Entrevista con Manuel Neira: "De seguir, me habría sentido robando"

Se desvinculó de San Felipe y dijo no va más, pese a que tenía una oferta concreta de un ex DT de Colo Colo.

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Manuel Neira había dejado de hablar con los medios de comunicación tras sus problemas con la justicia  / Agencia UNO

Eduardo Bruna

¿Pudiste seguir jugando, Manuel?
Pude, pero no quise.

Terminó en San Felipe y dijo no va más. Trataron de convencerlo de que siguiera, de que estaba equivocado, de que todavía podía ser un jugador útil para el club que lo quisiera, pero se mantuvo firme. Va a argumentar, pero los habitantes del condominio donde vive, en pleno barrio El Llano, lo interrumpen a cada rato, con un saludo que se aprecia cálido y afectuoso para ese vecino famoso que, a pesar de todo, tomó la decisión más dura de su vida sin darle más vueltas al asunto.

Manuel Neira responde con amabilidad a esa señora que cruza el jardín llevando de la mano a su hija pequeña, queda intrigado por ese grito femenino de admiración proveniente de una torre vecina y no puede sino sonreír entre divertido y complacido cuando ve que, desde ese edificio en construcción, aledaño al suyo, los obreros lo han reconocido desde las alturas y lanzan ese “¡buena, Manolito…!”, que lo ha acompañado desde que, sin cumplir aún los 16 años, debutó por Colo Colo.

Porque Neira, a pesar de cumplir ya los 35, jamás dejó de ser Manolito para ese aficionado que lo descubrió gracias a la Rojita Sub 17 que los hizo despertar de madrugada para disfrutar de sus triunfos en el Mundial de Japón. Un diminutivo que, aunque molestó a más de alguno, como al ya fallecido Lucho Santibáñez, que decía que nombrándolo de esa forma nunca le iban a permitir que creciera y madurara, lo acompañó desde sus primeros goles y hasta su retiro. Cuando se lo hacemos notar, responde:

“Lo de Manolito lo tomé siempre bien, como una clara muestra de afecto de parte de la gente. Debe haber sido porque anduve bien en ese Mundial, porque al regreso de Japón no tardé mucho en debutar por Colo Colo y el hincha me hacía saber su cariño llamándome de esa forma. Si era todavía un cabro chico… Nunca lo tomé como algo despectivo, ni como un factor que contribuyera a ponerle un freno a mi carrera. ¿Pudo haber sido mi trayectoria mejor de lo que fue? Creo que sí, pero tampoco tengo motivos para quejarme. Estuve en dos Mundiales, jugué por Colo Colo y, con mayor o menor suerte, defendí la camiseta de ocho clubes extranjeros. Y ojo, que en el recuento no considero ni al Sao Paulo ni al Alania Vladikavkaz, de Rusia. A Sao Paulo sólo fui a un equipo de proyección y en Rusia no jugué nunca, luego que me cambiaran unilateralmente las condiciones económicas que ya estaban acordadas. Nadie podría pasar por alto que, cuando mejor jugaba y me sentía, sufrí lesiones que frenaron lo que pudo ser una carrera mejor y más brillante”.

La primera de esas lesiones graves se produce tras tu retorno a Colo Colo, en 1999, tras jugar por Las Palmas la temporada anterior.

Es verdad. Y mira lo que son las cosas: el campeonato de Segunda División español es terrible. La patada más suave te la pegan a la altura de la medallita, como se dice, pero a pesar de recibir muchas, muy violentas, nunca sufrí una lesión invalidante. En cambio vuelvo a Colo Colo y en un simple entrenamiento sufro una luxo fractura al tobillo en la que no intervino nadie y que me tuvo más de seis meses fuera de las canchas.

Siempre has dicho que, a pesar de lo difícil que fue jugar allí, guardas lindos recuerdos de Las Palmas.
Claro, porque los dirigentes, la hinchada, siempre me trataron muy bien. Desde mi llegada me hicieron sentir su afecto y eso no cambió nunca. Hasta el día de hoy me contacto con varios de los muchos amigos que dejé allá.

Paralelo al interés de Las Palmas por tus servicios, el Aston Villa inglés quiso llevarte. ¿Por qué te fuiste finalmente a España?
No fue algo que yo decidiera. Con las dos ofertas en la mano, yo prefería Inglaterra. Ir al Aston Villa me habría significado seguir jugando en primera y aprender inglés, que siempre es necesario. Pero Las Palmas puso sobre la mesa 500 mil dólares más y obviamente que los dirigentes de Colo Colo se quedaron con la mejor oferta. Los ingleses estaban locos conmigo desde que, jugando por la Selección B contra la Selección B de Inglaterra, en Birmingham, anoté los dos goles con que los derrotamos. Fue un doblete espectacular, porque al día siguiente la Roja titular les dio un toque a los ingleses en Wembley. ¿Te acuerdas? Fue la noche de los dos golazos de Marcelo Salas, previo al Mundial de Francia.

