Waldo Greene, ex dirigente de la U: "Es verdad, Pellegrini se hizo técnico a pedido mío"

El ex dirigente azul recuerda sus años a cargo del club y critica el actual sistema de gestión: "Un club puede manejarse como cualquier empresa o una fábrica”.

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“El tenía la jerarquía y la capacidad para triunfar aquí y en cualquier parte”, afirma Greene. (Ricardo Ramírez)

Por Eduardo Bruna.

Asumió la presidencia de la U cuando nadie se atrevía. El club no tenía un peso y su plantel de jugadores no permitía el surgimiento de ilusiones. Con escaso tiempo en el mundo del fútbol, Waldo Greene supo, sin embargo, que si él no daba el gran paso la institución de sus amores corría el riesgo de quedar a la deriva o, lo que era peor, desaparecer. A casi tres décadas de aquella patriada reconoce que lo suyo tuvo mucho de locura. “Tenía poco más de 30 años y toda la ilusión y el ímpetu de los tipos de mi edad. A mediados de la década de los 80 la U estaba en el suelo deportiva y económicamente, y si yo no hubiera agarrado ese fierro caliente lo más probable es que el club a estas alturas sólo fuera un lindo recuerdo”, cuenta.

Con 65 años, alejado del fútbol hace prácticamente un cuarto de siglo, Greene sumó como máximo personero azul más sinsabores que alegrías, pero eso no le impide mirar con nostalgia aquellos años de vacas flacas, cuando la única meta era mantener a la institución en pie. Afirma: “Por eso me da entre risa y pena cuando algunos hinchas, y no pocos periodistas, dicen que los dirigentes de aquellos tiempos nos robábamos la plata. ¡Qué plata nos íbamos a robar, si no había nada! Vivíamos capeando embargos. Al contrario: dirigir a la U a mí me costó una millonada. Tanto, que hasta hoy me pregunto cómo fue que mi familia me aguantó tanto. ¡Si hasta debieron declararme interdicto!”.

Con la distancia que dan los años, hoy Waldo Greene asegura: “Aquel era un fútbol lindo, muy romántico, lleno de pasión, pero claramente no podíamos seguir así. En ese sentido, creo que el Sistema de Sociedades Anónimas vino a enmendar un rumbo que iba en curso de colisión, lo que no significa que yo sea un hincha incondicional del nuevo orden. Se ganó en seriedad, responsabilidad y sobre todo en solvencia, pero en contraste se ha ido perdiendo aceleradamente el componente social, algo que el fútbol nunca debió haber dejado de lado”.

-¿Te refieres a que los clubes son manejados como cualquier otra empresa, mirando sólo los fríos números?

“Exactamente. Está bien que las decisiones se tomen más con la razón que con la pasión, entre otras cosas porque hay que responderles a los accionistas y a una Superintendencia que debe velar porque no se cometan locuras. Sin embargo, la gente de las concesionarias, llámense Azul-Azul, Blanco y Negro o Cruzados S.A., se alejan cada día más de los socios y de los hinchas y con eso, para mi gusto, están cometiendo un error garrafal, tremendo. Son los socios y los hinchas los que le dan sustento y significado a una institución. Es la pasión que mueve a los aficionados la única que puede mantener a un club con vida”.

-En el caso de la U eso es más llamativo. Los principales personeros de Azul-Azul son reconocidamente hinchas azules. En otras palabras, antes de ser dirigentes fueron también hinchas que sufrieron y vibraron en el tablón.

“Yo no tengo por qué dudar del hinchismo de los actuales principales personeros de Azul-Azul. El fútbol no da para disfraces y simulaciones, porque es emoción, sentimiento, pasión pura. Sin embargo, me pregunto: ¿dónde estuvieron ellos cuando en los años 80 no teníamos un peso para mantener con vida al club y nos embargaban a cada rato? Ninguno de estos señores, muy solventes económicamente, apareció en aquellos tiempos en que la situación era crítica, yo diría que hasta dramática”.

-¿Crees que esta gente que se ha hecho cargo de los clubes llegó a ellos sólo impulsada por la posibilidad de un negocio?

“Si en algún momento pensaron que iban a ganar plata a través del fútbol yo creo que a estas alturas deben estar muy desilusionados. Más allá de que hoy existen dineros que en nuestros tiempos nunca existieron, como los del Canal del Fútbol, los sponsors, la publicidad o los productos de marketing, el fútbol sigue siendo una actividad deficitaria. La única forma de que clubes como la U o Colo Colo se mantengan es vendiendo jugadores, pero eso también entra en conflicto con el único objetivo del hincha, al que los números azules no le importan y sólo le interesa que el equipo gane y sume títulos. Y para eso, naturalmente, quiere que su cuadro tenga a los mejores jugadores”.

