Columna de Colo Colo: Ilusión

"Este 5 de enero ya empezamos de lleno un nuevo campeonato, con el insoportable calor reinante", dice José Miguel Sanhueza.

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Agencia uno

Por José Miguel Sanhueza

@albohemio

Columna del movimiento Colo Colo de Todos
FB de Colo Colo de Todos
@ColoColodeTodos

5 de enero. En los años anteriores por estas fechas estábamos conformándonos con goles europeos y resúmenes refritos de goles y chascarros del año anterior, esperando las primeras Copas Gato y amistosos de pretemporada, y recorriendo los noticiarios esperando saber algo de nuestro amado Colo-Colo. Tiempo de comerse las uñas con la teleserie de los refuerzos (que los últimos años ha estado lejos de finales felices), especulaciones con posibles formaciones, y ansias de que llegue la Noche Alba y luego el torneo.

Por el calendario europeo, este 5 de enero ya empezamos de lleno un nuevo campeonato, con el insoportable calor reinante. La gente vaya que respondió, como ha sido la tónica en estos años. En el Monumental la ilusión se podía oler en el ambiente. Quizá por la ratificación de un cuerpo técnico de gente querida, de la casa, que logró levantar al equipo en el último tramo del año pasado. Quizá porque por fin de una vez por todas se esté trayendo lo que pide el técnico y no el “crack” que el gerentillo de turno vio una madrugada en Youtube. Quizá simplemente por la mentalidad “año nuevo, vida nueva” con que solemos arengarnos.

En fin, por la razón que sea, 18 mil dijeron por los altoparlantes, al menos 25 mil dice cualquier “ojímetro” sensato que ve un estadio de 44 mil personas lleno hasta por lo menos más de la mitad de su capacidad. A pesar de los precios dignos de turista japonés, y la incapacidad de organizar un acceso medianamente expedito y no vejatorio para el hincha.

Yendo a lo futbolístico propiamente tal, más allá de las ilusiones, el primer tiempo se encargó de demostrarnos que aún falta mucho por mejorar. Colo-Colo comenzó el partido buscando el arco rival, concentrando el ataque principalmente por el sector derecho vía Fuenzalida. Pero con el correr de los minutos se fue volviendo predecible, y con poco peso en el área, incapaz de generar variantes para penetrar a un muy cerrado conjunto itálico. Colo-Colo sigue dependiendo excesivamente de qué tan iluminado ande Emiliano Vecchio, y cuando éste no anda fino, se nota. Un primer tiempo pobre como espectáculo, que debió haber terminado 0-0 de no ser porque Audax fue capaz de aprovechar una pelota detenida (quizá su principal cualidad) y poner un 0-1 que caía como balde de agua fría.

Afortunadamente, en el segundo tiempo hubo capacidad de enmendar el rumbo. Sin caer en la ansiedad y el desorden de otros momentos de nuestra historia reciente, el equipo logró una mejor dinámica, con un mayor compromiso ofensivo por parte de los laterales, armándose buenos entendimientos entre Pavez-Delgado (que apareció en el segundo tiempo), y Fierro-Fuenzalida. El posterior ingreso de Vidangossy permitió también introducir mayor sorpresa y variantes a un mediocampo estático y desordenado durante los minutos de Emilio Hernández (improvisado ahí ante la suspensión de Baeza y la no-habilitación de Valdés).

El gol de tiro libre de Fierro, y el golazo postrero de Felipe Flores fueron finalmente justos premios a un equipo que nunca dejó de buscar el partido. Muy bien sobre todo por Flores, que ha sido de los principales focos de las críticas (excesivas a veces, justificadas la mayor parte), pero que se ha logrado ganar la confianza de Tapia y Riffo, pagando con goles importantes. Bien por él.

De lo visto ayer, sin duda que es rescatable la actitud mostrada para sacar el partido adelante frente a un equipo itálico que vino a meterse atrás y hacer su negocio, lo que se espera que haga un equipo promedio del fútbol chileno en el Monumental. Destacable también no haber caído en el desorden y la histeria colectiva que últimamente nos secuestraba cada vez que el marcador se ponía en nuestra contra. Muy alentador también el excelente debut de Barroso: más allá de un par de desaplicaciones menores en el primer tiempo, estuvo sólido y atento en los cruces, aportó orden y claridad a la defensa, se entendió bien con Lucho Mena y el resto, y confirmó aquella máxima que dice que los tipos verdaderamente buenos no necesitan grandes períodos de adaptación.

Esperamos poder mantener la ilusión, pero para eso faltan todavía varios pasos por dar. Es imprescindible resolver prontamente los refuerzos, en especial el hombre de área (ojalá Paredes). También es necesario ir trabajando nuevas variantes ante equipos que se metan en su propia área: rematar más de distancia, meter más diagonales, etc. Habrá que ver si Valdés logra aportar al respecto, y contribuir a que no dependamos tanto de Vecchio.

En resumen, falta mucho por trabajar todavía, pero había que empezar con el pie derecho y sacar la tarea. Y se hizo. La ilusión que nos trajimos de Macul viajará, intacta, a la V Región, luego volverá a Santiago, y seguirá viva más allá de triunfos y derrotas.

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