Entrevista con Darío Melo: "Para andar bien en el Mundial debemos mejorar mucho"

El arquero de Palestino, figura en la Rojita, sabe que la cita de Turquía será más dura y exigente que el Sudamericano que marcó una clasificación incluso agónica.

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El arquero tomó voz de mando en la Rojita / Crédito: Agencia UNO

Por Eduardo Bruna

Tenía apenas 11 años cuando se fue a probar a Palestino y quedó, pero aún así la alegría de su padre, futbolero como el que más, no fue completa: nunca le gustó que su hijo Darío jugara como arquero. El meta, figura de la selección chilena sub 20, que ganó en Mendoza su derecho a concurrir al Mundial de mediados de año, en Turquía.

“Mi viejo, Darío Eduardo, jugó siempre fútbol, pero como delantero. Para él, jugar al arco no tenía ninguna gracia, porque pensaba, y no sin razón, que el de arquero es el puesto más difícil e ingrato de todos. Se puede ser la gran figura, durante 89 minutos atajarlo todo, hasta transformarse incluso en el héroe del equipo, pero bastará un error que cueste un gol en el minuto 90 para que todo se vaya por la borda y la actuación descomunal no haya servido de nada. Para el delantero, en cambio, es todo lo contrario. Se puede jugar mal, errar una oportunidad tras otra, pero basta un acierto que pueda significar un empate o una victoria para que todo lo malo del partido pase rápidamente al olvido”.

Pero a él de pequeño le gustó eso de ponerse debajo de los tres tubos y de nada sirvieron los esfuerzos paternos por hacerlo desistir.    Su madre, Carmen, también gustaba del fútbol y al pequeño Darío Esteban siempre le llamó la atención que admirara a Fabien Barthez, arquero francés del Manchester United tras una carrera que lo llevó por Toulousse, Marsella y Monaco. Dice Darío: “Le gustaba mucho la personalidad que mostraba, lo seguro que era. Me fui fijando en él y claro, también encontré que el tipo era muy bueno en lo que hacía. Se puede decir que, como arquero, fue mi primer ídolo, aunque después que el fútbol se transformó en un vicio, tanto para verlo como para jugarlo, también me gustó mucho el italiano Gian- luigi Buffon”.

¿Nunca tuviste como referente a un arquero nacional?

Sí, por supuesto… Crecí admirando a Claudio Bravo y hasta ahora es para mí el mejor arquero con que cuenta la Roja. Me gusta su solvencia, los reflejos que exhibe, su seguridad para cortar centros. El que sea figura en el fútbol español, defendiendo a un equipo más bien chico, como la Real Sociedad, no me extraña para nada. El se ganó con calidad el lugar que ocupa.

Me imagino que al Cóndor Rojas nunca lo viste jugar…

Lamentablemente, no. Nací el 24 de marzo de 1993, cuando la brillante carrera del Cóndor había llegado ya a su fin. Pero naturalmente que he leído de él, he escuchado de él y no me cabe duda de que Roberto debe haber sido un arquerazo para merecer tantos elogios. Con suerte he visto escenas de atajadas suyas, que no hacen sino confirmar lo extraordinario que fue.

¿Cómo nace en ti la idea de ir a probarse a Palestino?

La verdad, no fue idea mía. Yo desde chico jugué en mi barrio, Quinta Normal, hasta llegar a Barrabases, un club amateur que tiene mucho prestigio y una dilatada trayectoria. Un señor nos contó que en el diario había salido el aviso de que en Palestino se iba a hacer una prueba de jugadores y como niños muchos nos interesamos. Sabíamos que no iba a ser fácil que se fijaran en nosotros, pero con la ilusión típica de los cabros chicos igual fuimos. Nos probamos como diez y sólo quedamos dos: un chico que jugaba “adelante”, como se decía en esos tiempos, y yo.

¿Quién fue que se fijó en ti como para seleccionarte?

El técnico era René Gatica. Fue él quien nos comunicó, al final de los partidos de prueba, quienes íbamos a seguir. Cuando dio mi nombre sentí, por supuesto, una gran felicidad.