Te vas a España tras el Mundial de Francia, regresas a jugar por Colo Colo, vas a Racing de Avellaneda, Unión Española y luego partes al América de Cali. En Colombia sufres tu segunda lesión grave.
Así fue. Por eso te digo que, más que errores propios, que seguro los cometí, como todos, fueron las lesiones las que me frenaron cuando todo me estaba yendo de maravillas. En Cali era ídolo de los hinchas americanistas. Jugué bien, hice goles y todos estaban felices conmigo. Más cuando, con dos tantos míos, eliminamos al Junior de Barranquilla en la fase de play off, pasando a semifinales. Y fue en el primero de esos partidos, si mal no recuerdo contra el Once Caldas, cuando me corté los ligamentos de la rodilla derecha, en una jugada donde no me tocó nadie. ¡Me volví a lesionar solo…!

¿Recuerdas la incidencia?
Nunca la podría olvidar. Recibo una pelota a la entrada del área grande, la controlo, remato y parece que la pierna de apoyo se me quedó trabada al pasto. Caí y supe de inmediato que se trataba de algo grave. Me sacaron en camilla, me operaron a los dos o tres días y los partidos finales los tuve que ver desde la tribuna, enyesado y con muletas. Igual fue emocionante ver, cuando América se titula campeón, que la hinchada empieza a corear mi nombre y los compañeros van a buscarme para compartir la celebración con ellos. Primitivamente mi recuperación iba a tardar entre cinco y seis meses, pero la herida se me infectó y me vine a Chile para que me hicieran un aseo quirúrgico. Total: otros ocho meses fuera de las canchas.

En tus constantes idas y vueltas, o regresabas a Colo Colo o a Unión Española. Me imagino que por los hispanos guardas un gran cariño.
Así es. Unión Española fue, en muchos sentidos, mi segundo hogar futbolístico. Allí lo pasé muy bien, conocí dirigentes espectaculares y tuve la suerte de contar con compañeros fuera de serie. Y cuando llegué a irme, siempre se me dijo:  Manuel, ésta es tu casa, para ti las puertas van a estar siempre abiertas. Por eso disfruté mucho ese título de 2005, porque había contribuido a darle una gran alegría a esa gente después de 28 años sin saber de una vuelta  olímpica. Y mi alegría no fue menor luego que la Unión, con el Coto Sierra como técnico, ganara el torneo de Transición. Con Colo Colo fuera de la pelea, obviamente que mi corazón tenía que estar con Unión Española.

Vamos a tu última lesión, que es la única en la que un rival es quien te saca de la cancha.
Después del fiasco con los rusos me voy a Israel, fichando por el Hapoel de Tel Aviv. En el primer partido, por un torneo internacional amistoso,  nos toca enfrentar al  CSKA Moscú y un defensa bosnio de cuyo nombre no me acuerdo ni quiero acordarme (Elvir Rahimicic), me mete desde atrás una barrida brutal que me fracturó la tibia y me rompió el ligamento del tobillo derecho. No pude jugar más en todo el resto del año.

Tus últimos clubes en Chile son San Luis, Santiago Morning y San Felipe. Me debes la explicación de por qué decidiste largar, cuando tú mismo reconoces que bien pudiste estirar la cuerda uno o dos años más…
Sí, porque desligado de San Felipe recibí el llamado de Lucho Pérez, que me quería sí o sí para San Antonio. Le agradecí mucho el que se acordara de mí, pero me mantuve firme en una decisión que, por muy dolorosa que fuera, ya estaba tomada. La venía meditando desde hace algún tiempo por lo demás. No fue algo que se me ocurriera de un día para otro.

¿Qué fue lo que finalmente te aburrió?
De aburrirme, nada. Hasta el último día siempre me levanté a entrenar con ganas, con la misma ilusión y alegría de los primeros años. Y hasta las concentraciones, que pueden ser tediosas, las asumí siempre de buen ánimo. ¿Pero sabes qué pasa? Que por mucho que uno le ponga empeño y se esfuerce, el físico ya no responde como uno quisiera. En los últimos tiempos, además, estaba sufriendo desgarros frecuentes, y pensaba que no podía firmar por algún club sabiendo que iba a jugar uno o dos partidos y que luego iba a estar tres o cuatro lesionado. Habría sentido que me estaba  robando la plata. Esa es la verdad.