-Mira donde está Colo Colo luego que Blanco y Negro vendió todos esos jugadores que le quedaron de la anterior administración. Mira lo que ha bajado la U, que transfirió a varios que le dieron el primer título internacional de su historia.

“Eso es rotundamente efectivo. Yo renuncié a la presidencia de la U a comienzos de 1989 y nunca más fui al estadio. Pero no me pierdo partido de mi equipo a través del CDF o el Cable y está claro que la U de hoy está a kilómetros de distancia de aquel equipo que, con Sampaoli en la banca, ganó la Copa Sudamericana. Y buscar las razones no cuesta nada: primero se fue un técnico cuya llegada al club fue todo un acierto, que no se ha repetido después, y luego partieron varios de aquellos jugadores que conformaron la base de un cuadro al que era una delicia ver jugar. Los que llegaron como reemplazo claramente no están en un mismo nivel”.

-¿Piensas que, ya convencidos de que el fútbol no es el negocio que imaginaron, los grandes accionistas de los clubes pueden llegar a aburrirse y llevarse su plata hacia negocios mucho más rentables y productivos?

“Es una posibilidad cierta, para nada descabellada. El fútbol es una empresa que no puede manejarse con los parámetros de una fábrica, por ejemplo. Es una actividad absolutamente imprevisible, en la que inciden variantes que, por minúsculas que sean o poco importantes que parezcan, pueden marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso. ¿Tú crees que alguna vez yo he podido olvidar ese campeonato de 1988, que nos mandó a Segunda?”.

-Para que eso sucediera tuvieron que darse simultáneamente una suma de factores…

“A eso me refiero. A la última fecha O´Higgins y Unión Española llegaban en peor situación que nosotros, que debíamos enfrentar a Cobresal en el Estadio Nacional. Si mal no recuerdo O´Higgins caía frente a Lota en Coronel y terminó salvándose luego que lo diera vuelta en el segundo tiempo. Unión Española, para superarnos por diferencia de gol debía ganarle al menos por dos goles a Universidad Católica en San Carlos y ocurrió: ganó por 3 a 1 en un partido extrañísimo, del cual recién se están conociendo historias que en aquellos tiempos sólo se mencionaban como simples suposiciones o rumores. Y nosotros empatamos 2 a 2 habiéndose producido, cerca del final del partido, un penal más grande que una Catedral al Pituco Vásquez (Ricardo) y que, sin embargo, no fue sancionado. El hecho es que nos fuimos al descenso habiendo sumado 26 puntos. Nunca antes había ocurrido. Y nunca más ha vuelto a ocurrir”.

-¿Qué te llevó a renunciar a la presidencia, cuando ya había pasado el chaparrón del descenso de la U?

“Iba en mi auto rumbo a El Sauzal cuando lo decidí. Pensé en la tranquilidad mía y de mi familia. Mi señora ya estaba enferma con el tema del fútbol. Lo que te dije es cierto: al club lo manteníamos varios socios que las oficiábamos de mecenas. Y de todos, claramente era yo quien más plata ponía. No teníamos acceso al crédito en los bancos y hasta los dineros de la Polla Gol se destinaban por completo a cancelar deudas de gestiones anteriores. Ni siquiera pasaban por la sede. Ni hablar de vender jugadores. En los años que yo estuve apenas pudimos traspasar a Mariano Puyol, el Tincho Gálvez (Martín) y Sandrino Castec al fútbol mexicano, y por cantidades muy lejos de ser consideradas exorbitantes. Tampoco teníamos para fortalecer el plantel. Las únicas compras significativas fueron las de Pedro Pablo Díaz, un delantero grandote que llegó de Everton, y Cristián Olguín, que se lo compramos a Palestino en poca plata y en cómodas cuotas mensuales, más que nada porque Fernando Lama, presidente de los tricolores, quiso retribuirnos el que, durante todo un campeonato, lleváramos a Palestino como preliminarista de nuestros partidos”.

-Aparte, también te llevaste malos ratos con altos personeros del régimen de la época.

“También es verdad. El general Ojeda, Director de Deportes, me amenazó una vez con hacer desaparecer a la U si seguíamos adhiriendo a la creación de la nueva liga que junto a Colo Colo, la Católica, Unión y Palestino, pensábamos crear como protesta a las decisiones arbitrarias de Miguel Nasur. Cuando le dije que la U nunca iba a desaparecer, se indignó aún más conmigo. Una vez incluso hasta me raptó en un baño de la Digeder”.

