Columna de Colo Colo: El chuncho y el león, parte 4

Nadie representa mejor al equipo de Yuraszeck como Johnny Herrera, un líder negativo al que no le gusta perder, pero que tampoco sabe ganar.

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Álvaro Campos Q
@_Alvaro_7
Columna del movimiento Colo Colo de Todos
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Por si todavía no lo has visto: El chuncho y el león, parte 3

LAS CHISPAS FLUOR
Conchesumadre. José Yuraszeck es, con todas sus letras, un conchesumadre. Eso tiene que quedar claro desde el principio.

Estamos en el presente, ahora. Uno que dejó atrás a la vieja Nueva U porque ésta quebró. Lo que viene, la tercera etapa de esta identidad a tropezones, es Azul Azul, una sociedad anónima que hoy reemplaza al club del equipo de la principal casa de estudios del país, que era estatal y de la que todos los chilenos nos sentimos orgullosos y la sentimos parte de nuestro patrimonio como nación, aunque no hayamos estudiado ahí.

Por un lado, tenemos el fin del sueño. Mientras el club que fundó Arellano todavía existe, aunque amenazado y herido, los azules no pueden hacerse socios de nada porque no existe más que la posibilidad de ser clientes de una empresa privada que hoy es dueña del patrimonio histórico del equipo porque pagó plata para hacerse de él. Por otro lado, tenemos un nivel de éxito institucional y deportivo nunca antes visto. No solo es la Copa Sudamericana y el primer tricampeonato (en torneos cortos, una racha de año y medio). Cadetes que entrenan desde chicos en el CDA, un complejo de lujo, y probablemente debutarán en el primer equipo ya jugando de locales en su estadio. Todo esto, obvio, no será de la E, será de Azul Azul, y si es que por esas cosas de la vida se fueran, se lo podrían llevar todo arrastrando el mantel, vendiendo los bienes raíces más caro de lo que valen hoy.

Si es que pasara. Si es que se fueran. Hoy, nada hace poner las fichas en ese destino como algo muy probable en el corto ni mediano plazo. Un vistazo al paisaje nos regala hinchas felices de la vida con estos niveles de triunfo (no les importaba ganar ni perder cuando perdían, pero ahora que ganan, por Dios que les importa) y, a lo más, incómodos con un personaje como Yuraszeck. Se nos achancharon los azules, se los compraron tan baratos que hasta a mí me sorprendió que fuera un proceso tan fácil.

En esta ni siquiera apelo a la nostalgia del tranquilo y caballeroso hincha de La Chile que iba al estadio y aplaudía al equipo rival una jugada buena, sino que echo de menos a los estudiantes de ingeniería que cantaban “y va a caer” en los ochenta. ¿Dónde están ellos ahora? ¿Quién toma su lugar? Si la Dictadura les hizo tanto daño como cacarean, ¿no van a hacer nada teniendo a cargo de su institución (que es de él, en realidad) a uno de los principales beneficiados del Pinochetismo? ¿Les da lo mismo? ¿Y entonces? Lo que Pinochet no le hizo a la E, sí lo logró hacer el Pinochetismo, representando a través de Yurazeck lo peor de la ideología y los antivalores que nos impusieron.

La Casa de Bello tampoco hizo mucho. En la época en que se fraguó Azul Azul, amagó un intento de queja con respecto a sus valores institucionales, pero dejó la impresión de estar más bien preocupándose de ir bien en la pará. René Orozco, que en el poder fue corrupto y dictatorial, a la luz de su profecía cumplida parece, retrospectiva y comparativamente, un ejemplo de decencia, idealismo y todas las cosas buenas que un ser humano puede ser. Los de Abajo, que protagonizaron caricaturescas escenas en su relación con el síndico Edwards, probaron a la larga que lo suyo es algo gremial. Todas las barras son iguales, a través de “la fiesta” o “el carnaval”, a través de su defensa del bombo y las cuncunas, no se esconde más que reivindicaciones laborales y salariales. Con sus buses, sus viajes, sus entradas y sus banderas gigantes, ya están: da lo mismo si el patrón que paga por su ajuar es uno u otro. Lamentablemente, esa es la razón por la que sus quejas contra el plan Estadio Seguro, que vale callampa, no son válidas.

No me pasa desapercibido que a Yuraszeck, el maricón sonriente como lo definió la esposa de Pepe Rojas, la prensa le menciona ocasionalmente el caso Chispas, pero nunca alcanzan a explicar didácticamente qué sucedió, como para que el lector tenga claro que no se trató de una mera polémica, sino de un episodio escandaloso que lo retrata como una cucaracha de la peor calaña.

