Columna de Colo Colo: Jueves Santo

"Una nota a Leonidas Vial que me llegó a dar vergüenza ajena por su salamería y su prefabricación", dice Álvaro Campos.

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Olivi y Muñoz en la situación de estrés que vive Colo Colo. / Agencia Uno.

Por Álvaro Campos

@_Alvaro_7

Columna del Movimiento Colo Colo de Todos

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@ColoColodeTodos

Todos quienes conserven algo de respeto por el periodismo deportivo deberían leer en La Tercera del domingo pasado una nota a Leonidas Vial que me llegó a dar vergüenza ajena por su salamería y su prefabricación. En la jerga periodística le llaman un reportaje “cornetero”, y llama la atención que exista una denominación para ello. Lo bueno es que, salvo el triste funcionario que malredactó ese infomercial hecho a la medida del cliente, el pueblo colocolino sabe que el mandato de León solo ha traído silencio y oscuridad.

Ahora que va bajando la efervescencia publicitaria del partido de la Roja del martes (grande Esteban), toca que el hincha de cada club vaya bajando la cuesta y volviendo a su respectiva realidad. Los albos retornamos, como dije, al silencio y la oscuridad que reinan en torno a los temas deportivos y, por supuesto, administrativos.

Hoy es Jueves Santo, mi fiesta religiosa favorita. Ni siquiera es feriado. Me gusta más que el Domingo de Resurrección o la misma Navidad, por varias razones.

Sangra Jesucristo mientras reza solo en Gtsemaní. Nuestra figura fabulesca lleva a cabo un acto de magia perfectamente factible según leí que explicaban los doctores. Los vasos capilares se rompen debido a un nivel intolerable de estrés y entonces se suda sangre.

Durante este episodio, nuestro héroe de ficción pide a su Padre que lo libere de su misión. La verdad es que duda, tiene miedo. Nunca es más humano que en ese momento de debilidad.

En esa falta de certezas, en esa noche oscura del alma, pide a su equipo de apóstoles que le haga el aguante, pero ellos se quedan dormidos. No sé cuándo se supone que las multitiendas decidan que sea el Día de la Amistad, pero opino que debería ser hoy. Sentirte, saberte muerto, y querer estar con los cabros. Invitarlos a comer. Brindar con vino.

Una vez comenté los sucesos de esta noche con mi viejo amigo Ignacio, un testigo de Jehová al que nunca le escandalizó mi catolicismo, y él me dijo que Jesús no solo era un hombre débil que necesitaba a sus amigos rezando con él para acompañarlo, sino también su Maestro, enseñándoles que había que orar incluso en los momentos más duros, y que esa era la forma en que podrían siempre buscarlo y encontrarlo.

Creo que no hay un solo hincha del fútbol que no recurra majaderamente a la palabra pasión. No sé cuántos de ellos comprendan la dolorosa raíz de la palabra, aunque probablemente descubrirlo haría que la usarán con mayor gusto y frecuencia. Bueno, este es el fin de semana de la Pasión.

Sin embargo, para los colocolinos que estamos en este Vía Crucis todavía queda harto más que un par de días antes de la Gloria. Tenemos por delante laceraciones, escupitajos, insultos, calumnias, traiciones, maderos por cargar, sangre, sudor y lágrimas pero, aunque a diferencia de Cristo Colo-Colo no baje a Segunda para volver a subir, sí logrará sacar a los mercaderes del Templo.

Por supuesto, no estoy comparando a Cristo con Colo-Colo, ni con el ídolo que se abre paso entre la multitud del hall de Océano para entregarnos sus palabras. Solo me quiero referir al Jueves Santo y a lo que nos entrega. Lo que nos deja.

Es un tiempo para detenerse y recomponer energías. Queda mucho por batallar. Hay que saber refugiarse ya sea en el silencio, en los amigos o en la fe particular de cada uno. Tenemos dudas porque nos sabemos débiles. Somos un grupo de patipelados frente a todo el poder del Imperio. Nuestra fe es, sin embargo, inquebrantable. El equipo va a resucitar, cómo no. Y el club se salvará, de la mano de todos quienes nos mantuvimos despiertos cuando nos pensaban dormidos..

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