Columna de Colo Colo: Es un crack

"Papá yo soy del Colo porque soy bueno para la pelota", parte contando Claudio Pérez.

Por

 

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Agencia Uno

Por Claudio Pérez

@cperezoso

Columna del movimiento Colo Colo de Todos
FB de Colo Colo de Todos
@ColoColodeTodos

“Papá yo soy del Colo porque soy bueno para la pelota, soy el más rápido de mi curso, porque me como toda la comida, y porque soy el mejor, ¿sabías eso?

¿Y tú porque eres del Colo papá?”

Conversar con mi hijo de seis años me ha hecho reflexionar sobre esta pregunta. De verdad me he tomado en serio la tarea. A Matías le reitero que, más que el argentinizado “lo dimos vuelta”, nuestra historia nos enseña que “de atrás pica el Indio”. La grandeza de Colo-Colo, sus triunfos y hazañas me han permitido explicarle con hechos concretos lo que significa. Me doy cuenta de que, aunque difícil de explicar, es muy fácil heredar la pasión que inunda a la inmensa mayoría del país.

Recuerdo cuando fui a amnistiarlo como socio del Club Social y Deportivo, no de Blanco Y Negro. Él sabe la diferencia, porque luce orgulloso su polera con la leyenda #Fuera Blanco y Negro. La lleva al colegio, a sus actividades, e incluso en los peores momentos deportivos vividos durante estos años, después de dolorosas derrotas, él ha decidido ir a la plaza donde juega con sus amigos a lucirla, a sabiendas que podría ser molestado.

A uno como padre le preocupa, le duele que él sufra con fracasos deportivos provocadas por oscuros personajes que sin identidad alguna, han mancillado nuestro honor y nuestra historia.

El año pasado, el Popular jugaba de visitante un amistoso en el norte, lo estábamos viendo por TV en su pieza, en la noche, y comenzamos ganando 1-0. Al rato el sueño fue más fuerte que él y se durmió en mis brazos. Al despertar al otro día me preguntó “¿y cómo nos fue?”. No supe qué decir. Habíamos perdido 2-1. Lo miré a los ojos y comencé a divagar sobre la historia del club. Entendió mi respuesta y dijo de inmediato: “papá, si yo jugara en Colo-Colo no perderíamos como lo hacen estos malos. Además, no saben correr y yo soy mejor que ellos”.

Y tenía toda la razón mi hijo, él es mejor que muchos de esos lamentables paquetes que nos han hecho vivir tantas vergüenzas, porqué él entiende lo significa ser del Colo, porque lo he visto bajar su mirada de dolor tras una derrota, porque él es de la generación que no vivió los triunfos históricos, pero que igualmente viste orgulloso su camiseta, él es de la generación que deberá recuperar y refundar el Club Social y Deportivo, una generación que dirá ¡basta!, una generación que se ha instruido sobre el capital sociocultural de Colo-Colo. Son ellos, esos pequeños genios que recitan el himno de memoria los que nos engrandecen.

Más adelante sabrá, seguramente cuando aprenda a leer de corrido, que su padre, pensando que lo protegía, varias veces le dijo que Colo-Colo había quedado libre, que no había jugado esa fecha. Que ante su consternación, sólo le respondía “esas son las ventajas de ser el más grande”.

Lo que uno es capaz de hacer.

Matías siempre me corrige cuando lanzo chuchadas al viento, a diestra y siniestra, sobre todo cuando veo al Cacique por TV. Era verano y el insoportable calor de Santiago obligaba al torso desnudo. Jugábamos uno de esos amistosos vitivinícolas en alguna provincia y, como parte de nuestra cábala y tradición, lo estábamos viendo en la pieza de Matías. Terminó el encuentro y yo puteaba de lo lindo a la manga de vagos que había hecho que perdiéramos con la contra, ante sus ingenuas correcciones. De pronto, lo veo colocarse un pijama de polar, sí, de polar, con cerca de 30 grados. Cuando lo mandé a ponerse otro y me respondió, me quise morir. “No pa’, ¡en las malas mucho más!”. Era su pijama de Colo-Colo.

Con mi hijo permanentemente hablamos de fútbol, y uno va notando su crecimiento. Sabe que ambos de manera cómplice debemos pelear contra los miedos de su madre y abuelos por la ida al estadio, sabe que su pieza, por ahora y por siempre será nuestro rincón especial. Ahí, entre sus superhéroes regados por el suelo, él va construyendo sus nuevos ídolos.

El otro día me reconoció que para él sólo Luis Mena era un héroe, a los demás aún les falta correr más y querer más a Colo-Colo. Así habla mi hijo. Es un crack.

Hace poco conversábamos de las camisetas que tengo guardadas en un clóset. El quería jugar con ellas, ponérselas, mostrárselas a sus amiguitos. Yo siempre de manera media bruta le he dicho que prefiero que no lo haga. Y él cree fehacientemente que su papá colecciona camisetas. No, Matías, no colecciono camisetas, simplemente son mi mejor herencia para cuando ya estés en condiciones de llevarme tú a la cancha, y yo pueda apreciar cuán bellas se ven cada una de ellas en el torso del mejor jugador que pudo haber tenido Colo-Colo.

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