Columna de Colo Colo: Lo mismo

"Escucho que el Cacique es dueño de la pelota, pero no hace daño. No sabe hacerlo", dice Ricardo Benavente.

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Los albos no levantan cabeza. (Agencia Uno)

Ricardo Benavente

@RicardinhoGauch

Columna del movimiento Colo Colo de Todos

FB de Colo Colo de Todos

@ColoColodeTodos

Sólo pude escuchar por la radio la nueva derrota del día sábado frente a Palestino. Ahí juega mucho la imaginación, los relatores se esfuerzan por ponerle emoción a cada jugada, por más inofensiva que ella sea, uno va pensando los movimientos y sabe que está siendo engañado por los comentaristas. Que el ” ¡¡¡VA CON TODO COLO-COLO AL ATAQUE!!! “, no es más que una lenta salida desde la defensa, como un infructuoso intento de contragolpe, que muy probablemente morirá en el intento. Uno sabe también que el “VIENE EL CENTRO AL ÁREAAAAAA…” es tan repetitivo como poco eficaz.

Escucho que el Cacique es dueño de la pelota, pero no hace daño. No sabe hacerlo. El rival no ofrece mucho tampoco en ataque, dicen. Pero la primera llegada con peligro es a favor de los árabes, quienes estrellan el balón en el travesaño. Nada nuevo.

Me cuentan que Vecchio no anduvo fino. He sido repetitivo para decir que este esquema depende demasiado de él, y que sólo tenemos alguna posibilidad cuando el trasandino juega muy, muy bien. Demasiado riesgoso, alguien más tiene que echarse el equipo al hombro. Ninguna novedad. Luego escucho que a Vilches se le pasa una pelota fácil por debajo de los zapatos, que el hombre se ve nervioso. Que Flores se ve impreciso, ganoso, y que la gente “se la toma” con él y lo pifia, quizás, exageradamente. Todo sigue igual.

Me dicen que Hernández entró a jugar de Hernández, o sea, de nada. Escuchando, entiendo que dicha modificación obligó además a que Vecchio retroceda unos 20 metros, cerca de Pavez, lugar donde cualquier buena jugada llevará un peligro mucho menor. En la radio dicen “no entiendo qué quiso hacer Emilio, se había pasado ya a dos rivales, y volvió atrás la jugada para volver a pasárselos, túnel incluido”. Me desespera, realmente, pero lo peor es que nuevamente no me sorprende en lo absoluto. Siempre lo hemos visto con esa actitud tan inútil. Sigo sin entender por qué llegó, quizás fue una imposición en la negociación por Vecchio, pero aún así, no logro comprender cómo este tipo de jugadores puede llegar a vestir nuestra camiseta.

Veo las noticias, el compacto y –nuevamente- nada me sorprende. Es siempre la misma historia. Muestran hinchas que se van del estadio antes de que termine el partido, gritando “que se vayan todos”. Poco novedoso. Gustavo Benítez sigue perdiendo apoyo popular, también de la concesionaria. Toma decisiones extrañas y poco comunes en él, equivocadas, por cierto. Llena de “jugadores de ataque”  buscando una victoria milagrosa, que puede llegar a través de un ollazo, pero estos ni siquiera llegan. Se ve nublado el paraguayo. Además, en su desesperación desarma el bloque defensivo. Desorden, penal para Palestino, el charrúa Chaves la pica y provoca una nueva derrota alba. Sí, un gol desfachatado, una definición sin una gota de nervio, sin presión de jugar de visita en el estadio más intimidante de la historia del fútbol nacional. Nada nuevo.

Sigue todo igual. Igual de mal, pésimo, tanto de fondo como de forma. En el corto y largo plazo. De noche y de día. Del punto de vista que se mire. Se acabaron las excusas, la creatividad para declarar y sólo quedan algunas disculpas de los que, dignamente,  aún enfrentan cámaras y micrófonos. No soy partidario de cambiar DT porque sí, tampoco de seguir pagando esas millonarias indemnizaciones que contribuyen fuertemente a seguir despotenciando el equipo. Pero Benítez tiene que demostrar en esta segunda mitad de Torneo algo diametralmente distinto, opuesto, tanto en el nivel de juego mostrado como en los resultados. Es su obligación y la urgencia de todos. Ocho puntos en igual cantidad de partidos es demasiado poco para las pretensiones históricas de Colo-Colo, y para lo que puede dar este plantel. No quiero ser ofensivo, pero las respuestas que el DT necesita no las encontrará en su recientemente encontrada religión, tiene que haber algún remezón.

Difiero con la gran mayoría que señala que con estos jugadores no da para mejores resultados: hago el ejercicio de hacer comparaciones uno a uno con Cobreloa o la Católica, y realmente no veo grandes diferencias. A los laicos sí les envidio el hecho de tener tantos jugadores formados en casa, cuestión que le aporta esa identidad, que tanta, pero tanta falta nos hace. Ese orgullo por los colores propios, por la gloriosa historia, por nuestros orígenes, por el esfuerzo de tantos, por la importancia que tiene el Club de nuestros amores en nuestras vidas.

Me quedo con la imagen de Lucho Mena en la banca, mostrando la polera con la imagen de David Arellano, como diciendo, “tranquilo muchachos, aún hay Patria”. Necesitamos un cambio profundo, algo nuevo, no podemos seguir semana a semana cuesta abajo. Cada uno a su trinchera, Colo-Colo es mucho más grande que este pésimo momento. Y no tengo nada nuevo que decir.

 

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