Columna de Colo Colo: Tapia Montenegro

Observando a nuestro DT me acordé de su papá, don Héctor Tapia Montenegro, un colocolino en serio.

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Por Pablo Acchiardi
@pacchiardi
Columna del movimiento Colo Colo de Todos
FB de Colo Colo de Todos
@ColoColodeTodos

 

Durante el partido del domingo me detuve a mirar a Héctor Tapia. Íbamos 4 a 2, el partido estaba más bien controlado y se respiraba una tranquilidad que daba para fijarse en detalles que en otras ocasiones solemos dejar de lado. Observando a nuestro DT me acordé de su papá, don Héctor Tapia Montenegro, un colocolino en serio, de esos que poco antes de la quiebra le pasó plata a Colo-Colo sin exigir documentación a cambio. No era necesario, el Club lo necesitaba y no era el momento para fijarse en esas cosas. Esta era su familia y cuando la familia a uno lo necesita, no es de buen gusto andar pidiendo garantías. Claro, él no previó que tras la quiebra llegaría el síndico Saffie, un personaje completamente ajeno a los valores familiares que Tapia Montenegro conocía, y no le reconoció la deuda. Su hijo, entonces, leal como correspondía, se negó a trabajar con ese personaje y se fue de la institución, entre polémicas y sin dar mayores explicaciones públicas. El tiempo le dio la razón.

El tema no era la plata. Al parecer, ese no era su norte. Sin haberlo conocido, y sólo teniendo referencias de él a través de la prensa, me atrevería a decir que para él el dinero era consecuencia de un trabajo honesto bien hecho, y no un objetivo en sí mismo. Avala mi hipótesis el momento en que por primera vez supe de él. Fue el ’95, cuando la Selección Sub 20 llegó del Mundial de Qatar, mordiendo el polvo de una decepcionante participación (no sólo quedaron fuera en la fase grupal, sino que fueron incapaces de ganarle a Burundi). Los jóvenes que habían cautivado al país hacía escasos 2 años ahora debían dar explicaciones por haber recibido incentivos económicos de especuladores asiáticos. Héctor Tapia hijo estaba en esa Selección y, por supuesto, al igual que el resto de los jugadores fue acosado por la prensa al momento de volver a Chile. Todos (o casi todos) se quedaron callados. Excepto Tapia, quien obedeció la orden que en el mismo aeropuerto y frente a los periodistas le dio su papá: “Hijo, diga la verdad”, sentenció.

De eso me acordé el domingo pasado mientras miraba a Tapia. Me pregunté entonces con cuánta fuerza estará rondando en la cabeza de nuestro DT la figura de su padre. ¿Se preguntará acaso qué le diría al ver que ha conseguido llenar la Ruca? ¿Pensará en él cuando hace declaraciones más humildes que tribuneras? ¿Cuánto habrá pesado ese recuerdo en los momentos en que Blanco y Negro quería encajarle refuerzos de dudosa procedencia sólo para que algún intermediario sacara una buena tajada? ¿Habrá rechazado parte de esa tajada a cambio de traer verdaderos aportes?

La imaginación no me dio para figurarme respuestas que pudieran parecer convincentes, pero me gusta creer que gracias a Tapia padre tenemos hoy en la banca a un tipo honesto. Puede que no ganemos ningún título con él pero, si estoy en lo correcto, en Colo-Colo hemos ganado en decencia, un valor muy escaso en tiempos que nos acostumbraron a directores de la concesionaria judicial y moralmente cuestionados, secundados por un vocero mentiroso que cree que los hinchas somos estúpidos.

Fue sólo unos días antes de un partido contra Huachipato que falleció Tapia Montenegro. Me pareció prudente recordarlo aquí hoy, unos días después de otro partido contra ese mismo rival. A partir de entonces, Tito comenzó a celebrar sus goles dedicándolos al cielo con sus dedos índices. Hoy los goles no los convierte él, lo que no impide que seamos nosotros quienes le demos las gracias a su padre.

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