Columna de Colo Colo: El Colo-Colo va a ganar

"...así como los buenos a la larga vencerán a los malos, Colo-Colo vencerá", dice Álvaro Campos. .

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Colo Colo de Todos.

Por Álvaro Campos Q.

@_Alvaro_7

Columna del movimiento Colo Colo de Todos

FB Colo Colo de Todos

@ColoColodeTodos

Pablo es sociólogo y se rehúsa a escribir columnas porque tiene un neurótico apego a los marcos teóricos y las largas, tediosas fundamentaciones con citas y pies de página y todo lo que hace de un texto un mamotreto. Nos habla de Bourdieu y su teoría de la televisión y, antes de que se acercara el periodista de Reuters a compartir con nosotros, Pablo le comenta a mi polola que cada vez que se encuentra conmigo en el estadio terminamos recordando los mismos partidos viejos, las mismas rebuscadas anécdotas.

Un 4-3 sobre Deportes Concepción, que íbamos perdiendo 3-0 y dimos vuelta. Para mi generación, que el equipo se mandara hazañas como esa era algo cotidiano y nos tocó justo en la época en que se asienta nuestra forma de entender el mundo.

De niños se nos enseña que el bien triunfa sobre el mal. De grandes, ejemplos de lo contrario abundan, pero no alcanzan a derribar nuestra noción de que los malos, tarde o temprano, terminarán mal y que actuar bien traerá cosas buenas de vuelta.

Entre medio de esas lecciones morales se nos coló que, así como los buenos a la larga vencerán a los malos, Colo-Colo vencerá. No es una esperanza ni un deseo al aire, es una convicción sólida como un tótem. Tarde o temprano, Colo-Colo ganará.

Al otro lado del mundo las convicciones férreas y ciegas son bien distintas. Gonzalo Cruzat escribió un artículo en El Mostrador defendiendo la gestión de las sociedades anónimas deportivas casi con el mismo voluntarismo que Ena von Baer hacía el ridículo debatiendo con Francisco Figueroa en el matinal de Canal 13.

Ni el desastre de la Liga de las Estrellas ni el descontento que provoca la Premier League, ni el éxito de otros modelos, como el de la NFL, existen para Cruzat. Por entre las grietas que deja la piel seca del sueño Chicago-boy se cuela, líquida, la realidad: la semifinal de la Champions League tenía de candidatos al Barcelona y al Real Madrid, dos gigantes que no son sociedades anónimas ni podrían serlo. Tras el golpe alemán de esta semana la candidatura pareciese ser más bien del Borussia Dortmund, un equipo que es 20% sociedad anónima y 80% propiedad de sus socios. Pero quienes prefieran ser ciegos seguirán eligiendo no ver.

¿Lo darán vuelta los españoles? Los azulgrana ya se mandaron un milagro contra el AC Milán, así que sus hinchas podrán confiar en otra noche mágica. Están, como yo, educados en la irrealidad, o en el realismo mágico, o en los Súper Campeones.

Yo creo en las hazañas, pero ya no estoy seguro de que esta fe se nutra en el estadio, salvo en los entretiempos del hall de Océano. Mi fe se nutre de ver, más allá de cómo la prensa decidiera “libremente” enfocar la noticia de ese día, a tantos accionistas minoritarios con la película tan clara sobre cómo la concesionaria roba y miente. Dos días hicimos el Tour Colocolino para conmemorar nuestro Aniversario y nosotros mismos, a pulso, armamos un día inolvidable paseando en calma por todos los lugares significativos que nos hacen reflexionar. El momento máximo es ver a Carlos Humberto Caszely llorar en el Quitapenas antes de sacar (dándose ese lujo por primera vez en su vida, nos cuenta) un ceacheí. A mí Colo-Colo me conmueve, dice el ídolo.

Estuvo con nosotros también en el Estadio Nacional que el Cacique inauguró y que él Chino hizo suyo a punta de golazos memorables y significativos. Cuenta la leyenda que fue en su despedida la primera vez que resonó fuerte una multitud cantando “y va a caer, y va a caer”. Faltaba años para que cayera y no se veía por dónde. Pero iba a caer, claro que sí. Curiosamente, es la misma melodía del “olé olé, olé olá, el Colo-Colo va a ganar”.

Hoy, entonces, habría que cantar algo así como “Y va a caer, ya caerá, y Blanco y Negro ya se va”. Quién sabe. El domingo pasado cantamos “Ellos tienen dinero, pero no estamos solos, ellos son Blanco y Negro, nosotros Colo-Colo”. Para mí, se trata de eso, de que una vez más el club va a ganar pero esta vez los que jugamos somos quienes más lo queremos. Podemos más que Messi.

Pablo se esconde entre la multitud y reaparece con cigarrillos y cervezas, justo lo que nos hacía falta. Nosotros ya comimos, él todavía no. Estamos en la Cena Anual de Colo-Colo de Todos y pese a contar con dos Premios Nacionales de Periodismo, los grandes Julio Salviat y Chomsky, y a que aplaudimos de pie a Jorge Toro, la estrella del Mundial del ’62  que nos honra con su invaluable presencia, el show se lo termina robando una vez más el 7 del Pueblo.

Leyó un discurso largo, ripioso, que coqueteaba con la frontera de lo cursi y que a veces se detenía y volvía a comenzar. Daba lo mismo. Fue hermoso. Nos dejó interrogantes sobre las mesas: se preguntó si los malos sufren, citó a Fernando Pessoa en eso de que, cuando uno ama no ama a la otra persona, sino a la idea que uno se forma de ella, es decir, uno siempre se está amando a sí mismo. Al concluir, dijo que su amor por Colo-Colo había comenzado porque le pagaron por jugar, pero que nuestro amor era mayor porque a nosotros no nos pagaba nadie.
Afuera en la terraza hay una luna enorme, llena como las redes de un golazo, blanca como camiseta. Hace un poco de frío pero se está bien. El equipo va de paliza en paliza, la concesionaria da palos de ciego, pero Colo-Colo somos nosotros. Es una buena noche para ser colocolino. Se está bien. Se está muy bien.

 

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