Severino Vasconcelos: "Los dirigentes de Colo Colo escuchan poco"

El volante brasileño señala que en la actual crisis futbolística por la que atraviesa el club popular todos tienen una cuota de responsabilidad.

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Severino Vascocelos analiza su paso por Colo Colo y el actual momento de los albos / Crédito: Sifup

Por Eduardo Bruna

Llegó a sentirse tan incómodo, que a pesar de sus deseos decidió no ir más al Monumental. Tiene claro que, en lo que a fútbol respecta, para verlo la televisión es sólo un sucedáneo que tiene por cierto sus ventajas, como ver repetidos los goles o salir de dudas acerca de una jugada conflictiva, pero que en cambio limita la panorámica e impide ver de qué forma se mueven los equipos, de qué manera llenan la cancha. En suma, que sólo ofrece jugadas. Pero así y todo prefirió sentarse frente al televisor para ver a su Colo Colo que escuchar gente que en el estadio, terminado cada partido, con su consiguiente carga de frustración y tristeza, le grita- ba: “¡Vuelva a jugar usted, Vas- co…!”, “¡Viejo y todo es mejor que estos que hoy juegan por Colo Colo…!”.

Severino Vasconcelos sonríe. Dice, con un portuñol terco, que lo ha acompañado desde que llegó al país, en 1979, que “uno sabe que la gente grita cosas que envuelven un elogio producto de la rabia que siente cuando ve que su equipo no funciona como ellos quisieran, pero igual es incómodo. Y es que algunos lo dicen con tanto convencimiento que no queda otra que pensar que hablan en serio”.

¿De verdad te quedó más de una vez esa impresión, Severino?

Claro que sí. Es que el hincha, cuando está molesto, dice muchas veces cosas que a veces no piensa, que no tienen nada de lógica. ¿Te imaginas lo que yo sería en una cancha a estas alturas de mi vida? Si ya tengo 62 años y ya cumplí veinte retirado… Que yo pudiera volver a jugar es imposible, imposible. De cualquier forma, los gritos del hincha demuestran el cariño que por ti sienten.

Te transformaste en ídolo en cuanto llegaste al equipo.

Es verdad. Colo Colo venía de perder una final de Copa Chile y en mi puesto venía jugando José Bernal, y por los comentarios bastante bien. Recuerdo que Pedro Morales se llevó muchas críticas cuando, comenzado el campeonato, decide partir conmigo. Pero debutamos contra Wanderers, en el Estadio Nacional, y goleamos por 6 a 2. Y no fue casualidad, porque a la fecha siguiente conseguimos el mismo marcador frente a Santiago Morning. Las críticas se acallaron de inmediato, para suerte mía.

Es que, paralelo a la campaña alba, que habría de llevar al título de ese año, nació una dupla de ataque inolvidable: Caszely-Vasconcelos.

El entendimiento con Carlos fue instantáneo. Nunca lo practicamos durante la semana, pero en los partidos tirábamos paredes de memoria. Muchas veces ganamos partidos intentando esa jugada a la entrada del área.

Colo Colo está tan mal que dicha jugada hoy parece completamente ausente de su repertorio ofensivo. Y si alguno la intenta, le devuelven un melón.¿Estás de acuerdo?

Completamente. Y para mí, al menos, eso no tiene nada que ver con que no se practique en los entrenamientos. Como te decía, con Carlos nunca lo hicimos. Hay veces que se intenta, pero rara vez resulta. Pienso que es algo que tiene que ver más que nada con la seguridad en los propios medios.

¿A qué te refieres?

A que, cuando las cosas no resultan como uno quiere, surgen el nerviosismo, la pérdida de confianza. ¿Cómo se explica que Colo Colo gane un partido teniendo una actuación bastan- te aceptable y que a la fecha si- guiente defraude? Y dentro de un mismo partido suele ocurrir que el equipo rinde en buen nivel durante quince o veinte minutos y después se viene abajo. Esa irregularidad, para mí, es pérdida de confianza. Los muchachos se presionan demasiado tratando de sacar al equipo adelante.

¿Tú nunca sentiste esa presión siendo jugador?

La sentí siempre. Camino al estadio, aunque lo disimulaba, yo era un atado de nervios. Nervios que aumentaban en el camarín. Pero salía a la cancha y todo eso desaparecía. Sólo pensaba en hacer bien lo que tanto me gustaba. Con decirte que, cuando llegaba a equivocarme en un pase, me moría de vergüenza.

