Columna de Colo Colo: Uno propone y otros disponen

"El retorno de Paredes más la caída de las universidades y los empates de Unión y O"Higgins empujaban irremediablemente hacia el Monumental".

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Colo Colo no pudo ganar en casa. (Agencia Uno)

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El partido contra Antofagasta se presumía especial para la gran mayoría de los hinchas colocolinos. El retorno de Paredes más la caída de las universidades y los empates de Unión y O’Higgins empujaban irremediablemente hacia el Monumental. Así lo entendimos más de 40.000 hinchas que llegamos con la idea de presenciar una fiesta, aquellas a las que estábamos acostumbrados y que lamentablemente escasean bajo la actual administración.

El hincha debe tener mesura, no es un equipo nuevo. No basta con tener ganas porque, si fuera por eso, habría que darnos el trofeo de inmediato: no hay equipo que tenga más ganas que nosotros de salir campeón.

Este es el mismo terno del año pasado. A no sorprenderse con que un equipo menor nos arruine la fiesta, si el mismo Everton, candidato fijo a la B, nos había complicado.

Hay cosas que nos van a generar más problemas. Veo egoísmo. Creo que Paredes va a chocar con un Vecchio que no está preparado para perder protagonismo, y lo sintió. Lo noté en el estadio porque lo observé mucho. Tanto como observé los centros de aquel partido contra Unión en Santa Laura, uno que a mí no se me olvida.

Otro caso me espanta, me preocupa y me llama la atención: la humildad de Valdés. Yo, en su lugar, antes de viajar a Chile me hubiera mandado a hacer la jineta. Me hubiera comprado zapatos que acá no existan. Hubiese llegado con 8 autos y con una señora enchulada. No, como el Pájaro, apocado, pidiendo compartir habitación con Paredes y mostrando timidez en la cancha.

Pese a que me gusta lo que hace Riffo con la defensa, no me gusta Tapia. Le falta trabajo y hay cosas que no ve porque tiene poca experiencia. El fútbol no sólo es tocar: hay que tocar con movilidad, porque hoy se toca, se abre y están todos parados. El único que se mueve es Felipe Flores, y para su pesar y el nuestro, es malo. Falta trabajo. Se puede ver en las pelotas detenidas y en los centros.

Entonces, el gol de Antofagasta en los descuentos no me pareció nada sorprendente. Sin embargo, aquel tanto sólo terminó por ahogar una festividad que hacía agua desde el inicio.

Primero, el sistema de venta a través de Ticket-express amargó a muchos con sus reiteradas fallas, que se agudizan si usted es de aquellos “locos lindos” que planean adquirir un ticket con descuento de socio.

Si zafó en la compra, el eterno trámite para ingresar al estadio tomará la posta e intentará amargarle la jornada: validar entrada, cortar entrada, validar cédula de identidad, revisión exhaustiva, segundo corte de entrada, acompañado de nuevos aparatos validadores de tickets que en palabras de los propios trabajadores “son más lentos que los antiguos”, todo en espacios reducidos, amontonados, maltratados. Cuando un espectáculo es de alta convocatoria, como el de ayer, el sistema termina por colapsar y muchos hinchas ingresan sin validar ticket, ni cédula, ni nada. Una molestia para el público y un fracaso para la autoridad y los organizadores.

El retorno a casa se transforma en otro inconveniente más. El que utiliza transporte público se enfrentó a la escasa movilización sin derecho a soñar con un plan de reforzamiento; el que asistió en vehículo propio jugó un tercer tiempo completo intentando salir de los estacionamientos por una sola puerta habilitada.

La guinda de la torta fueron los problemas de seguridad que se produjeron en el entretiempo. Ni los organizadores ni la autoridad pueden desviar la mirada frente a la denuncia de alarmante deficiencia en los procesos de selección, formación y métodos de trabajo del personal de seguridad contratado por los administradores del fútbol. Con todo el respeto que merecen las personas, la seguridad que antes ofrecían fuerzas de orden no pueden intentar ser reemplazadas por dueñas de casa o jubilados, ni menos por algún desubicado que encuentra divertido provocar a un barrista.

Pudo ser una fiesta, pero otros dispusieron lo contrario. Y no estoy pensando sólo en Michael Silva.

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