Columna de Colo Colo: Ego

"La foto del Colo-Colo actual es una postal de cómo el ego carcome, divide y destruye", dice Álvaro Campos.

Por

 

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Agencia Uno

Álvaro Campos Q.

@_Alvaro_7

Columna del movimiento Colo Colo de Todos

FB de Colo Colo de Todos

@ColoColodeTodos

Es una especie de trampa del offside, el ego. Uno va picando a toda velocidad y de pronto se sorprende a sí mismo solo, adelantado, evidenciado en la falta.

No soy psicólogo, ni entendido en ninguna de las materias del conocimiento humano que lidian con estos temas. Tal vez digo ego y estoy pensando en vanidad o amor propio o autoestima, tal vez hablo de egocéntrico y quiero decir egoísta. No me manejo en la jerga precisa. Pero sí sé esto: la foto del Colo-Colo actual es una postal de cómo el ego carcome, divide y destruye.

A Labán lo fueron a buscar a su casa, le tocaron la puerta para sentarlo ahí, dejando que Cristián Varela siguiera metiendo sus tentáculos en los demás lugares en los que su corrupta presencia se aparece: la organización del Mundial Sub-17, la ANFP, la Inmobiliaria, Chilefilms, etc. Llegó humilde, con su voz suave y la sonrisa que ha paseado por cada silla en la que se ha sentado. Hoy quiere a Bielsa en Colo-Colo y se manda declaraciones propias de alguien que está mareado en las alturas. Mi favorita, muy representativa: que tal vez unos 5 mil socios habrán llegado por el llamado que hicimos nosotros en Colo-Colo de Todos, el resto es gracias a él. Qué pelmazo.

Por otro lado, quién podría culparlo. Abraham Lincoln dijo que era mentira eso de que el hombre se probaba ante la adversidad, que si realmente querían probar a un hombre, denle poder. El Cacique es un fenómeno social tan potente que multiplica exponencialmente todo, no sé quién podría sentarse en la testera de la institución sin que le entren los pajaritos.

Antes de que le tiraran las garras los grandes capitales, la crisis (una más entre muchas de nuestra historia) que enfrentó la institución en los noventa comenzó por una lucha de egos entre un croata y un italiano. Aliados con el Guatón sinvergüenza, los tres llevaron al equipo a lo más alto, terminaron el estadio, le pusieron luces. Nunca sabremos a ciencia cierta quién la tenía más grande, pero sí queda la evidencia histórica de que destruyeron su propio legado en comprobarlo.

Y hoy el hijo de Menichetti, que lleva su mismo apellido y también su mismo nombre, le da una vuelta más a una trenza de rivalidad desenmarañable.

Desde las nubes de la ensoñación, Labán ya está pensando en refuerzos potentes, en entrenadores de lujo, en la mejor Noche Alba no solo de la historia de las nochealbas, sino de la historia de las noches. Quiere comprarle sillones de participación en el directorio a Mossa y Levy.

No es tan fácil, sin embargo. El sirio, que se botó a choro con Fleitas, en uno más de un largo prontuario de escándalos, hoy siente el pálpito de una posibilidad cierta: ser el salvador de Colo-Colo, ahora que sacó a Benítez y quiere traer al DT favorito de la gente. Trasladó su oficina al Monumental porque quiere estar ahí donde las papas queman, patrón de su fundo.

Esa seducción que provoca el Cacique, ese canto de sirena que enturbia la razón. El dulce saborcito del éxito, la fama, el reconocimiento, la admiración. Hasta al mequetrefe corrupto del síndico Saffie tuvo un estadio cantándole, mientras se iba por dentro. Raimundo Valenzuela, el Paila, de la calaña de empresarios que ha llegado casi de rebote a Blanco y Negro, dijo en una entrevista que estaba impresionado de estar involucrado en algo que semana a semana marcaba el pulso del ánimo nacional, que nunca antes había vivido nada similar.

Párrafo aparte para Piraña y Ruiz-Tagle, el de la familia de socios (y no vuelvan, por favor).

Esta es la trampa del off-side, que uno afila el dedo índice para salir a disparar acusaciones y se encuentra con dos cosas. Incertidumbre, no sé si uno mismo lo haría mejor ante esa clase de tentaciones espirituales. Introspección, quizás ya sea tarde, quizás ya esté pasando.

En Colo-Colo de Todos queremos tanto, pero tanto, tanto, al Club y nuestras motivaciones son tan puras que siempre estamos al borde de caer en el engaño de que somos los únicos dueños de la verdad. Estamos seguros de querer un Colo-Colo inclusivo, obvio, pero del dicho al pelotazo envenenado de los hechos, hay un trecho recorrido por pasiones momentáneas, molestias personales, quizás hasta soberbia inconsciente.

Hay que ser Manolo Neira, hay que saber retroceder para pararse justo 20 centímetros detrás del último pie rival. Y en esta materia, eso se logra abriendo bien los ojos y siendo duro con uno mismo. Hay que saber mirarse al espejo sin mentirse. Cuánto ego habrá en las columnas que escribo jueves a jueves. Cresta, la mitad de su contenido es impúdicamente autorreferente. Yo lo veo como el estilo de Nick Hornby, pero hay que ponerse atención, quizás no soy más que otro ególatra empedernido, drogándome con las felicitaciones, los likes de Facebook, los retuiteos, los comentarios.

El ego, es cierto, también es el carbón, negro y sucio, que hace andar la locomotora vieja que somos todos. Nuestros grandes ídolos, desde Caszely para abajo, han sido megalómanos enamorados de sí mismos, egoístas, oportunistas. No se puede llegar a ser estrella sin ese ingrediente, bien encaminado. Cabrones. Caciques. Basay, Espina, Sanhueza. El Tigre Sorrel, que prefería que lo dejaran afuera antes que dar su brazo a torcer y sacarse el gorrito blanco con el que tiraba pinta en la cancha.

Es lindo ser reconocido, por eso hay que manejarlo con humildad y con una especie de voz interior que te grita que valís callampa, que los que te felicitan lo hacen por ignorancia y que lo mismo te felicitan a ti que al próximo. Por el año 92 le preguntaron a Sergio Vargas por su apodo y respondió “si te la creés sos un gil”. Años después lucía una camiseta con un estampado de Superman. Gil.

Estar habilitado, mantenerse atento al movimiento del lateral que se quedó rezagado. Pero si viene un buen pelotazo al vacío, picar a toda velocidad y definir con un toque sutil por encima del arquero. No me quiero creer el cuento, nadie debería creerse el mejor, pero todos tenemos que trabajar como bestias para ser el mejor. Nos estamos rompiendo el lomo en pos del Club. Gente digitando ante promesas incumplidas, gente que hace pancartas, gente que hace trámites, mucha, mucha gente que trabaja como hormiguita para el fin superior de devolver a Colo-Colo a los colocolinos. Desde mi humilde trinchera tengo que aportar mi cuota de goles para ganar este campeonato. Escribir con el alma, esforzarme por tocarle el corazón al lector para remecerlo, despertarlo. Y si la pelota entra, apuntar al que dio el pase. En este caso, Edson Chure Figueroa, que anoche en la madrugada cuando estaba desesperado sin un tema, me sugirió hablar de la lucha de egos que tiene esta cagada. A él los aplausos, las felicitaciones, las entrevistas a la figura de la cancha.

 

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