Muchos de los jugadores actuales pasarían colorados…

Hay mucha imprecisión, pero es por lo que te decía. Les gana la ansiedad y esa ansiedad los lleva a equivocarse más de lo normal.

Acá nunca llenó el gusto, pero desde que se fue el colombiano Macnelly Torres el equipo ha carecido de un conductor.

Es verdad. Para mí el colombiano era un muy buen jugador. Capaz de cumplir en buena forma la tarea que antes tuvieron Espina, el Mati, Valdivia o Giovanni Hernández. No se lo valorizó. Es cierto que de repente desaparecía de la cancha o perdía relevancia, pero te metía siete u ocho pases de gol por partido.

Se supone que Vecchio llegó para llenar esa falencia, aunque hasta ahora ha transportado demasiado el balón. ¿Te gusta?

Es un buen jugador, lo demostró en Unión Española, pero creo que ha cometido el error de caer en un protagonismo excesivo. Debe ser porque, naturalmente, quiere demostrar su calidad y que Colo Colo no se equivocó al querer contar con su fútbol. A mí hay un jugador que me llena el gusto: De la Fuente. Quita bien, tiene despliegue y es de los que, de diez pases, pone ocho o nueve en los pies de algún compañero. Igual en las últimas fechas lo he visto un poco confundido, como queriendo también arreglar muchos problemas por sí solo.

¿Crees que con Labruna a Colo Colo le faltaba trabajo, como sostenían muchos?

Aunque nunca vi un entrenamiento, no creo. Lo que sí me llamó mucho la atención, y no para bien precisamente, fue ver cómo dos compañeros de equipo, frente a Cobreloa en Calama, se peleaban enfrente de todos por tirar un penal que, además, no iba a tener ya ninguna incidencia en el resultado del partido. Para mí esa fue una falta grave a la disciplina dentro de un equipo. Y cuando no existe esa disciplina las cosas no pueden andar bien.

¿A ti no te pasó nunca?

Una vez, pero no hubo pelea. Jugábamos la definición de la liguilla de 1980, frente a la U, y empatábamos a uno cuando, en el último minuto, hay un penal a favor nuestro. El encargado era yo, pero llegó Carlitos Rivas y, muy ansioso, casi me quitó el balón de las manos para tirarlo él. Le pregunté: Carlos, ¿estás seguro? ¿Te sientes tranquilo como para convertirlo? Cuando me dijo sí, sí, lo dejé. Pasó que el remate se lo atajó Carvallo y del rebote salió el contragolpe que nos pilló mal parados y el gol de la U en la agonía.

La inolvidable arrancada del chico Hoffens y su centro que en la boca del arco empalmó Salah.

Claro. Y partiendo se acabó el partido, porque ya no quedaba tiempo para más. En el camarín Carlos lloraba desconsolado. Es que esa derrota nos privó a todos de mucho dinero, porque entre otras cosas significaba estar nuevamente en Copa Libertadores. Tuve que consolarlo yo mismo. Ya pasó, ya pasó Carlos, recuerdo que le dije. Ya perdimos, y nada sacamos con lamentarnos.

Lo peor, Severino, es que este parece ser otro campeonato lejos de la posibilidad de alcanzar la estrella 30. Colo Colo quedó muy atrás.

El campeonato, en todo caso, se muestra bastante irregular. La Católica parecía el más firme candidato y pierde dos partidos consecutivos. La U era otro candidato y cae con Wanderers, que después de ganarles a azules y cruzados es derrotado por Antofagasta. Matemáticamente aún es posible para Colo Colo, aunque todo se complica porque no es sólo un equipo el que tiene que caerse, sino varios.

¿Quién crees que tiene la culpa del mal momento por el que transita Colo Colo desde que, con Tocalli, ganara en 2009 su último título?

No se puede apuntar sólo a un culpable. Los dirigentes tienen culpa, pero también la tienen los jugadores y el cuerpo técnico. Los únicos que en esto son inocentes son los hinchas, que nunca dejan de acompañar y alentar, pese a las reiteradas frustraciones.

¿No crees que los dirigentes han comprado más cantidad que calidad?

Sí, puede ser. No es por ser auto referente, pero me acuer- do que, cuando yo llegué a Colo Colo, nadie más llegó conmigo a reforzar el equipo. No se puede contratar a un jugador porque hace un buen partido o porque juega bien contra Colo Colo. Hay que hacer un seguimiento de mucho tiempo para disminuir el margen de error, y aún así el error es posible.¿Sabes qué crítica yo les haría a los diri- gentes? Que no escuchan mucho. Más que eso no, porque es obvio que ellos tratan por todos los medios de hacer las cosas bien.