-¿Cómo es eso de que te raptó?

“Tras una reunión me dejó encerrado un día y una noche, con guardia a la puerta para que yo no me pudiera escapar. Así querían que, en la víspera del Plebiscito de octubre de 1988, yo intercediera ante Los de Abajo para que dejaran de gritar No. Me citaron a La Moneda para pedírmelo. Seré de derecha, pero no iba a jugarme por un gobierno que lo único que hizo fue tratar de perjudicarnos. Los mandé a la cresta y me fui”.

-A lo mejor no les gustó que en una oportunidad, existiendo una total prohibición, llamaras a elecciones para elegir al nuevo presidente de la Corfuch de aquellos años.

“Convoqué a esas elecciones porque había un vacío tremendo. Dirigía yo al club, a pesar de que por los estatutos estaba impedido. Había que regularizar la situación y decidí que la elección se realizaría entre Arica y Punta Arenas en las 24 filiales que habíamos conseguido crear. Se iba a votar entre las 13.00 y las 18.00 horas, y faltando pocos minutos para las 13.00 horas mi secretaria me avisa que pregunta por mí un funcionario del Ministerio de Justicia. Le dije a la secretaria que me esperara unos minutos, que estaba ocupado y que no podía atender al señor. Cuando pasada la hora lo hice pasar y me dice que la elección no se podía hacer, le respondí: Lo siento harto, pero a esta hora ya son cientos los que están votando a través de todo el país. Medio desconcertado, el tipo cerró su carpeta y dijo: “Bueno, será…”.

-¿Nunca más te dieron ganas de regresar al fútbol?

“Hace un año, o poco más, me ofrecieron hacerme cargo de un club. ¿Me vas a creer que estuve a punto de picar? Alcancé a entusiasmarme, pero lo pensé mejor. Y cuando entre los antecedentes que pedí me llegó la lista de deudas y necesidades, me bastó recordar las pellejerías que viví con la U para dar rápidamente marcha atrás”.

 

“Es verdad: Pellegrini se hizo técnico a pedido mío”

La U no caminaba ese año 88 y ya habían sido varios los técnicos que, poniendo sus mayores esfuerzos, se iban sin poder enderezar el rumbo de un cuadro carente de figuras (¿les suena eso a los hinchas albos?). Waldo Greene recuerda que, en medio de ese sombrío panorama, hizo una apuesta que en ese momento le falló y que, sin embargo, sólo iba a dar réditos con los años.

“Sabía que Pellegrini tenía la meta de ser director técnico y que, para ello, hasta cursos había hecho en Francia e Inglaterra. Por ello fue que, a pesar de ser jugador plenamente activo, le propuse asumir la banca de la U. Recuerdo que se sorprendió mucho, y que convencerlo no fue fácil, entre otras cosas porque él, legítimamente, quería seguir jugando. Pero yo estaba seguro de que mi pálpito no era en absoluto una locura. Aparte de tener el respeto de todo el plantel, se veía un tipo tremendamente profesional, estudioso y acucioso”.

-Seguramente ni él ni tú pensaron que el debut suyo en una banca iba a significar el descenso de la U…

“Manuel no tuvo ninguna responsabilidad en esa desgracia. Tomó un equipo escaso de valores, sin posibilidad de sumar a ningún jugador y cuando sólo restaban tres o cuatro meses de campeonato. Dicho de otra forma, hizo lo mejor que pudo, dadas las circunstancias”.

-Cuando ahora conoces las alturas que Pellegrini ha alcanzado, los elogios que de tanto en tanto se gana, ¿te enorgulleces?

“Me pone contento. Orgulloso no, porque el mérito es exclusivamente suyo. El tenía la jerarquía y la capacidad para triunfar aquí y en cualquier parte, como lo ha demostrado”.

-Convendrás conmigo que, tras su renuncia a la banca azul, tras el descenso, tú lo recomendaste a Palestino.

“Me preguntaron por él y yo di las mejores referencias, nada más. También hablé maravillas de él cuando Cristián Lyon y Fernando Bolumburu, dirigentes de Universidad Católica, me dieron a conocer el interés por contar con Manuel y me pidieron mi opinión. Pero te repito: todas las metas que ha ido alcanzando son exclusivamente producto de su capacidad, de sus conocimientos, de su criterio para dirigir grupos y de su exclusivo talento. De nadie más”.

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