Eduardo Berizzo: El discípulo que continuó con la utopía de su mentor

El ex ayudante de Marcelo Bielsa llegó sin nada a Chile. Con poco se hizo camino y a dos años de su llegada a Rancagua logró lo que nadie había alcanzado en 58 años.

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La utopía de Berizzo llegó a su feliz estación final (Agencia Uno).

El Gráfico Chile

Si algo sabía de Chile Eduardo Berizzo fue porque compartió camarín con Pablo Contreras en el Celta de Vigo entre 2003 y 2005.

Cuando se retiró del fútbol y decidió emprender la carrera técnica, el Toto conoció a Chile en profundidad. Junto a Luis Bonini, Berizzo fue el principal discípulo de Marcelo Bielsa, cuando el Loco dirigió a la Roja y la llevó al Mundial de Sudáfrica 2010. 

Tras la salida del rosarino de la banca de la Selección, el discípulo continuó su camino en solitario. Inició su carrera en Estudiantes de La Plata, pero no le fue bien por los malos resultados. Allí, Rancagua fijó sus ojos en él, y él creyó en el proyecto deportivo. Así nació un amor interminable. 

Marcado a piel por las ideas futbolísticas de su mentor, Berizzo no tuvo otra opción que seguir la filosofía del fútbol de ataque y de la insoportable posesión del balón. Y así fue.

Con apenas un semestre dirigiendo en la banca celeste, el Toto logró lo que nadie había alcanzado: llevar a O’Higgins a su primera final de campeonato. La historia es muy fresca, y nadie olvida que los rancagüinos estuvieron a dos minutos de levantar su primera corona.

Tras la dolorosa caída, pocos apostaron a que Eduardo Berizzo podría repetir tal campaña, sobre todo cuando el entrenador había perdido a sus principales figuras: Enzo Gutiérrez, Ramón Fernández, Luis Marín y Juan Rodrigo Rojas. Todos en la U.

El trabajo silencioso continuó. Berizzo jugó la Copa Sudamericana pero cayó inapelablemente ante Cerro Porteño. El Clausura fue peor. Finalizó decimocuarto y sin play-offs.

En el torneo de Transición la cosas no anduvieron tan mal. Berizzo logró armar un buen grupo, pero le faltó madurez y coraje para definir en las últimas fechas. Terminó cuarto.

El Apertura parecía ser la última aventura de Berizzo en Rancagua. El buen fútbol del argentino sedujo a varios clubes de la capital al punto que el argentino estuvo a punto de emigrar de la Región del Libertador.

Pero Berizzo preparó un equipo que ya tenía rodaje. Lo hizo madurar y creer que todo es posible. En silencio y sin mucha exigencia, el Toto conformó un grupo que volvió a enamorar. La presión, el manejo de balón y la solidez en sus líneas llevaron a O’Higgins conseguir su primera estrella celeste.

Durante toda la campaña, Berizzo no oculto sus emociones y admiración por el grupo de jugadores: “Si hoy estamos aquí, peleando el título es única y exclusiva responsabilidad de los jugadores. Ellos son los responsables de esta ilusión”.

La estadística dirá que el discípulo de Bielsa logró lo que no pudieron alcanzar 53 de sus colegas…conseguir la primera estrella para O’Higgins.

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