Que el UDI trabajó en la dictadura y es uno de los fundadores del gremialismo sí se sabe, aunque para muchos esos datos son hasta un honor. No tan profusamente se dice que estos depredadores saquearon las empresas del Estado al privatizarlas durante los años oscuros. Con la mentira del “capitalismo popular” (la misma que usaron para vendernos las S.A. en el fútbol: que los hinchas podrían comprar acciones y así, entre todos, ser dueños de sus clubes, qué timo) empresas pasaron de ser estatales a estar controladas por corruptos que tenían todo el poder. Porque los accionistas minoritarios no podían vender sus acciones ni tomar decisiones de ningún tipo. Según la Contraloría, la privatización de la Enersis de Yuraszeck le costó al Estado 1.000.000.000 de dólares en pérdidas. El calvo, que monopolizaba la luz de Santiago, vendió la energía nacional a una empresa española. Fue un negociado que llegó a ser investigado en el Congreso, por lo cochino, pero nada impidió que el hombre recortara (al menos) 500 millones de dólares. Cuando la SVS lo multó por 55 millones de dólares por aumentar el precio de las acciones, seguramente pagó con el vuelto que llevaba en los pantalones. Más plata fueron los 85.000.0000 que perdió el Estado en el caso Corfo-Inverlink, en 2003, donde el chanchullo implicó información reservada desde el Banco Central y fraudes varios.

El tipo gana o gana. Hasta cuando pierde gana, y eso a muchos hinchas de la E o les gusta o al menos los alivia. Lo ven como un 5 que, aunque pegue mucho, mejor tenerlo de tu bando que haciendo el trabajo sucio en tu contra. No creo que haya llegado al mundo del fútbol por ambiciones económicas, sino a lo mismo que llegaron todos estos hijos de puta: a lavar su imagen y quedar grabados en la Historia grande. A ser amados y aclamados por las multitudes. A que haya guaguas y calles a las que bauticen con sus nombres.

Sabido es que es uno de los que estuvieron detrás de la chanchada que le hicieron a Mayne-Nicholls. En las reuniones donde se fraguó la conjura, otro de los protagonistas había sido abogado querellante en el caso Chispas, por lo que había dudas de que todo funcionara. Pero Yuraszeck le llegó con una botella de su viña Undurraga (yo no compro nunca más ese vino) en señal de buena voluntad, y ahí todos supieron que la cosa iba en serio. Claro, las rivalidades eran pasado, lo importante era ganar. Una vez derrocado Harold y renunciado Bielsa, ninguno de las personas a cargo de los clubes grandes se sentó en la cabecera de la ANFP, así que pusieron a Jadue a dar la cara. Tampoco mandaba Federico Valdés en Azul Azul (él era el presidente de la época en que les iba mal) ni Arturo Salah en Blanco y Negro. A Jadue lo iban a ayudar sus socios, porque eso eran, socios. Hasta que el azul le entra en plancha a los directores de Blanco y Negro después de levantarle jugadores, y se mete en una disputa con el presidente de Cruzados S.A. Claro, las alianzas eran pasado, lo importante era ganar. Por eso le pelea a la misma Selección, a la que supuestamente debería ayudar para acallar el recuerdo de su complot. Ganar siempre, en cada pasada. Si Yuraszeck está en un juicio por malversación de fondos y en la sala de espera alguien lo desafía a un partido de ajedrez para matar el tiempo, va a querer ganar. Y probablemente, va a hacer trampa descaradamente para conseguirlo porque esa es su naturaleza.

ES EL EQUIPO DE YURASZECK
Digo todo esto mientras el hincha de la E está haciendo afiches sobre el Superclásico. Está usando palabras bien feas y misóginas. Y está poniendo fotos de las goleadas históricas que nos han calado. 4 goles, 5 goles, 4 goles, toma, ahí tenís, chúpatesa. Mano abierta en el camarín.

Qué rico se debe sentir estar dopado por el éxito, en vez de estar sumido en el drama de que lo que más quieres te lo hayan robado para siempre. Si el hincha de La Nueva U era pesado y exitista, el de Azul Azul, el hincha flúor, el nuevo rico del fútbol chileno, este es un bestia insoportable. Un energúmeno triunfalista, gritón y poco reflexivo (nada reflexivo).

A propósito, ¿alguien cree que un tipo como Mariano Puyol sería querido por el hincha actual? ¿Al menos un Luis Musrri? No poh, en la era Sampaoli ambos serían mandados de puntapié por malos. Porque, dicho sea de paso, qué pedazo de equipo era. Una máquina que le pasó por encima a todo el continente. Cómo corrían, cómo goleaban, cómo metían. Eran impresionantes.

