Columna de la U: 3,95

El semestre de la U: "Jugadores que un día eran prescindibles, al partido siguiente asomaban como titulares", dice Álvaro Amar.

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Darío Franco seguirá en la U pese a los reclamos de la hinchada y parte del directorio de Azul Azul. / Agencia Uno.

Por Álvaro Amar
@AlvaroAmar

No sé si a ustedes les pasó lo mismo, pero antes del partido con la UC, en el que se supone la U tendría la última gran oportunidad para meterle presión a los punteros, mi sensación era la misma de cuando estaba en el colegio o la universidad y sabiendo que ya había pasado el momento de estudiar a conciencia, optaba por la nunca bien ponderada opción de calentar la prueba. Ir por el camino fácil, la última opción, la más mediocre, por último para auto engañarme si me iba mal y decir que al menos había intentado estudiar.

El resultado generalmente era el mismo. Con la única certeza de saber que no sabía, al enfrentar la prueba, preguntas que parecían fáciles (ante la duda de la ignorancia) se convertían en verdaderos abismos, que por lo general terminaban en una respuesta incorrecta.

Bueno, eso mismo sentí que pasó con la U todo el semestre y se notó especialmente en ese partido. Hasta Charles Aránguiz pasó desapercibido ese día. Hay que estar muy perdido para lograr cosas como esas.

Así se nos pasaron estos primeros meses, como un electrocardiograma. Jugadores que un día eran prescindibles, al partido siguiente asomaban como titulares, para en dos partidos más volver a calentar un asiento en la tribuna. Entiendo que en el fútbol, como en todos los trabajos en equipo, las responsabilidades son compartidas, pero en el caso de la U el origen de la confusión permanente, a mi juicio, estuvo en la banca.

Pienso en Ramón Fernández (por dar un ejemplo), gran contratación del 2013 que con el paso del tiempo quedó relegado a jugar tarde, mal y nunca. ¿Tiene responsabilidad el jugador? Claro que sí, pero creo que en el caso de él y de varios más, la inseguridad de Franco terminó por jugarles en contra. En una actividad como el fútbol, en el que la presión es constante, la confianza y continuidad son fundamentales. Saber que alguien cree en lo que puedes llegar a hacer dentro de la cancha, es el factor más relevante para que un jugador pueda salir de un momento adverso.

Si bien los resultados mandan,  mi análisis del desempeño del argentino no pasa ni cerca de lo que se obtuvo o no en esa materia. Lo de la Copa Chile es una anécdota, que en su caso (igual que en una prueba), le dio las décimas necesarias para pasar el semestre con un 4. Ni siquiera un 4, un 3,95. A mi entender, injusta nota. Yo le hubiera puesto un 3 para que repitiera, pero en otro colegio, en este caso en otro club. Durante la semana pasada, las opiniones estaban divididas respecto de si se le tenía que dar continuidad o no a su paso por la U. Finalmente se le confirmó en el cargo. Ahora, la pregunta es ¿Con cuánto margen? ¿Qué pasa si el desempeño de las primeras fechas del campeonato o las presentaciones en la Sudamericana no son buenas? A estas alturas el tejado no es de vidrio, es de papel.

No se me va a olvidar que mientras semana a semana se hablaba de la falta de generación de ocasiones de gol, tenía a Duma sentado en la banca o la tribuna o que incluso lo hizo jugar de volante por la derecha. Sinceramente creo que si no hubiese sido por la desafortunada lesión de Ubilla (al que aprovecho de desearle la mejor y más pronta de las recuperaciones), el argentino, con suerte iba a jugar un poquito más que en las cómicas. Lo mismo corre para Issac Díaz, que había deambulado entre jugar un rato, no jugar, no ser citado, entrar y salir en el segundo tiempo, a ser titular. Bien por ellos y por la U, pero mérito de Franco, nada. La urgencia no le dejó más alternativas. Antes de pasar al otro párrafo, aprovecho de preguntar, ¿Qué fue de la vida de Maturana? Al principio fue alternativa, luego titular, luego pasó al olvido, como tantos más. El caso inverso, el de Velásquez. Llega como “reemplazante” de Matías Rodríguez, alterna, es titular, desaparece, vuelve a ser titular por arte de magia, se termina yendo sin pena ni gloria.

Otro ejemplo inexplicable o inentendible. En la semana previa al clásico con la UC, el propio Acevedo declaró que estaba jugando lesionado, pero que se sentía bien y quería ser titular. Perfecto, por ahí dicen que el mejor doctor es el jugador. Ahí no está el tema, lo que no aún no logro entender es por qué si el jugador reconoce abiertamente que juega con una molestia, el entrenador no toma las precauciones necesarias para estar preparado para reemplazarlo. Pero no, en la banca el único central era Cerezo, el que sin concursos ni sorteos, terminó pagando los platos rotos. Me hubiese encantado saber en palabras de Franco por qué no citó a Valber Huerta (jugadorazo por lo demás) para ese partido. Pero tampoco se pudo, porque al igual que en otras ocasiones, el DT no quiso hablar después del encuentro. Bueno, en una de esas fue mejor que no hablara, así varias radios y televisores se salvaron de salir volando por la ventana si es que salía con otra explicación de Los Tres Chiflados como cuando dijo que lo que le había dejado la Copa Libertadores era la enseñanza de que “todos los equipos no dan una pelota por perdida y que todos los partidos se juegan a muerte”. Para un ex seleccionado, campeón de la Copa América, figura en su país y en el extranjero, esas palabras son inaceptables.

¿Qué se puede esperar para el segundo semestre? Que todas esas frases clichés, esas que dicen que el fútbol da revanchas, de que la experiencia es la madre de todas las ciencias, etc, se cumplan y que Franco de una vez por todas se deje de armar el equipo con una tómbola. Ojalá que esté súper equivocado y que las columnas de Agosto en adelante sean para comentar triunfos y mejoras, pero a estas alturas más que apuesta, parece milagro o manda.

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