El otro infierno con el que deben lidiar los jugadores del Cacique

El sufrimiento del plantel albo no sólo se circunscribe a lo que ocurre dentro del campo.

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Colo Colo sufre dentro y fuera de la cancha. archivo

Por Pablo Vera
@PabloVeraO

Suena el pitazo final y los rostros cabizbajos de los jugadores ya parecen ser una postal conocida de memoria.

Cinco derrotas en nueve partidos, paupérrimos niveles individuales y colectivos y un pobre décimosexto lugar tienen al plantel colocolino sumido en una profunda crisis que ya sobrepasó a los 90 minutos de fútbol o a las dos horas diarias de práctica. “No podemos salir ni a la calle con las familias por temor a lo que puede pasar”, confesó el volante Fabián Benítez, abriendo un tema que, en mayor o menor medida, ha afectado la vida diaria de los futbolistas.

“Siempre están los desubicados que te dicen cosas pesadas, pero no queda otra que hacer oídos sordos”, afirma Jason Silva, quien luego agrega que “hay que pensar más que antes cuando uno quiere ir a algún lugar. Por ejemplo ahora ir a un mall es complicado porque ahí anda siempre mucha gente y uno piensa en que la familia no se incomode. Hay veces que mi pareja me dice que salgamos a uno u otro sitio y la verdad es que en muchas ocasiones no me dan ganas”.

Este temor con el que deben convivir diariamente los jugadores, también se ha traspasado a la cancha, ya que tal como el propio Fabián Benítez reveló “cada fin de semana lo conversamos y a veces no se le encuentra explicación a lo que pasa. Se trabaja bien, con intensidad, pero en los partidos entramos con miedo por la presión que hay”.

Queda claro que la crisis en Macul es total y que el aspecto sicológico se ha ido mermando  producto de las derrotas, líos internos y cuestionamientos de gran parte del medio futbolístico.

Rodrigo Cauas, sicólogo deporivo, cree que “esto ya está afectando lo familiar y cuando eso pasa ya hay que trabajarlo de manera más detenida. Si uno los observa ellos salen a competir y se nota que su confianza es menor, por lo que aumenta la frustración”.

Luego, Cauas agrega que “en estos casos es cuando el grupo debiera estar cohesionado, el grupo debe actuar como contenedor y cuando eso no pasa, ahí es bueno solicitar ayuda externa. El tema de la presión y la ansiedad está traspasando la cancha y está afectando a lo externo y a lo cotidiano. Si a eso se suma el tiempo que llevan viviendo una situación similar, tenemos un problema grave”.

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