%, una final disputada y ningún título.

Luego de que se mencionara insistentemente a Diego Simeone como el reemplazante de Gerardo Pelusso, Jorge Sampaoli llegaba a la banca de Universidad de Chile con todos los antecedentes mencionados anteriormente.

De los 33 años que tengo, llevo más o menos 27 siguiendo el fútbol de la forma más atenta posible. Algo de agua bajo el puente he visto pasar y tenía mis dudas si realmente Sampaoli iba a poder dirigir con éxito a la U. Tampoco me gustaba Simeone. Estaba seguro que si el Cholo venía a Chile, se lo iba a tomar como unas vacaciones pagadas. Finalmente el elegido fue el primero. Así comenzaba uno de los ciclos más recordables y exitosos de la historia de la Universidad de Chile.

Había algo que no estaba tomando en cuenta la segunda vez que dudé, el hombre había aprendido, ya no era el mismo de O’Higgins. Su cuerpo técnico también estaba más maduro, claramente las experiencias los hicieron crecer de forma cohesionada.

La historia reciente ya está lo suficientemente documentada como para hacer un recuento. Mucho se ha hablado del juego, de la dinámica, de las ocasiones de gol, de los jugadores que dieron un salto cualitativo en su juego y por ende en su carrera.

Pero en todo este ciclo, hay algo que para mí al menos será uno de los mejores recuerdos de estos dos años: la capacidad de Sampaoli para mantener un estilo de juego. Me refiero a la actitud, a la intención de protagonizar, no a la forma en la que paraba el equipo. Esa discusión de si se juega con 3, con 4 o con 5 en el fondo, me parece tan innecesaria como trasnochada. Pese a la cantidad de cambios que tuvo que ir haciendo en el camino, debido al éxito, los resultados del equipo y las propias circunstancias del juego (lesionados, suspendidos, etc), uno sabía que cualquier partido de la U era una posible jornada memorable. Destaco también que nunca le tembló la mano para promover jugadores que, según su visión, estaban listos para jugar en el primer equipo. Ejemplos: Ángelo Henríquez, Juan Ignacio Duma, Sebastián Martínez e Igor Lichnovsky.

Tal vez se podrá decir que en el último tiempo erró en algunas contrataciones. Con el diario del lunes es fácil comentar. A Eduardo Morante lo había dirigido, a Luciano Civelli todos lo vimos en la Libertadores jugando por Libertad, Enzo Gutiérrez venía de un buen momento, sólo por nombrar algunos. Ya que siempre se cita a Alex Ferguson como un ejemplo de continuidad y éxito, me permito recordarles, por ejemplo, que a pesar de que Diego Forlán llegó al Manchester con expectativas de convertirse en ídolo, no le funcionó al longevo DT y finalmente fue transferido. ¿Es Forlán un mal jugador? Claro que no. ¿Se equivocó Ferguson? Tampoco. El análisis global, es inmensamente superior a que si le funcionó X o Y jugador.

Los resultados de este último semestre no fueron los mismos, pero ni el medio ni el hincha se lo reprocharon a Sampaoli. Todos entendieron que en el grueso del plantel habían jugadores como Charles Aránguiz (fundamental en todo este ciclo) que necesitaban urgentemente un descanso. Había conciencia de que los partidos del equipo 2011/2012 (nacionales e internacionales) y los compromisos de la Selección estaban pasando la cuenta.

También fue evidente que al equipo le faltó mayor efectividad en la definición, pero igual seguía fiel a su estilo. Se perdió en cuartos de final del Clausura contra un muy buen equipo como Unión Española, pero incluso en ese partido cuyo marcador fue expresivo a favor de los rojos la U se fue al descanso con un triunfo parcial que la clasificaba. Incluso podría haber alargado las cifras al menos en dos ocasiones más. En el segundo tiempo, Unión demostró que tiene buenos jugadores, buen técnico y tuvo la efectividad que les faltó a los azules durante todo el semestre.

A estas alturas, dudas respecto de su trabajo ya no tengo. Obviamente no tengo la certeza de lo que va a pasar en el futuro en términos de resultados, pero sí hay algo de lo que estoy seguro: con la capacidad de aprendizaje que ha demostrado este hombre, que vive el fútbol como si no hubiera un mañana, no me cabe duda de que aún le quedan muchos objetivos por cumplir en su carrera.

Como cierre de esta columna, me quisiera quedar con una pregunta que me hizo mi hijo de 5 años el otro día (haciendo un puchero de niño), mientras veíamos un partido de la U y se enteró de que el argentino probablemente no seguiría dirigiendo a los azules: “Papá, y ahora que se va Sampaoli, ¿qué le puedo cantar?”. Luego de hacer unos pucheros de papá, le contesté: “Sampaoli, Sampaoli, yo te quiero agradecer, por hacer jugar al Bulla… como lo hacía el Ballet”.

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