Darío fue quemando etapas en el club tricolor. Sabiendo, año a año, que llegar a Primera era aún mucho más difícil e improbable que ser seleccionado en esa prueba a la que, con 11 años, concurrió lleno de ilusión. Recuerda: “Al final mi amigo del barrio tampoco siguió en Palestino. A los meses se enfermó y no fue más. Fue triste, porque nos acompañábamos en el camino desde Quinta Normal hasta La Cisterna. Por suerte a esas alturas yo ya había hecho amigos nuevos en el equipo”.

Campeón con la juvenil de Palestino, Darío Melo integró la Roja sub 20 cuando era Fernando Carvallo quien la dirigía. Y aunque por un problema disciplinario durante una gira a Europa el Pino decidio borrarlo, igual sintió su partida. Dice: “Siempre es complicado cuando un técnico se va, sobre todo cuando como, en este caso, todo ocurrió cuando el Sudamericano ya estaba casi encima. Y aunque Carvallo me sacó del equipo, igual sentí su partida. Lo positivo para mí fue que, asumiendo Mario Salas, me reincorporó a la Selección, seguramente porque me conocía o tenía buenas referencias mías. Uno cuando joven comete errores, pero de ellos aprende y saca lecciones para no volver a cometerlos”.

Al parecer al equipo, por suerte, no le afectó mucho el cambio de técnico.

Es que siempre hubo buenos jugadores. Aparte, Mario Salas, que   es inteligente, de entrada nos dijo que, aunque él tenía su propia idea del fútbol, como todos, debía aprovechar todo lo bueno que Fernando Carvallo había logrado con el equipo. El cambio de mando, de esa forma, no fue para nada traumático. A eso hay que sumarle su forma de motivar a sus dirigidos. Él, de partida, expresó su confianza en nosotros y nosotros no podíamos fallarle.

¿Pensaban que iban a debutar nada menos que ganándole a Argentina?

De pensar, uno siempre piensa que algo así es posible. Nosotros nos teníamos fe y el técnico se encargaba de fortalecerla, metiéndonos en la cabeza la idea que podíamos. En lo personal, debutando con un triunfo, y respondiendo bien las veces que fui requerido, para mí ese triunfo fue un espaldarazo tremendo. En el balance, creo que fue mi mejor partido, aunque a lo mejor haya habido otros en que fui más decisivo.

¿Recuerdas alguno en especial?

Contra Perú. Nos jugábamos la clasificación al Mundial de Turquía y creo que fue en el minuto 76 cuando me mandé una atajada que evitó el 2 a 1 a favor de los peruanos, que les daba la clasificación a ellos y nos eliminaba a nosotros.

¿Cómo recuerdas la jugada?

En una combinación un delantero, José Reyna, se lleva la pelota con la mano, en una clara falta que el árbitro no advirtió. Dejó seguir la jugada, el peruano remata bajo a quemarropa y yo alcancé a desviarla al corner con la punta de los dedos. Si nos hacían ese gol a lo mejor quedábamos fuera, porque faltaban pocos minutos y ellos se nos habrían metido atrás con todo.

¿Cómo explicas una clasificación tan angustiosa luego que, concluida la primera fase, y quedando fuera Brasil y Argentina, la Roja apareciera incluso como candidata al título?

Creo que nos pesó mucho debutar perdiendo frente a Paraguay, al que en la primera fase le habíamos ganado incluso con un equipo lleno de suplentes. Fue claramente el peor partido que hicimos en el campeonato y me incluyo, porque esa tarde estuve realmente mal. Es cierto que luego también perdimos frente a Uruguay, pero eso fue distinto. Se trató de un partido muy estrecho, muy equilibrado, en que quien hacía el gol ganaba. Lo hicieron ellos en la única llegada clara que tuvieron durante la segunda etapa. ¿Sabe qué pienso? Que quedar libres en la última jornada de la fase regular nos quitó ritmo de competencia.

¿Qué importancia le das a haber afrontado la mayoría de los partidos, por sucesivas expulsiones, en inferioridad numérica?

Tiene importancia, por supuesto, pero los resultados demostraron que ganamos más de una vez jugando con uno o hasta dos jugadores menos. Lo que sí tenemos claro, y el profe Salas lo ha remarcado en el regreso a los entrenamientos del equipo, es que algo así no puede seguir ocurriendo. Jugar en inferioridad numérica es un lujo que en un Mundial ningún equipo puede darse.

A propósito del Mundial en Turquía, ¿qué papel crees que puede cumplir el equipo?