Profesionalmente ya no juegas, pero lo sigues haciendo sin el estruendo de las barras y los estadios…
Ah, claro que sí. Nos juntamos con los amigos que me dejó el fútbol y jugamos para divertirnos y pasarlo bien. En cierta medida es como un regreso a las raíces, a esos tiempos en que uno jugaba porque le gustaba no más, y no pensando en ganar dinero. Eso viene después, cuando uno ve que tiene condiciones y puede torcerle la mano al destino gracias al fútbol. Yo provengo de una familia muy humilde y gracias a la pelota pude darle una mejor vida a mi madre y a mis hermanos.

No me digas que de repente no sientes nostalgia…
No, no podría negarte algo así. Uno ve fútbol y piensa que podría estar allí. O despierta y echa de menos ese rito de desayunar, agarrar el bolso y partir al entrenamiento. Mal que mal, fueron 20 años de fútbol. Años muy lindos, a pesar de todo. Pero ya pasó. Aparte, siempre dije que, llegado el momento, yo iba a abandonar el fútbol antes que el fútbol me abandonara a mí. Te digo: creo que un año más podría haber jugado perfecto pero retirarse ahora fue la decisión más inteligente.

Aparte del fútbol informal, por así decirlo, ¿a qué otras cosas estás dedicado?
Con un par de amigos tenemos una productora de eventos. Trabajamos con empresas, fundamentalmente, y por suerte nos va bastante bien. Aparte, estoy estudiando para ser director técnico en el Inaf, con la idea de sacar el título y de comenzar a trabajar desde abajo, con los niños. En agosto, además, comienzo a hacer un curso de locución. El comentario deportivo siempre me ha gustado y hay que estar mejor preparado para el día que se produzca una oportunidad”.

Hagamos un ejercicio de ficción. Si pudieras comenzar de nuevo, ¿qué cambiarías de tu carrera?
Piensa, pero no se toma mucho tiempo para meditar su respuesta. A esta hora que ya oscurece y el frío en los jardines de su condominio arrecia, Manuel Neira dice:

De poder retroceder el tiempo, no me iría al extranjero a la edad que partí a España. Me quedaría en Colo Colo al menos por dos años más. Habría fortalecido mi juego, habría adquirido una mayor maduración y entonces, ya más consolidado como jugador, habría afrontado de mejor forma una aventura europea. Creo que si las cosas se hubieran dado de esa forma mi paso por Las Palmas habría sido mucho mejor de lo que fue. No tengo duda que, de esa forma, habría saltado luego a uno de los clubes poderosos de la Primera División española.

“Previo a mi debut, dormí como momia para no molestar a Pizarro”

Manuel Neira nunca podrá olvidar lo que fue su debut en Primera, a comienzos de 1994. Cuenta:
“No jugábamos ese fin de semana por la competencia juvenil y, en vista de eso, muchos compañeros partimos la tarde de ese sábado a la casa de Frank Lobos, que celebraba su cumpleaños. Me acuerdo que Frank, en aquellos años, vivía por ahí por el paradero 20 de Gran Avenida. La fiesta estaba en lo mejor cuando la mamá de Frank me dice que de Colo Colo me habían llamado por teléfono durante un momento en que salimos. Necesitaban en forma urgente que partiera al hotel de concentración donde iba a pernoctar el plantel para afrontar el día siguiente el encuentro frente a Palestino. Reconozco que quedé helado por la sorpresa. Hasta se me pasó por la cabeza si no sería una broma. Cuando me aseguraron que era cierto, partí con lo puesto al hotel donde debíamos reunirnos”.

Fue la única vez, hasta ahora, que Palestino enfrentó a Colo Colo en La Cisterna.
Es cierto. No sé si en algún amistoso Colo Colo haya jugado en otra oportunidad en ese estadio, pero por la competencia oficial esa ha sido la única, hasta ahora. Recuerdo que estaba Mirko en la banca.

¿Cómo te recibieron los compañeros, considerando que apenas pasabas los 16 años?
La verdad, fui yo quien los recibió a ellos. Era tanta mi alegría y mi ilusión que, cuando me convencieron de que el llamado a concentrarme había existido y que no era una broma, partí de inmediato, así como estaba. Quiero decirte que fui el primero en llegar. Igual me acogieron muy bien, porque en más de una oportunidad había tenido la oportunidad de entrenar con ellos.

Te pusieron a compartir pieza con Jaime Pizarro…
Claro. Imagínate lo que fue eso para mí. Jaime era el capitán, ídolo, un tipo serio y correctísimo. Me acuerdo que tras la cena conversamos un rato en que Jaime me aconsejó harto. Después que se durmió me metí a la cama de puntillas. Creo que no me moví en toda la noche tratando de no meter ruido para no molestarlo. Jaime no lo supo nunca, pero a la mañana siguiente hasta hice las camas de la habitación (ja, ja).

