Columna de Colo Colo: El fluir de las sequías

"Nada asegura que llegue la estrella 30, ni esta temporada ni la siguiente ni nunca...", dice Álvaro Campos.

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Hugo Tocalli levantó la copa 29 de Colo Colo. ¿Llegará la “30”? / Photosport.

Álvaro Campos Q.

@_Alvaro_7

Columna del movimiento Colo Colo de Todos

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@ColoColodeTodos

Sebastián Vignolo es un comentarista argentino con pinta del Álvaro Ballero más rubio que recordamos, y que tiene la mala costumbre de hablar imitando a Solabarrieta. Los despachos desde las afueras de la Bombonera palpitan lo que será la final de la copa, digamos, Sudamericana. Fox Sports está transmitiendo en vivo la previa del inminente triunfo bostero. Es la época en que ganan tantas copas como para jugar bowling con ellas.

Vignolo advierte que ve demasiado relajado al hincha de Boca, acercándose al estadio a paso tranquilo, en una jovial rutina. Es enfático: hay que ir a este partido y llevar al hijo como si fuera la última vez, quién sabe cuánto tiempo pasará antes de que los xeneizes vuelvan a disputar una final internacional.

Me quedó dando vueltas y no sólo ahora que la nueva aventura de Carlos Bianchi los haya dejado peleando por no quedar en la última posición. No es alarmismo, es cierto. Siempre puede ser tu última copa.

Hablo de Boca Juniors en una columna de Colo-Colo sólo para evitar comenzar con un comentario sobre el equipo del chuncho que echó a su técnico porque no está logrando los mismos resultados ni el estilo futbolístico de su época dorada. O su época flúor, para ser más precisos.

Me acuerdo del Tetracampeonato y cómo cada vuelta olímpica era feliz, pero un poquito menos que la anterior. Cuando doblegamos fácilmente a la U. de Conce ni siquiera era un éxtasis, era una alegría obvia.

Y de pronto, décadas enteras.

Racing Club y el Liverpool son dos claros ejemplos de equipos de un poderío aplastante que por arte de magia se convirtieron en grises comparsas, pequeños actores de reparto en una obra protagonizada por los nuevos grandes. Primero un año te va mal, luego el otro el técnico no funciona, todo parece un breve lapso como los anteriores, un mero reajuste antes de la próxima oleada de trofeos a manos llenas, hasta que el período se alarga a extensiones sospechosas, primero, e insospechadas, después. Los hinchas ni siquiera alcanzan a decidir que van a ponerle el hombro a la mala racha, porque no se avizora de antemano. La Católica peleando arriba, generalmente quedando en segundo puesto, ni se dio cuenta que pasó volando un decenio antes de que el Beto Acosta les recordara que eso es lo que hacen los equipos grandes: ganar.

De lo contrario, partiendo lentamente dentro del camarín pero alcanzando a la institución hasta llegar a sus fanáticos, todos se van acomodando en el dulce abrigo de la nieve en la que mueren entumidos los alpinistas. Perder de visita y empatar de local, jugarle de chico a grande al puntero, ya no son motivo de escándalo en las tribunas, sino más bien una rutina en la que se van arrellanando. Un día se miran al espejo y son el Livorno. O peor, se miran al espejo y son Magallanes.

El Audita era un gigante poderoso, como también lo fue la Unión. Hoy, convertidos en simpáticos corderos nos generan hasta simpatía a los hinchas de otros clubes, que sentimos pena porque el equipazo de Raúl Toro no haya ganado nada, o alegría por los laureles que con justicia cosecha el Coto en Santa Laura.

La sequía de 7 años que Colo-Colo ha repetido solo dos veces (1963-1970 y 1972-1979) es apenas un consejo, no una señal de emergencia ni un grito desesperado, pero no por eso debemos caer en el error de no escucharlo. Nada asegura que llegue la estrella 30, ni esta temporada ni la siguiente ni nunca, pese a que tendamos a considerarla inminente, sólo dilatada por la estupidez administrativa de Blanco y Negro, los estúpidos de las escuelas de administración.

Si algo bueno rescato es que cuando suceda voy a saborearla entera, casi como la final de 2009 que dimos vuelta con valentía y heroísmo. Es cierto que los períodos de vacas flacas enseñan y, paradójicamente, nutren. Sacuden la comodidad y el hastío. No es necesario aclarar que nuestra mística está ajena a las tablas de posiciones y que nada de lo que pase en ninguna cancha hará que el Club Social y Deportivo Colo-Colo deje de ser la institución civil más linda de Chile. Pero, dicho todo eso, ojala volvamos a ser campeones, y que sea cuanto antes. Ya está bueno. Nuestro destino es una antorcha inmensa de gloria. Es nuestra naturaleza. Lo llevamos en la sangre.

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