Columna de Colo Colo: Sin rumbo

"El tren va desbocado y sin conductor, y ha sido secuestrado por maleantes", dice Álvaro Campos.

Por

Imagen foto_0000000120130315115424.jpg
Omar Labruna, el último despedido de Colo Colo. / Agencia Uno.

Por Álvaro Campos Q.

@_Alvaro_7

Columna del movimiento Colo Colo de Todos

FB de Colo Colo de Todos

@ColoColodeTodos

Cuando no le trajeron refuerzos en el verano a mí me quedó claro que la concesionaria estaba apostando al segundo semestre, a la Sudamericana. Y que Labruna no estaba en el plan. Su mala campaña, indesmentible incluso para quienes le tenemos estima, aceleró el proceso que ya estaba trazado: bajarlo del tren en la próxima estación.

Ahora que ya le pegaron la puñalada y arrojaron su cuerpo en los negros bosques del camino, nosotros en los vagones de atrás tenemos dos nociones claras: que el tren va desbocado y sin conductor, y que ha sido secuestrado por maleantes. Una cosa era decirle buena suerte y hasta luego, darle la mano y despedirlo con pañuelos blancos con su maleta y su fe intacta, tal vez incluso con algún título de campeón, y otra muy distinta es el trato que le dieron, los límites a los que lo empujaron.

Según cuenta la leyenda (no soy periodista, no tengo información de primera fuente), Labruna puso plata de su bolsillo para llegar a Colo-Colo, Labruna no recibió los refuerzos que pidió, Labruna llamó a Álvaro Romero para seguir sus instrucciones el día en que el tren perdió su rumbo, siendo el gerente (o el medio-gerente para los aficionados al humor malintencionado y gratuito) quien lo llevó a actuar como lo hizo, Labruna fue objeto de una campaña comunicacional maliciosa en la que trataron activamente de desacreditarlo y desmerecerlo por una prensa tendenciosa y a sueldo. Labruna recibió la invitación a renunciar, para que la S.A. no tenga que pagarle la indemnización y él, supuestamente, no se lleve la mancha en la hoja de vida y el descrédito. Por lo menos fue en una reunión y no en un apriete de barristas.

Le jugaron chueco. Bueno, son chuecos. Son mala clase. No estoy hablando de Juan Gutiérrez ni de Carlos Tapia, simples frontones de cobardes que no saben nada de nada y lo quieren todo.

En cada comentario de cada noticia publicada en cada medio de prensa se nota que el hincha ya armó el puzle y la tiene clarita. Sabemos quién es quién, y quién es qué. Supongo que eso es un avance.

Me preguntan qué técnico me gustaría. Ni siquiera lo había pensado. Casi me da lo mismo. Al que traigan va a llegar a lo mismo que tuvieron que soportar sus antecesores, incluyendo al exitoso Borghi, siempre al borde del colapso por el estrés de lidiar con gente que, por ejemplo, le regalaba medallas especiales a los jugadores por su Tetracampeonato solo para enterarse de que eran productos que se iban a vender en el comercio. Flaites.

Las mentiras de Ruiz-Tagle, la inoperancia de Romero (¿por qué sigue ahí?), la frustrante oscuridad de Leonidas Vial. Sal a dar la cara de una vez, león de alcantarilla. Sebastián Piñera Echenique. Insertar palabras aquí. Insertar insultos. Insertar imágenes: llegando en helicóptero a interrumpir un entrenamiento. Prometiendo Libertadores. Tratando de hacerse el chistosito después de un partido. Premiándose solo, jugando con su socio Gabriel la pichanga más triste y patética, repitiendo el penal errado, festejándose a escondidas de un plantel en pretemporada que no lo quería ver ni en pintura.

Soy un disco rayado. Todos lo somos. Los opinólogos opinan lo mismo, para que los comentaristas comenten lo mismo. Qué voy a escribir acá que no sepamos todos. Un disco rayado de una canción insoportable. Un disco rayado de una canción insoportable. Un disco rayado.

Que nos robaron al club, que no respetan los procesos porque no saben nada de fútbol pero tampoco les interesa. Que compran mal, pero lo hacen a propósito porque ese es el verdadero negocio acá, cortar colas y esquivar impuestos en triangulaciones truchas. Que no les importa Colo-Colo, que no quieren a Colo-Colo.

Qué crimen más grande, no querer a Colo-Colo.

A Labruna, un buen tipo y no mal entrenador, le va a ir bien a la larga. Va a triunfar en otros equipos y va a llegar a River, donde le va a ir mal porque ese gigante tiene otro cáncer gigante.

A Colo-Colo también le va a ir bien, a la larga. Algún día seremos campeones de nuevo y algún día recuperaremos el club sus verdaderos dueños: los socios. Volverá la alegría al Monumental.

Pero nuestra alegría no será suficiente para castigar a esta lacra de tramposos corruptos. Esos que cuando terminen por chocar el tren le echarán la culpa a los rieles por su incompetencia. A la maquinaria, a los mecánicos, a la leyes de la física, a los pasajeros, a la luna por estar ausente en esta noche negra de carbón.

Contenido Patrocinado
Loading...
Revisa el siguiente artículo