El partido aparte que vivió Dario Franco desde el banquillo azul

Un vaivén de emociones sintió el DT en el sector sur del Nacional. Gritos constantes, fuerte intercambio de palabras con los asistentes y un sinfín más de gestos.

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Franco sufrió durante todo el encuentro. Crédito: Agencia UNO

 

 

Por Raúl Toledo

Fueron 90 minutos en su propia montaña rusa de emociones, gritos, desencantos, festejos, charlas y decisiones. Eso y mucho más fue lo que vivió ayer el argentino Darío Javier Franco. El DT de la Universidad de Chile sabía que un triunfo frente a Colo Colo, al menos, le iba a dar algo más de respiro y su elenco continuaría peleando por la chance de levantar la copa.

A las 10:30 de la mañana, el argentino llegó junto a sus muchachos al Nacional. Sin embargo, el espaldarazo no fue para él, sino que para sus hombres. En el calentamiento, el técnico chuncho se enfrentó al primer revés de la jornada: la lesión de González. Sacó su pizarra y con sus asesores eligieron a Lichnovsky, que fue un completo desacierto.

Luego, la salida fue emotiva y él recibió la rechifa de los azules. Tomó un sorbo de agua, otro de isotónico, habló con Alberto Gómez, su mano derecha, y empezó el vaivén gracias a la pelotita.

A los 120 segundos de partido ya empezaron los gestos. El dolor de cabeza fue parte de él y su fórmula con Martínez como lateral derecho y Acevedo fue un rotundo fracaso.

Corría el minuto 6 y Lichnovsky tenía en su cuerpo dos retos de Franco. Manos en jarra, su extremidad derecha en el menton o ambas cruzadas. No encontraba respuestas. El Cachetoncito Muñoz marcó a los 8′. Balde de agua fría y la cara del entrenador totalmente desorbitada.

Su cara de lamento se hizo presente una y otra vez. El gol que erró Díaz a los 10′ lo descompuso y a los 15′ recién tomó asiento. Conversó con su asistente Gómez, quedó tranquilo y de nuevo al recortán. Ahora, el reto fue para Aránguiz. “Ché, para delante, para adelante. Tomá a Pavez y Baeza. Cuidado con Olivi y Muñoz”, fueron algunas de las frases que expresó.

Pasaban los minutos y en vez de dar tranquilidad a los noveles Martínez y Lichnovsky los llenó de dudas. Pases malos, desencuentros y Herrera era presa del desenfreno del entrenador. “Juega por bajo, salgamos armando desde abajo”, dijo el transandino en un acto similar a lo ocurrido con Olimpia.

A los 28′, Duma igualó y el alma le volvió al cuerpo al entrenador chuncho. “Vamos carajo, vamos”, se escuchó.

La primera clave fue a los 33′. Herrera se juntó con Franco. Hablaron que le hiciera caso y ahí, al parecer, el che recuperó la cortura. Martínez a la contención y Acevedo a la diestra.

En el camarín, junto a Gómez, determinó el ingreso de Ramón y Cortés. La disposición fue otra. Sin embargo, el Chapita festejó a los 48′. La cosa se complicó.

Agua e isotónico, palabras, respuestas al banco, gritos con Bascuñán y Maturana por los cobros errados. Llegó la otra pepa de Duma cuatro minutos después. Saltó pero con mesura. La tranquilidad retornó con el buen juego de los universitarios.

Vio cómo les pegaban a los suyos, reclamó, insistió, más agua. Charla vital a los 70′ tras la roja que vio Lucho Mena. Todos hacia adelante fue la indicación, se enojó con la farra del Toro Díaz y gritó como desaforado con Aránguiz. Salió calmado del Nacional rumbo a su hogar. Algo de sonrisa se vio en su rostro.

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