Columna de Colo Colo: La democracia

En las elecciones anteriores ya había habido votos por Barti. Ahora también, y consignas escritas en diversas papeletas. Queremos gritar nuestra voz.

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Imagen foto_0000000120131219142356.jpgÁlvaro Campos Q
@_Alvaro_7
Columna del movimiento Colo Colo de Todos
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@ColoColodeTodos

Si las elecciones son la fiesta de la democracia, la del domingo pasado fue una de esas fiestas incómodas en que los pocos asistentes van para evitar hacerle un desaire al dueño de casa, del que ni siquiera son tan amigos, quemando los minutos antes de arrancar con alguna excusa.

Tuve tiempo de pensar. Ser vocal de mesa no es tan grave como podría parecer, el principal enemigo no es el cansancio ni el calor, es un tedio insoportable de sentir el paso del tiempo, un bloque de cemento empujado por bueyes.

Ambos resultados eran esperables. La avasalladora mayoría de Bachelet no sorprendió. La avasalladora cifra de abstención tampoco, los expertos en el tema saben que la participación baja en las segundas vueltas y, sobre todo, cuando hay una sensación de carrera corrida.

Y el descontento, por supuesto. No sé si las instituciones de la República estén en una crisis de representatividad, pero es cierto que estos clientes en que nos convirtieron no nos sentimos tentados por las ofertas de marketing en que los centros de estudios han convertido todo este juego democrático. Voté sin estar del todo convencido en que mi candidata, mi Presidenta, haga los cambios profundos que necesitamos. Ni de que los hijos de puta dejen de ser tan hijos de puta. Tal vez no hice más que votar por el continuismo y la corrupción.

Las editoriales de la ultraderecha (que por motivos de focus group se refiere a sí misma como “centroderecha”) escupen el asado enfocándose en la abstención. Tímidamente asoma el debate sobre voto obligatorio. Nunca me gustó que el voto pasara a ser voluntario, porque votar es un derecho y un deber, pero ahora también creo que el voto obligatorio favorece la continuidad, y eso no es bueno para la democracia.

Me importa la democracia y sospecho que a muchos no les gusta, aunque no sea políticamente correcto reconocerlo abiertamente. Les es molesto que hablen los iletrados, los ignorantes, los termocéfalos. Por eso, cuando la gente deja botadas las urnas, sospecho que no son pocos los que sonríen.

Así estaban en Colo-Colo, en una cuenta regresiva hasta que los últimos quince se cansaran y se fueran. Les quedaba poco. Pero abrimos los ojos a tiempo y nos armamos. De armazón, y de armadura.

Las elecciones del 2014, obvio, van a ser a todo trapo. Habrá prensa, parafernalia, gente robando cámara, muchos grupos tratando de llevar agua para su molino, alegatos, peleas, gritos, hueveo. Va a haber ruido porque va a haber vida.

No sé cómo será la siguiente, en cuatro años más. O la siguiente. Pienso en 2022. Se entiende el punto. Hay una efervescencia de participación, de ciudadanos empoderados, socios en este caso, cuya durabilidad abre paso a mis sospechas.

Si todo el proceso se desacelera y nos llenamos de morosos y desinterés, ¿de quién será la responsabilidad? ¿de ellos por su cartón y se cero aguante o de las autoridades del Club por no incentivarlos, no venderles un sueño?

Veremos cómo se van dando las cosas. Nos quedamos cargando pilas.

En las elecciones anteriores ya había habido votos por Barti. Ahora también, y consignas escritas en diversas papeletas. Queremos gritar nuestra voz. Los despachos de los noteros muestran una polera roja que dice “Fuera Blanco $ Negro. Colo-Colo para los colocolinos”.

Viene una camiseta nueva (me encantaba Umbro). Viene una temporada nueva a la cual ponerle fe. Viene el Tito Tapia empoderado, con un Riffo que no se dejó pasar a llevar en las negociaciones. Vienen los jugadores que terminaron bien el año pasado. Viene la gente al estadio, porque ni cuando dimos lástima dejaron de venir. Viene Colo-Colo. Vienen las filiales. Vienen los socios. Vienen las reivindicaciones sociales. Viene la democracia y las voces de muchos.

A un año de las columnas de Colo-Colo de Todos en El Gráfico, vamos a parar por primera vez. No lo hicimos durante dos vacaciones, pero en esta ocasión vamos a recomponernos para volver en enero con más fuerzas. Va a ser lindo el próximo año. Es 14. El 14 de los blancos.

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