¿Alguna vez se lo contaste?
De que dormí tieso como una momia, con miedo de que hasta pudiera roncar, sí. Pero de que hice las camas, ignorando que ese era trabajo de las mucamas, nunca. Me habría agarrado para el hueveo.

¿Y qué recuerdas de ese partido?
Que fui a la banca y que Mirko me mandó a la cancha cuando faltaban algo así como 15 o 20 minutos. En ese lapso alcancé a hacer un desborde muy bueno por la derecha y, cuando llega el momento de meter el centro, veo que el brasileño Toninho, a quien apodaban “El Bíblico”, llega por el centro del área destapado y se la pongo en la cabeza. Desgraciadamente su cabezazo le salió pegado a un poste y nos perdimos la última ocasión de haber roto el 0 a 0 con que terminó el partido.

“Nunca disfruté más un título que aquel de la quiebra en el 2002”

Creció como hincha de Colo Colo y, naturalmente, ese afecto fue siempre indestructible, a pesar de su confesado cariño por Unión Española. Manuel Neira recuerda:

“Tras mi lesión en el América los dirigentes y los hinchas querían que siguiera, pero a mediados de 2002, el año de la quiebra, recibí el llamado de Jaime Pizarro, que estaba en la dirección técnica, y no lo dudé ni un minuto para venirme, a sabiendas de que, por la situación que transitaba el club, la plata iba a ser no sólo poca en relación a lo que recibía en Colombia, sino que no había ninguna seguridad de que a fin de mes cobráramos la totalidad del sueldo. El síndico, Juan Carlos Saffie, había sido muy claro para señalar que sólo nos podía garantizar el 70 por ciento de nuestros ingresos, y que el resto teníamos que generarlo nosotros mismos, yendo a jugar donde nos llamaran. Fue un año muy difícil, muy sacrificado, porque escaseaban todas esas comodidades de las cuales antes habíamos disfrutado”.

Jaime te llama luego que el Atlante se lleva a Sebastián González, goleador en ese torneo de Apertura en que Colo Colo cae en semifinales frente a Rangers.
Así fue. A mí no me engañó nadie. Sabía perfectamente con lo que me iba a encontrar, pero no podía negarme a una petición de Colo Colo y me vine a ojos cerrados. Igual valió la pena, porque contra todos los pronósticos ganamos el campeonato en dos finales contra Universidad Católica con un equipo donde los únicos jugadores avezados eran, aparte de mí, Marcelo Espina, Raúl Muñoz, Marcos Millape y Marcelo Barticciotto, que ya cercano al retiro jugó muy poco. El propio Huaiquipán, que llegó de Magallanes, tenía muy poco recorrido. El resto eran puros cabros juveniles a  los que hubo que recurrir frente a la falta de dinero.

¿Es uno de los títulos que más disfrutaste de los siete que conseguiste durante tu carrera?
De todas maneras. Por la forma como fue conseguido. Porque Colo Colo lo superó todo para demostrar su estirpe de campeón y yo cumplí con lo que se me pedía: goles.

“Benítez  logrará que Colo Colo sea el primer actor que ha sido siempre”

No vio el debut albo en Copa Chile frente a San Felipe. Sabe que el equipo no anduvo, que fue, sin mayores matices, el mismo equipo mediocre que en los últimos tres años viene de fracaso en fracaso. Sin embargo, Neira lo toma con calma. Dice que sigue creyendo en Gustavo Benítez. Y argumenta:

“Benítez es un tipo serio, muy trabajador e inteligente para sacarle partido a lo que tiene. Cuando el plantel se empape mejor de lo que él quiere, y lleguen los jugadores que está pidiendo, no tengo dudas de que va a lograr que Colo Colo sea el candidato de siempre. Aparte de todo eso, cuenta en la preparación física con Marcelo Giarrusso, un tipo fenomenal, muy motivador y al cual yo, en lo personal, le debo mucho”.

-¿Nunca le guardaste rencor al paraguayo? Cuando él llega, en 1995, lo primero que hace es declararte prescindible y los dirigentes te envían a préstamo a Everton.

“Nunca he sido rencoroso. Aparte, cuando él llega se encuentra con muchos delanteros. Si mal no recuerdo, entre ellos estaban Fernando Vergara, el Bototo Illesca, el Pájaro Rubio, Francis Ferrero y algún otro que se me escapa. En esas condiciones, naturalmente que debía deshacerse de alguno, y como yo era el más cabro, parto a Everton. Pero fue una experiencia para mí muy feliz. Jugué como titular y en trece partidos anoté quince goles. Terminado ese campeonato, Benítez fue el primero en llamarme para decirme que me quería de vuelta”.

 

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