Columna de Colo Colo: Cualquier David

Álvaro Campos habla de David Arellano en el día que falleció: un 3 de mayo.

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ColoColodeTodos.com.

Por Álvaro Campos Q.

@_Alvaro_7

Columna del movimiento Colo Colo de Todos

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@ColoColodeTodos

Era un cabro de 24 años. A esa edad muchos estudian bajo el techo de sus padres. No fue un mártir que murió por nuestros pecados. Era un cabro que murió lejos de su casa. Hizo llorar a su mamá. No era un iluminado, era un cabro de 24 años que jugaba a la pelota. Un 3 de mayo se murió el David.

Los recuerdos se matan a puñaladas de olvido, pero también asfixiados bajo una montaña de mito y humo. Se extravían en una polvareda y ya nadie sabe nada, qué es real, qué es un invento.

David Arellano no fundó nuestro Colo-Colo. No existía nuestra insignia, ni nuestro himno, ni nuestro estadio, ni nuestra sede, ni nuestra tradición de picar de atrás. Con humor negro diría que ni siquiera alcanzó a ver lo más importante de la historia del club: la muerte de su capitán.

Era un profesor normalista. Hacía clases en el Liceo Lastarria que hoy en día prepara la celebración de sus 100 años. Hablaba inglés y francés. Tocaba instrumentos: la guitarra y el violín. Tenía solo 24 años.

No fundó un lugar al que llegaran millones a depositar sus sueños. Solo quería jugar, ser titular, ser profesional. Era la época de los “corintos”, fundamentalistas que se oponían al deporte rentado, a la prostitución monetaria de algo que era puro y noble, y del “profesionalismo marrón”, una práctica con la que los dueños de los clubes ponían a sus estrellas en alguna peguita de alguna empresa suya para blanquear sus pagos. Como lavando dinero, como evadiendo impuestos, como subcontratando, como repactando deudas unilateralmente, como recurriendo al multirrut.

Arellano era seco pero seco-seco, una estrella. Un crack. O cra, como empezaron a repetir todos como loros. Arellano era la figura de la Selección, con la que fue goleador sudamericano el ’26. Pero el nivel del fútbol chileno era entonces tan bajo como ahora frente a la superioridad atlántica. Una vez, después de una boleta el capitán se acercó donde un uruguayo y le dio la mano, agradeciéndole por la lección. Pensaba que nunca los alcanzaríamos si no nos poníamos las pilas y nos profesionalizábamos de una vez por todas.

Pero profesionales en serio poh. Nada de tomateras. Cortarla con la cantina. En esa época ponían las mesas ahí mismo en la cancha después de los partidos y anfitriones y viajeros se endieciochaban con cuática. Había partidos de revancha a los que algunos ni llegaban.

Entonces [email protected] les mandó un mail con copia a todos, bien parecidos a los que me llegan por el equipo de mi pega, mi querido Helvecia 240. Ya poh, cabros, motívense. Cuando hablaba de respetar al más pequeño de los rivales como el más temible de los adversarios, hay que saber leer entre líneas. No podís llegar así a jugar, en ese estado. Aféitate, por último.

He oído mencionar estos conceptos como “los mandamientos de Arellano”. Mandamientos. No me ofende el sacrilegio, pero sí considero un error la mitificación. El que quiera santos patronos, que los busque, pero que no nos robe al David Arellano de carne y hueso, humano, animando la fiesta mientras toca la guitarra en el tren.

Porque cada uno puede armar su propio David y usarlo para sí. La verdad es que el presidente Héctor Gálvez desechó la idea de ponerle su nombre al estadio porque temía darle más poder a la familia Arellano, que se creía dueña del club por derecho propio. Suena comprensible, más allá de la esperanza de que el estadio que levantamos a puro ñeque a través de décadas lleve algún día el único nombre que merece.

Nosotros mismos en Colo-Colo de Todos nos hemos apoyado en él, entendiendo (creyendo de corazón) que él está con nosotros. Es materia de fe. El club de David no es para Goliat. Me siento profundamente orgulloso de esa máxima que dice tanto. Sentimos que estuvo con nosotros en este mes colocolino que él mismo cierra hoy, que iba en el Tour, que comió en la Cena Anual, que se ofende cuando nos calumnian.

Pero si en Palos Blancos & Manos Negras supieran un poquito de él, si los buitres se informaran algo del cuerpo al que atacan, entonces hasta los parásitos podrían enarbolar su propio Arellano. Sería tan falso como el Bielsa que se inventaron, como el Darwin que se inventaron. El Jesucristo que se inventaron. Pero les serviría: sería un emprendedor tratando de subirle el pelo a la actividad, en busca de desarrollo, seriedad y progreso, más allá de romanticismos tramposos. Ahí tienen, bestias. Un solo argumento mejor que las mentiras con que han hecho el ridículo todos estos años, y a ustedes no se les pudo ocurrir.

Volvamos. Cada uno se puede ir inventando su propio Arellano y, por lo mismo, la onda mártir iluminado santopatrono flotando sobre el aire con rayos de luz y ángeles custodios también tiene su lugar y su validez.

Qué queda de verdad. Fotos pálidas, retocadas. Muerte sobre muerte. Si Arellano no hubiera muerto, quién sabe, un par de peleas aquí y allá y capaz que ni sería colocolino. Capaz que hubiera sido un viejo de mierda alegando huevadas. Ex ídolo, el pago de Chile.
Lo cierto es que si David no hubiera muerto, ya habría muerto.

Es difícil no idealizarlo. Hago el esfuerzo y lo que me encuentro es un cabro de 24 años que viajó con hermanos y amigos, casi una gira de estudios, haciendo lo que le gustaba hasta que de repente le saltó encima la tragedia. Es una víctima. Por eso todo Chile lo lloró tanto. Más que héroe, santo o mártir. se parece a una animita, de las que abundan al costado de las carreteras. Con una bandera de Colo-Colo, no oficial, comprada en la calle, y no de blanco y negro, porque no es de luto, es alba. Una bandera que, como no se iza, tampoco se puede dejar nunca a media asta, y que solo sirve para flamear erguida, terca, altiva y noble, orgullosa.

 

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