Entrevista con Mariano Puyol: "Nunca fui desleal con Claudio Borghi"

“Tras la partida de Claudio se pudrió todo”, dice el entrenador que fue el único del cuerpo técnico liderado por el Bichi que no renunció tras su despido

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Mariano Puyol fue despedido por la Anfp después del fracaso de la Sub 17 en el Sudamericano  de Mendoza / anfp

Por Eduardo Bruna

“No renuncié cuando se fue Claudio Borghi. Del  cuerpo técnico fui el único que no siguió ese camino. Pero a poco de asumir la Sub 17 que tenía a su cargo Miguel Ramírez, y que debía afrontar el Sudamericano, me di cuenta que, pasara lo que pasara, que clasificáramos o no al Mundial de los Emiratos Árabes, me iba a tener que ir”, señala Mariano Puyol, ex delantero de la U que se define hoy como “cesante, pero feliz”. Y es que, terminado el torneo en que la Roja no clasificó ni siquiera a segunda ronda, supo de inmediato que se debía ir sí o sí.

Cuenta Mariano: “Era el último vestigio del cuerpo técnico que encabezó Claudio, y cuando a mediados de enero me sacan de la Sub 15 que tenía a mi cargo para entregarme la Sub 17, noté de inmediato que el ambiente hacia mí no era nada de bueno.  No encontré el apoyo que debía tener, y pensé que de regreso del Sudamericano debía renunciar, opinión que ya les había hecho saber a Borghi y los muchachos durante esa reunión que tuvimos para decidir qué hacíamos luego que, tras la derrota frente a Serbia, en Suiza, lo sacaran de la conducción de la Roja adulta”.

¿Siempre fue tu intención llegar sólo hasta el Sudamericano?
Sí, porque estimaba que no podíamos renunciar en masa, dejando botado el proceso. Fue lo que les planteé a Roberto Hernández, Fernando Carvallo y Miguel Ramírez en esa reunión que sostuvimos en Juan Pinto Durán, al regreso de Claudio desde Suiza. Ellos, por una cuestión de lealtad, decidieron irse igual, ubicándose en una posición absolutamente distinta a la mía.

¿Y cómo les cayó que tú fueras el único que decidió seguir?
Mal no les podía caer, porque fui muy claro con Roberto Hernández cuando, por encargo de Claudio, me llamó para hacerme el ofrecimiento. Recuerdo que le pregunté si el cargo de técnico de la Sub 15 y del resto de las selecciones iba a ser vinculante con el de la Roja adulta. En otras palabras, si debíamos irnos todos el día en que, por esas cosas del fútbol, Claudio se fuera o lo cesaran. Hernández me dijo que no, que no era vinculante.

¿Te dejó satisfecho esa respuesta?
Roberto es un tipo serio y tenía que creerle. De todos modos, y como yo conocí a Claudio recién tras integrarme a ese cuerpo técnico, en la primera reunión que sostuve con él le hice la misma pregunta que le hice a Hernández. Es más, recuerdo que antes de que me respondiera le advertí: porque si es vinculante, Claudio, a mí no me interesa. Le agradecería la oferta y el que haya pensado en mí, pero si yéndose usted tenemos que irnos todos, prefiero quedarme donde actualmente estoy.

¿Y cuál fue su respuesta?
La misma que me había dado antes Hernández. Es decir, que los cargos nuestros no iban a ser vinculantes con el suyo. “Si yo me voy, el proceso debe seguir adelante”, recuerdo que me agregó. Por eso fue que finalmente acepté.

En esa reunión Claudio Borghi, tras informarles lo ocurrido en Suiza, les habría pedido a todos que continuaran. ¿Fue así?
Así fue. Repitió lo dicho tantas veces: que el proceso, que culminaría el 2015, con el Mundial Sub 17 a realizarse en el país, debía continuar. Pero todos se mantuvieron en lo que habían decidido la tarde misma de ese partido contra los serbios y tras enterarnos  que los dirigentes de la ANFP habían decidido cesarlo en el cargo. Recuerdo que vimos juntos por televisión el partido en Juan Pinto Durán y Roberto Hernández fue el primero en anunciar que no seguía. Una posición que fue compartida luego por Miguel Ramírez  y Fernando Carvallo.

Ahí planteaste que, al menos, debían quedarse hasta los sudamericanos sub 20 y sub 17.
Claro, porque me parecía que, con ambos torneos muy encima, no iba a ser bien visto que dejáramos el trabajo botado. Pero todos se mantuvieron en sus posturas, que eran al final tan respetables como la mía.