¿A qué te refieres con que no escuchan mucho?

A que, como se trata de gente en su mayoría ajena al fútbol, debieran asesorarse por otros que en esto llevan años. ¿Qué les costaría, por ejemplo, invitarme a mí, a Carlos (Caszely) y a otros históricos para recoger nuestra opinión? La decisión va a ser siempre de ellos, pero al menos tendrían más argumentos y a lo mejor de esa forma disminuirían en un buen porcentaje el margen de error.

¿Vas a seguir viendo a Colo Colo sólo por televisión?

Ahora que están dos muchachos que defendieron la camiseta, como Hugo González y Héctor Tapia, lo más probable es que vuelva al Monumental a alentar y apoyar. Porque debo decirte algo: si algo bueno ha hecho la gente que ahora dirige al club es haber sido deferente con los que alguna vez fuimos jugadores de Colo Colo. Nos entregaron un carnet para ir al Monumental cuando queramos y con Beiruth se portaron muy bien, cubriendo todos sus gastos hospitalarios. Duele decirlo, pero antes nunca tuvimos gestos parecidos.

Una lesión tan grave como absurda: “En Ecuador llegué a pensar que mi carrera terminaba”

Se fue sin quererlo a Barcelona de Guayaquil en 1985 y se transformó en ídolo de una hinchada tan multitudinaria como la de Colo Colo. Vasconcelos recuerda: “Yo estaba muy bien, muy feliz en Colo Colo, pero Isidro Romero, dueño del club y uno de los hombres más ricos de ese país se propuso llevarme y como para variar el club estaba falto de caja mi transferencia le iba a ayudar a salir de muchos problemas. De partida, con la plata de mi traspaso el club financió la planilla de jugadores durante seis meses”.

Con Colo Colo fuiste tres veces campeón nacional y dos veces campeón de Copa Chile. Y llegas a Barcelona para repetir.

Es cierto. Me fui por cuatro meses y salimos campeones. A mí me fue tan bien que se puede decir que Trobbiani y yo estamos entre los mejores extranjeros que alguna vez pasaron por Barcelona.

El problema es que, cuando celebraban, sufriste una lesión que casi termina con tu carrera.

Así fue. Yo terminaba contrato cuando nos fuimos a un parque deportivo para hacer un asado y compartir. Había una piscina con tobogán y varios nos tiramos desde allí. Ibamos uno otras el otro, todos agarrados del pelo, pero cuando me toca caer a mí Lupo Quiñones, delantero, olvida soltarme a tiempo y cae sobre mí. Sentí un dolor terrible y cómo no, si me había fracturado la segunda vértebra cervical.

Recuerdo que los compañeros, en su desesperación, fueron a buscar a un señor que vivía en aquel parque y que tenía fama de buen componedor de huesos. Pero no estaba y pronto llegó la ambulancia que me llevó de inmediato a la clínica, no sin antes ponerme de urgencia un cuello ortopédico.

Recién ahí supiste la gravedad de la lesión que habías sufrido.

Claro, después de las consiguientes radiografías. Me intervinieron y tuve tanta suerte que la fractura no tocó la médula y que en la clínica había sólo una jaula metálica que me pusieron para impedir que moviera la cabeza y que justo dio mi medida. La otra cuota de fortuna la conocí después que el doctor se enteró de que en un primer momento los muchachos habían pensado en dejarme en las manos de ese señor que componía huesos: “Si te toca te mata o te deja inválido”, me dijo.

¿Cómo fue eso de que ese mismo doctor declaró luego, en conferencia de prensa, que nunca más ibas a volver a jugar fútbol?

Fue verdad. Lo dijo en conferencia de prensa frente a todo el periodismo deportivo de Guayaquil. Yo lo vi por la televisión y me quise morir. Le dije: doctor, yo voy a volver a una cancha cueste lo que me cueste, porque jugar fútbol es lo único que sé hacer. Se mostró escéptico y seguramente no me creyó, pero no quiso contradecirme.

¿Cuánto tiempo estuviste con esa verdadera jaula metálica que unía tu cabeza y tu cuello con el resto de tu cuerpo?