El punto, insisto, está en cómo este éxito tiene completamente desensibilizado al hincha con respecto al robo de su club, que ya no existe. Campeonatos y declaraciones tribuneras, harta demagogia, harta camiseta arrojada a la galería, harto beso en la herradura y estaríamos listos. ¿Tradiciones? El único atentado contra la tradición que pareció indignarlos en serio fue la camiseta flúor. Qué camiseta más fea, además. Un amigo azul me dijo que esas camisetas las sacaron para venderlas como pan caliente a los flaites. El lumpen que le entraron a disputar a Colo-Colo. La clase de gente que le roba el reloj a un exjugador mientras da declaraciones a la entrada del estadio. Fue muy chistoso. Lo documentaron las cámaras. Era el Matador.

Este hincha, decía, está metido hasta las patas en el dulce placer del triunfo frenético. Antes de que se le caigan los dientes con el porrazo que se va a pegar cuando la rueda de la fortuna lo lleve de nuevo al pan duro, está dándose el gran gusto. Sabe que tiene equipo. Confía en que el domingo van a ganar en el Monumental porque sabe que su plantel es objetivamente superior. Por eso, no por otra razón, ellos confiaban en darlo vuelta en la final con Católica después de un 2-0. Por eso, no por otra razón, actuaron de manera muy distinta cuando la ida de una semifinal contra Colo-Colo arrojó el mismo 2-0. En el clausura del 2007 la hinchada abandonó a su equipo cuando después del gol del Grillito perdió toda ilusión de darlo vuelta.

Terminaron el partido, tal como lo hicieron en el último clásico universitario. Ese encuentro ya tenía ganado su lugar entre estas líneas desde antes de jugarse, cuando Igor Lichnovsky dijo, a sus tiernos 19 años, que con Católica no era clásico. Así de profunda ha sido la desinformación y la amnesia. La nube de humo de la pasión y el aguante no dejó nada tras su paso. Si La Nueva U mató al chuncho, esta versión Azul Azul flúor enterró el cadáver muy lejos.

HERRERA
Esta nueva fase es asquerosa. Y si Leonel Sánchez es símbolo del Ballet, o Mariano Puyol de la larga sequía de pan y cebolla, nadie representa mejor al equipo de Yuraszeck como Johnny Herrera, un líder negativo al que no le gusta perder, pero que tampoco sabe ganar. Probando lo desarrollado anteriormente, se declara más anticolocolino que de la E. Da lo mismo que sea homosexual, y ojalá salga del closet para enseñarle una lección de tolerancia a tanto machista retrógrado que hay en el fútbol. Tampoco me molesta que tome. Pero su actitud, sus declaraciones, sus mediáticas peleas, su forma de conducirse en la vida, son insoportables. Qué fácil era haber manejado todos sus líos judiciales con un poquito de los valores extraviados con el chuncho: humildad, decencia, caballerosidad. En lugar de eso, tenemos a un idiota que da vergüenza ajena, simplemente una mala persona. Mientras habla frente a los micrófonos sobre cumpleaños de cabrochico, mientras las imágenes lo reiteran golpeando el techo de la camilla, yo pienso en la familia Casassús Matamala. Se me aprieta el corazón al imaginarlos viendo el noticiero y presenciando el grotesco espectáculo del arquero. En vez de seguir su vida cultivando el bajo perfil, Johnny se pasea burlesco, pecho al frente, socarrón, desafiante, peleador, olvidándose por completo de que es presenciado día a día por quienes deben comparar la vida que lleva con la que llevaría Macarena Constanza si aún la tuviera.

Y aquí, como corolario, viene lo peor. Porque, mal que mal, la cagada de Herrera es en esencia irreversible. Pero la reacción de los hinchas que lo idolatran y le perdonan todo es otra cosa. Las barbaridades que me ha tocado leer. Cómo justifican lo injustificable una y otra vez. Desde los más higiénicos que tiran precisiones legales para deshumanizar el caso lo más posible, lo más lejos del sentido común (a ver si lo harían si el atropello lo hubiera cometido un jugador de, digamos, Huachipato), hasta los más violentos y descorazonados, insultando a la víctima y a su familia, difamándola a ella por haber venido carreteando, y a ellos por haber aceptado compensaciones económicas. Claro, unos verdaderos cazafortunas. He leído cosas que prefiero no reproducir, para dejarlas morir como un grito más en medio del ensordecedor ruido.

Que sigan adelante, pasando por encima de normas deportivas, éticas, judiciales, haciendo y deshaciendo, una aplanadora sin Dios ni ley. Y sus hinchas, mientras les sigan entregando los triunfos que pasaron tanto tiempo envidiando y añorando, bien gracias. Sacando agua de las piedras con cualquier argumento que los defienda o relativice sus culpas. Tal vez el futuro del fútbol sea así, y seguro el futuro del mundo será de tipos como Yuraszeck y Herrera. Qué ganas de estar equivocado.

 

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