Tenemos mucha ilusión, pero sabemos que un Mundial son palabras mayores. Como le dije antes, hay muy buenos jugadores, pero para tener posibilidades de avanzar y presentar un equipo competitivo hay que mejorar mucho todavía. Debemos aprovechar al máximo estos meses que restan y ojalá podamos seguir jugando en forma continua, mucho mejor si es fuera de Chile y con rivales poderosos, porque es la única forma de mejorar y saber realmente en qué nivel nos encontramos.

El mediodía pasó hace rato. Darío Melo, solitario sub 20 en las canchas de Quilín, tiene todavía ánimo para acceder a las últimas fotos que graficarán su nota. Aunque eso signifique volver a esa cancha que recién lo vio entrenar e ir en busca de uno de esos balones que ya descansan en la utilería. El meta tricolor, con aún 19 años, sabe que recién inicia su camino en el fútbol grande, aunque haber sido elegido entre los mejores metas (si no el mejor) del Sudamericano constituya un tremendo paso, un importante espaldarazo. Cuando ya se marcha, aún tiene tiempo para responder a la última consulta:

¿Y después de este Sudamericano y formar parte del plantel de Primera de Palestino, tu viejo, Darío, sigue alegando porque eres arquero?

Melo detiene sus pasos. Riendo, dice: “No, no… Ya no. Ahora el viejo está tan orgulloso que sólo su trabajo, como jefe de un taller que le confecciona las gorras a los carabineros, le impidió ir a verme. Quedó muy quemado por no poder hacerlo. Hasta estaba decidido a irse manejando y cruzar la cordillera hasta llegar a Mendoza”.

El otro lado de su presente: Sólo ha jugado ocho minutos en Primera División

Como la inmensa mayoría de los seleccionados sub 20, Darío Melo no ha tenido oportunidades de jugar regularmente en Primera, por Palestino. Sabe que es una falencia eterna de nuestro fútbol, pero dice: “La oportunidad hay que ganársela, y a uno no le queda más que seguir luchando para eso. Todos los muchachos de la Sub 20 tenemos claro que ser seleccionados y haber demostrado capacidad en el Sudamericano de Argentina no bastan para llegar a Primera. En mi caso, sólo he jugado 8 minutos en el primer equipo”.

¿Cuándo se produjo tu debut?

Fue el año pasado, en el último partido de la fase regular del Torneo de Apertura, en La Cisterna. El 19 de mayo, para ser más preciso. Quedaba poco para que terminara el encuentro y José Quezada, que había entrado jugando en reemplazo de Felipe Núñez, tuvo la mala suerte de lesionarse. Entré yo, al menos no me anotaron ningún gol y ganamos el partido por 1 a 0.

¿Crees que después de lo mostrado en el clasificatorio para Turquía tendrás más oportunidades?

Ojalá así sea, pero las oportunidades uno se las tiene que ganar, así como en su momento se la ganaron Felipe (Núñez) y José (Quezada). En este puesto uno nunca termina de aprender y está claro que a mí todavía me falta. Todavía no me siento con la jerarquía suficiente ni tengo aún la personalidad como para gritar y ordenar a mis defensas, como sí lo hago en la Roja. Pero es cuestión de tiempo y de seguir madurando.

Pensando en el futuro: “Mi sueño es actuar algún día en España”

Todo futbolista que va quemando etapas, sueña consolidarse en su equipo, ser llamado a la Selección y, finalmente, dar el gran salto de jugar en el exterior. Darío Melo no es, por cierto, la excepción. Señala: “Mi ambición es la de todo futbolista, es decir, ganarme la titularidad y andar bien, de manera de poder, algún día, jugar en el extranjero. Es mi sueño, pero me lo tomo con calma. En definitiva, va a depender de mí”.

¿Te gusta algún medio en especial?

Me encantan Brasil y Argentina. Me seduce mucho el clima en que se juega el fútbol, con hinchadas que exigen y que nunca paran de alentar. Se vive el fútbol de una manera especial. Sin embargo, si por esas cosas de la vida tuviera que elegir entre ir a alguno de esos países o ir a Europa, sin duda que optaría por esta última opción.

¿A Inglaterra, Italia, España u otro?

A España, sin ninguna duda. Todas son grandes ligas, pero en el torneo español juegan los mejores del mundo.

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