Uf, ya ni me acuerdo cuánto, pero fueron meses interminables, en que la movilidad la iba recuperando poco a poco. No estoy seguro si fueron siete u ocho meses de martirio, en que ni siquiera podía dormir en forma nornal. Lo que sí recuerdo con claridad es que estuve un año y cuatro meses afectado por esa lesión increíble.

¿Cómo se comportaron Barcelona y tus compañeros?

Todos muy bien. He tenido siempre la suerte de haber sido muy querido donde estuve. A Colo Colo me vine por el segundo semestre de 1979 a préstamo con una opción de compra y ya ves, me quedé en Chile para siempre. Recuerdo que la cuenta de la clínica salió algo así como 15 mil dólares por los doce días que allí estuve y el club la pagó en su totalidad. Y cuando estaba convaleciente en mi casa llegaron un día varios compañeros de equipo a mi casa portando un saco. Mientras conversábamos, me preguntaba qué era.

Al final, lo vaciaron en el piso del living y me dijeron: “Severino, esto es producto de un partido a beneficio que hicimos, para ayudar en el pago de la clínica”. Había algo así como seis o siete mil dólares. Cuando les confesé que la clínica estaba saldada, y les dije que mejor le dieran otro destino a ese dinero, igual querían dejármelo, para lo que fuera. Tuve que insistirles una y otra vez que yo me iba a sentir mucho mejor si lo destinaban a una cosa de más utilidad en ese momento.

“Pelé me pronosticó un gol que le anoté a la U”

Se jugaba esa historiada liguilla para la Copa Libertadores en 1980 y Vasconcelos recibió una noticia que lo golpeó: su padre, Lorival, había muerto a la edad de 74 años. Y aunque el domingo se venía el partido más esperado de todos, el Superclásico frente a la U, Pedro Morales, el director técnico le dio permiso para viajar a Brasil, con el compromiso de regresar a tiempo.”Estábamos a mitad de semana, pero agarré un poco de ropa, la metí en un bolso y partí. El viaje, pasando por algunas ciudades de Suda- mérica y de Brasil, me pareció interminable”.

¿Cómo fue que falleció tu padre?

Producto de un accidente de tránsito. Bajó de un bus de locomoción colectiva y cometió el error de querer cruzar la calle por delante de la máquina detenida, sin percatarse de que por la otra pista venía otro vehículo a toda velocidad. Murió en forma instantánea.

Es doblemente trágico y golpeador cuando la muerte llega en una forma tan inopinada.

Sí, es cierto. Pero en medio de mi tristeza, y conociendo los detalles del accidente, fui a la comisaría a declarar a favor del conductor que le provocó la muerte. El señor estaba muy afectado, destrozado. Yo no podía sentir odio ni tener rabia en contra suya. Mi viejo, lamentablemente, había tenido la culpa. Aparte, que el condenarlo tampoco me lo iba a devolver a la vida.

¿Y alcanzaste a llegar a tiempo para enfrentar a la U?

El regreso a Chile fue otro viaje de locos. Estábamos concentrados en Pinto Durán y llegué como a las 11.00. El partido era a las 4 de la tarde. Me di una ducha y me propuse descansar un rato. Pero no pude dormir, por la agitación y seguramente por la cercanía del partido, porque ya te conté que yo los vivía a concho desde que se anunciaban. Cuando salgo, veo que está Pelé de visita, con unos ejecutivos de una empresa transnacional que lo tenía contratado como rostro publicitario. Me ve y se acerca a saludarme y a darme el pésame por la muerte de mi viejo, pero antes les dice a los reporteros gráficos: Quiero estar solo con Vasconcelos. Fotos podrán tomar sólo si él está de acuerdo. Y por supuesto que yo estuve de acuerdo. ¿Cómo no iba a ser un orgullo salir en una foto con quien es, para la mayoría, el mejor jugador de la historia?

¿Y tuviste en el partido la recompensa al sacrificio del viaje que hiciste para poder estar en el funeral de tu padre?

De todas maneras. Recuerdo que Pelé me dijo: “Severino, esta tarde vas a hacer un gol”. Y cuando se jugaba el último minuto, y perdíamos por 2 a 1, arranca Mané Ponce y mete el centro como sólo él sabía hacerlo, con una comba hacia adentro. Y cuando Pellegrini va al rechazo, yo me anticipo y de palomita la empalmé de lleno. Gracias a ese empate pudimos llegar a un partido de definición de una liguilla que extrañamente se jugó en dos ruedas y que también tuvo como protagonistas a Concepción y O’Higgins.

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