Columna de la U: El improvisador

"Ya está claro en dónde le aprieta el zapato al argentino. En mi opinión, no da el ancho nomás", dice Álvaro Amar en el "Blog del hincha". Lee y comenta aquí.

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Franco a full / Fotos: Photosport

Por Álvaro Amar

@alvaroamar

Muchas veces se dice que cuando los equipos ganan es mérito de los jugadores y cuando pierden es culpa del entrenador. A estas alturas el consenso respecto del desempeño de Darío Franco al mando de la U pareciera una suerte de homenaje a la citada frase. Es más, el partido de ayer podría ser un buen resumen de lo que ha sido este primer semestre.

El argumento del entrenador para justificar la irregularidad en el juego del equipo siempre ha sido más o menos el mismo: no contar con la totalidad de los jugadores para afrontar cada uno de los desafíos. Incluso después de encuentros en que el resultado ha sido favorable, uno de los puntos a destacar por el argentino siempre ha sido que a pese de las ausencias se pudo conseguir un resultado positivo.

Se ha hablado mucho de la cantidad de alineaciones distintas que ha presentado la U (con la de ayer fueron 24). Ok, ese es un dato duro, se puede justificar diciendo que como no estaba tal o cual jugador se tuvo que hacer un cambio obligado. Perfecto, se la doy. Ahora, esa justificación pierde total validez cuando teniendo jugadores probados y especialistas en sus puestos, se les hace jugar en otra posición y, peor aún, durante el mismo partido (ante lo irrefutable de los hechos), se vuelve atrás y se hace todo lo contrario (o sea, lo que indicaba la lógica). A uno puede gustarle un estilo de juego más que otro, un entrenador más que otro, pero en algo que vamos a estar probablemente todos de acuerdo, es que cualquier persona que no tenga convicciones en lo que hace, no solamente en el fútbol, en la vida, es difícil que pueda aspirar a cumplir sus objetivos. Al menos sin tener que entregarse al más puro azar.

Personalmente no soy de los que se casan con un tipo de fútbol u otro. Para mí, lo más importante en un equipo es que juegue a algo. Que uno sepa de antemano de qué forma se va a buscar el partido, sin importar necesariamente el rival. Existirán encuentros en los que se tendrá que ser más arriesgado, en otros más conservador o incluso dentro de un mismo partido (por las circunstancias del mismo), ambas intenciones pueden convivir. Lo que si me parece lamentable, es que teniendo un plantel con alternativas, se caiga en la improvisación permanente.

Si me quejo partido a partido que no tengo los jugadores idóneos, ¿con qué fin saco a un jugador de un puesto fijo como Sebastián Martínez y lo pongo de lateral? Si hoy en la U se hiciera una lista de los jugadores que no deberían salir nunca de su posición, el seleccionado sub 20 entra en esa lista fácilmente. No es mi intención hacerles recordar un momento amargo, pero el partido con Olimpia es el ejemplo para enmarcar acerca de cómo dispararse en los pies gratuitamente.

Hoy comenzamos la semana con alegría porque se le ganó al archirrival, sobre la hora, con emoción y todo, pero honestamente (y todos en el fondo lo sabemos), ganarle a este Colo Colo, más allá de la rivalidad, era una obligación por la diferencias evidentes que existen entre uno y otro plantel. Aún así, durante el primer tiempo vimos a un jugador como Olivi, que desde que llegó a Colo Colo no había tenido mejores minutos, convertido en factor descollante para el desempeño de su equipo. Los dos goles nacen de sus pies, porque quien debía cubrir esa franja (Martínez) estaba tan desacomodado que ni siquiera alcanzó a estar cerca de su zona en ambas jugadas. Peor aún, quien jugó en su posición (Videla) tuvo un desempeño tan bajo, que finalmente fue reemplazado en el comienzo del segundo tiempo. O sea, doble error. No había que ser experto para anticiparlo.

Así podría seguir enumerando errores (a estas alturas más que porfía, me atrevo a decir que por desconocimiento) como el insistir por cargar a un jugador como Lorenzetti como media punta izquierdo. Si lo que mejor hace es triangular y meter pases a las espaldas de los centrales, es un desperdicio de recursos tenerlo ahogado entre el lateral y la franja. ¿Qué pasa en el segundo tiempo? Con la entrada de Fernández y Cortés (otro que está bien cerca de agotar la línea de crédito, pero que ayer pagó un poco de su morosidad), el rosarino queda más libre para asociarse con el resto del equipo. ¿De dónde sale el gol de Aránguiz? De un pase de Lorenzetti desde el centro. Ok, no más preguntas Sr. Juez.

Citando la frase del principio de esta columna, creo que el partido de ayer (y varios más de la temporada) se ganan porque en este plantel hay jugadores con experiencia y mucho amor propio, que por más que desde la banca les pidan una cosa, al final las ansias de ganar les hacen usar el sentido común. El nivel en el que están Aránguiz o Herrera, por ejemplo, no va a variar porque un técnico les diga tal o cual cosa. Al final su calidad se termina imponiendo, sea cual sea la instrucción del DT. En eso Franco tiene que considerarse afortunado, porque si no fuera por elementos como los antes mencionados, hace rato ya nos deberíamos haber despedido de un torneo que por esas impredecibles cosas del fútbol, aún estamos disputando luego de múltiples desperdicios de oportunidades.

Cualquiera que leyera esta columna sin saber la ubicación en la tabla del equipo, podría pensar que estamos ubicados en la parte baja. Lo que digo va más allá del resultado, a estas alturas ya ni siquiera trato de entender a qué quiere jugar Franco, sólo me limito a esperar y pedir que en el próximo partido no salga con otra improvisación más.

Como he dicho en varias columnas, de verdad no me gusta estar hablando de sacar técnicos a la primera de cambio, pero creo que en este caso ya está claro en dónde le aprieta el zapato al argentino. En mi opinión, no da el ancho nomás. Quiero creer que todos y principalmente quienes toman las decisiones, no están muy lejos de lo que digo. Al final del campeonato me imagino que se analizará la situación independiente de los resultados y creo que será el mejor momento para realizar un cambio que haga olvidar este primer semestre lleno de vacilaciones.

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