Columna de Colo Colo: Sueño 9...Lennon colocolino

John Lennon puso como carátula de su álbum solista de 1975, Walls and Bridges, un dibujo de su niñez (Jorge Robledo).

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Por Álvaro Campos Q.
@_Alvaro_7
Columna del movimiento Colo Colo de Todos
FB de Colo Colo de Todos
@ColoColodeTodos

El Gringo Robledo nació en Iquique. En el puerto nadie le decía gringo, ni a él, Jorge, ni a su hermano Eduardo. Gringo le dirían a George y a Ted después, cuando Colo-Colo los repatriara en la que fue la contratación más espectacular de la historia del fútbol chileno. Entre su partida a los 5 años y las fotos en que sonríe orgulloso calzándose la 9 del Popular, George se inscribió como uno de los más importantes jugadores de la historia del Newcastle. Era bajo, pero fuerte y, aunque hablaba con el acento de Yorkshire de su madre inglesa, proyectaba con su imagen y apellido el aire exótico de una estrella foránea cuando prácticamente todos los jugadores de la liga inglesa eran británicos. En el Newcastle lo recuerdan por su récord, vigente aún, de 39 goles en una temporada, y también por la primera vez durante el Siglo XX en que un equipo ganó la FA Cup 2 veces seguidas. Robledo, el primer sudamericano en jugar en Wembley y el primer extranjero en anotar un gol ahí, dio una asistencia a Milburn en el 2-0 sobre el Blackpool ’51 ante el Milburn, pero su mayor hazaña, el punto más alto de su gloria, vino al año siguiente al marcar de un excelente cabezazo el único gol del partido al poderoso Arsenal de Londres, a 5 minutos del final. El sueño del pibe.

Otro sueño, distinto, va persiguiendo el periodista Néstor Flores en su cama, en ese estado raro en que uno piensa cosas brillantes que olvidará mañana. Lleva tiempo trabajando en un libro sobre la misteriosa y fascinante historia de Ted, desaparecido en un barco persa que zarpó de Dubai. Ha revisado archivos y fotos del hermano menor, mediocampista regular pero protegido por el destello del primogénito George. Hay una foto que recuerda haber visto antes, pero no sabe dónde. Y entonces se levanta, va a su colección de discos, y lo confirma. Nadie lo había notado antes.

John Lennon puso como carátula de su álbum solista de 1975, Walls and Bridges, un dibujo de su niñez. 11 años tenía, según documenta su propia letra infantil. La similitud es indesmentible, por lo que todo apunta a que replicó, como tantos lo hicimos, la foto de un diario. En este caso, la foto del iquiqueño Robledo con el frentazo que lo hizo campeonar en Wembley. Robledo, el ídolo colocolino, campeón, seleccionado, mundialista, fácilmente entre los 10 mejores jugadores que se han vestido de blanco.

A los Beatles no les gustaba el fútbol. En Liverpool, precisamente el puerto donde llegó el barco desde Chile con los 3 hermanos Robledo y su madre en su regreso a Yorkshire, las aficiones se dividen mayoritariamente entre azules (Everton) y rojos (Liverpool), aunque se suele apoyar principalmente a la ciudad, por lo que el suyo fue conocido como el “friendly derby”. Lennon era del Liverpool, aunque acompañó a McCartney a una final que jugó el Everton en 1968. Ninguno de los dos era, insisto, futbolero. Más lo era Ringo, aunque su afición se inclinaba por el Arsenal, equipo al que un tío londinense lo llevaba a ver cuando jugaba en el puerto. En cuanto a Harrison, él mismo lo dijo: “en Liverpool hay tres equipos, y a mí me gusta el otro”, lo suyo era la guitarra, los autos rápidos, la meditación.

Volvamos a Lennon. Siempre hay que volver a Lennon. No vale la pena darle muchas vueltas al dibujo. Unos creyeron que lo hizo como hincha del Newcastle, otros que lo hizo porque Newcastle era el nombre de la calle donde vivía, o porque luce el número 9 en una espalda y él tuvo siempre una fascinación por ese número. De hecho, su casa era el número 9 de Newcastle, palabra que tiene 9 letras, igual que Liverpool. Él pensaba en esas cosas. Bautizó una canción Revolution 9 y a otra, que aparece en el Walls and Bridges, le puso #9 Dream.