Tras la partida de la casi totalidad de ese cuerpo técnico, te entregan la Sub 17.
Así fue. Pero como te dije, no fue necesario que pasara mucho tiempo para darme cuenta que no tenía el apoyo que necesitaba. Como que me dieron el equipo a mí sólo para salir del paso, pero sin un interés mayor por lo que pudiera pasar. A lo mejor por ser el último integrante de un cuerpo técnico que ya no existía. Distinto fue el caso de la Sub 20. Llegó Mario Salas quien, aparte de hacer un muy buen trabajo durante el poco tiempo que tuvo a cargo el equipo antes del Sudamericano, mantuvo todo lo bueno hecho por Fernando Carvallo.

Independiente que hubieras decidido irte tras el Sudamericano, me imagino que igual querías clasificar.
Por supuesto. Aún a sabiendas de que, al menos para nuestro fútbol, siempre será más difícil clasificar a un mundial a una sub 17 que a una sub 20. Tras perder 1-0 ante Brasil, en el debut, empatamos 1-1 con Bolivia, Uruguay y Perú, quedando fuera de la segunda fase. Nos penó esa paridad frente a los bolivianos, un partido que, por juego y oportunidades, debimos ganar. Aspirar a una segunda ronda con tres puntos era imposible.

¿Por qué dices que en nuestro fútbol siempre será más difícil clasificar a una sub 17 que a una sub 20?
Fue algo que, como cuerpo técnico, conversamos muchas veces. Porque las estadísticas a ese respecto eran muy claras. Y llegamos a la conclusión de que la dificultad estriba fundamentalmente en que a esa edad nuestro fútbol tiene un desarrollo bastante menor al que muestran otros países. La única forma de romper con esa realidad es que se dé una generación tan extraordinaria como la de Rozental, Neira, Lobos, Tapia, Galaz y otros muchachos que la rompieron  en las clasificatorias y luego en el Mundial de Japón.

¿Y por qué se da ese menor desarrollo en nuestro fútbol?
Fundamentalmente porque la competencia, a ese nivel, en nuestro país es muy livianita. Las series de esa edad de Colo Colo, la U, la Católica y algún otro club prácticamente no tienen competencia. Así se dio el caso que, mientras la Sub 20 llegó a competir al Sudamericano con diez jugadores que habían tenido ya experiencia y recorrido en los primeros equipos, en la Sub 17 sólo contaba con uno: Sebastián Díaz, que había incursionado en el primer equipo de Unión Temuco. Casi en la víspera del campeonato recién pude integrar a Matías Ramírez, de Palestino, que ya está transferido el Udinese, y a Erwing Sanhueza, de Audax Italiano. A Hardy Cabero, un  central grandote de Colo Colo que alcanzó a jugar unos partidos de Copa Chile, no lo pude llevar, porque se lesionó.

Y el Sudamericano te mostró que la realidad de otras selecciones era muy distinta.
Absolutamente. Cuando nos pusimos a estudiar las nóminas vimos que la mayoría de las selecciones contaban con jugadores de mucho más desarrollo que el que podían exhibir los nuestros. La mayoría de los uruguayos, por ejemplo, ya alternaban en el primer equipo. Los paraguayos lo mismo, y a eso súmale el hecho de que varios pertenecían a clubes franceses. Y ni hablar de lo que podían poner en cancha Brasil y Argentina.

¿Y cómo crees que se soluciona eso?
De partida, haciendo el torneo interno de esas edades mucho más competitivo. No sacamos nada con que la sub 17 de Colo Colo viaje a Copiapó y golee por 7 a 0. Ni que la serie de la U alcance una goleada similar frente a Ovalle. Fíjate que hasta Venezuela parece haber entendido eso. Ellos vienen trabajando muy bien con sus series menores y la prueba está en que le disputaron el título a Argentina y ya han clasificado otras veces a mundiales de esta categoría. Con el diagnóstico registrado, teníamos clarito lo que había que hacer, pero tras el despido de Claudio y el desmoronamiento de ese cuerpo técnico que pretendía  fortalecer nuestro fútbol desde la base, se pudrió todo. Cualquiera sea el nuevo cuerpo técnico que se forme, significará partir otra vez de cero, comenzar todo de nuevo.

Lo concreto es que, regresando del Sudamericano, la ANFP te despide.
Fue algo que por supuesto no me sorprendió para nada. Si ya era evidente que no contaba con mucho apoyo, tras la eliminación mi permanencia era cosa de horas. Al día siguiente de regresar recibí el llamado de Felipe Correa, el gerente de Selecciones, y supe que en Quilín sólo me aguardaba el sobre azul.

Igual pensabas irte.
Fue lo que propuse la tarde en que Claudio nos comunicó lo ocurrido en Saint Gallen y nos contó los entretelones de su despido. La forma de cesarlo fue muy, muy fea. Nadie se merece un trato así, y menos Claudio, que se entregó de lleno a un trabajo en el que todos creíamos y que nos tenía muy ilusionados.

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