Columna de Colo Colo: Dieciséis silencios

Qué lindo fue ver a hinchas de Colo-Colo en El Teniente. Qué lindo fueron los minutos bien respetados a lo largo del país.

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Por Álvaro Campos

@_Alvaro_7

Columna del Movimiento Colo Colo de Todos

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Todo es una tragedia. Nada es una tragedia.

Es disparatada esta cosa. Saltan de un lado a otro, aleatoriamente (es decir, siguiendo patrones perfectamente explicables y predecibles para un estudio tan  exhaustivo que lo hace prácticamente imposible), las bolas en la tómbola mientras millones de compatriotas esperan remplazar sus preocupaciones por otras. Bola de tómbola, un meteoro se desintegra y llega a Rusia inundándonos a todos de una inseguridad que no nos dejaría vivir tranquilos si no fuéramos capaces de olvidarla.

Se nace sin aviso ni explicación y así también se muere. El bus desbarrancado en Tomé forma parte del tejido de eventos brutales y salvajes de los que la naturaleza está hecha. Dieciséis murieron, lo que no me parece nada grave.

Mucho más grave me parece la bola de demolición que derribó las casas de sus familias y seres queridos, la cruz de la ausencia que cargarán sin fin, en un Calvario que solo comenzará cuando se apague la última cámara y cuando haya dado vuelta la página para seguir su vida la última persona que sí pueda hacerlo. Habrá que entrar a las piezas deshabitadas, habrá que servir un puesto menos en la mesa, habrá que seguir viviendo en medio de los escombros de la muerte. Mi respetuoso silencio hacia los deudos.

Sobre el silencio: qué lindo fue ver a hinchas de Colo-Colo en El Teniente. Qué lindo fueron los minutos bien respetados a lo largo del país. No sé si ese grado de amistad cívica pertenece a nuestro pasado o a nuestro futuro, pero qué grata fue que su esporádica aparición en nuestro presente.

A O’Higgins le toca seguir jugando y encarar la paradoja. Este luto los hará grandes. Los Dieciséis le darán la mística, el sentido, el fuego a una institución que madurará, como todos lo hemos hecho, a golpes de dolor. Hay una tristeza que se queda en los ojos y no se va ni en medio de las sonrisas.

Siempre me pareció una estupidez eso del Capo de Provincia. Vergüenza ajena. Hasta el hincha del club más insignificante cae víctima de un delirio de grandeza infundado que parece ser parte de la idiosincrasia futbolera. Algunos ingenuos creen que Chile-Argentina es un clásico. Por favor. Cabe aclarar que el Cacique tampoco juega uno contra Boca Juniors.

Hay que admitirlo: el drama forja. Fue la muerte de Arellano la que selló el pacto de amor entre el pueblo de Chile y su club. La caída del avión del Manchester United los hizo, dicen, los niñitos mimados de la Reina. El bombardeo a la sede de Barcelona y la persecución a sus socios en el marco de la Guerra Civil. Alianza Lima en Perú (y en nuestro Santiago). Raimundo Tupper para Católica. En el cuello de su camiseta el Liverpool honra a las 98 víctimas de Hillsborough, su estadio tiene un memorial tributándolos y la canción que sus hinchas convirtieron en el himno oficial del club, esa de que nunca caminarás solo, tomó para siempre dimensiones insospechadas.

Ni uno solo de los hinchas celestes que estuvieron en el estadio para despedir a los Dieciséis cambiará jamás sus colores, y sus hijos los heredarán con una certeza que no sería tal de otra manera. Con eso, por supuesto, no quiero decir que nada de lo que pasó sea una fortuna. Preferiría equipos menos queridos, menos significativos a cambio de madres con menos dolor en el pecho.

A todos nos toca seguir adelante. En el funeral de mi papá dije que el mejor homenaje que le podemos hacer a los muertos es seguir viviendo. Los jugadores a correr, los hinchas a alentar, los socios a dar la pelea por recuperar nuestros clubes de las tramposas concesiones. Los periodistas, a volver a usar el trillado “desastre de Rancagua” que con mucho tino guardaron en el cajón.

¿Y los muertos?

En los ’90 se lucía en El Teniente un ingenioso lienzo que rezaba “Mi vieja me dio la vida, O’Higgins el corazón”. Creo que Dios existe, pero, además, quiero que exista, y que en un cielo celeste los vuelva a reunir. Vidas, viejas, equipos, corazones.

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