En una leyenda nunca comprobada, que se puede encontrar con facilidad en internet, la hinchada de Racing tomó como verdad indesmentible que Lennon era racinguista. Así no más, pasó a ser parte del imaginario blanquiceleste. Este dibujo, sin embargo, es indesmentible. Claro, de ahí a verlo saltando en el tablón por el Albo hay tres mundos de distancia, pero cada uno tiene derecho a armarse su propio Lennon.

Me carga el Lennon de feria artesanal, con una Imagine completamente edulcorada en un cliché pacifista simplón, lejos del manifiesto comunacho anticlerical que le dio por escribir originalmente. Lennon no era un sabio pacifista, muy por el contrario. Tuvo, sí, una época de esa onda como tuvo muchas épocas de muchas otras. También pasó plata al IRA. Fue abandonado por su padre y él mismo abandonó al suyo. Le dio por la psicodelia, le dio por la meditación trascendental, le dio por la política, le dio por la vida hogareña cuando se retiró de la vida pública.

Barzamente, descaradamente, declaro a Lennon colocolino. Es mi máximo ídolo, mi principal referente, y lo he escuchado, leído, investigado, visto, pensado lo suficiente como para que se me haga fácil imaginarlo vivo, viejo, viniendo a Chile de gira. No estaría ni cerca de la capacidad intacta de Paul, que todavía canta como si tuviera 18, y tampoco tocaría todos sus éxitos, porque consideraría que la mayoría de ellos valían callampa.

Si Lennon no hubiera sido asesinado absurdamente el 8 de diciembre, la fecha en que el mundose tomaría un instante para pensar en él sería el 9 (¡otra vez 9!) de octubre, su cumpleaños. Lo veo, como decía, con 73 años de paso por este rincón que ya ha visitado su viuda Yoko. Entre miles de preguntas tan estúpidas y obvias como la de aquel desopilante capítulo de Plan Z, me gusta imaginar a algún entendido que le señala una portada que lo enlaza lejanamente con Chile. Tal vez nosotros mismos en Colo-Colo de Todos yéndolo a buscar como cuando nos juntamos con Eduardo Galeano y le regalamos la camiseta. Es fácil pensar en una sonrisa, en un cariño chistoso. Más fácil aún es su comentario sobre los grandes capitales aplastándolo todo, el fútbol mundial como un ejemplo. ¿Cuánto se demora una persona en saber que existe algo que se llama Blanco & Negro antes de entender su escandalosa naturaleza?

Cállense todos, no necesito el pensamiento lógico y comprobable, científico, que tanto daño nos ha hecho. Déjenme con el absurdo, la imaginación y el capricho. Lennon enseña un poco eso, el buen humor, la infancia recobrada a voluntad. El sueño.

9 de octubre. Lennon. Colocolino. Combatiendo a los blue meanies (los beatlemaníacos sabrán entender la alusión). Colocolino como tantos otros millones, como Néstor Flores, a quien su papá, fanático, le decía que no habría nunca otro como Robledo.

Curiosamente, muchos rehúyen de los Beatles por las mismas razones que otros rehúyen de Colo-Colo, porque ambos son los mejores, y representan el gusto popular de las grandes masas. Entonces los tercos y rebuscados les agarran ese odio elitista.

Filo. Power to the people. Right on. Lo que quiere el pueblo, que se vaya Blanco y Negro. Esta lucha no la podemos dar y no la vamos a ganar sin las lecciones que dejó el beatle. El idealismo al extremo del ridículo, el corazón por sobre la cabeza, dejando correr libre la rabia y el dolor que nos provocan los hijos de puta en vez de esconderlos, pero balanceando todo con la hermosura del sentimiento más puro. Este amor que es todo lo que necesitamos.

 

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