Mario Lepe: "A Naval le voy a ganar en Tribunales"

El club “chorero”, hoy sociedad anónima, no sólo terminó unilateralmente el vínculo con el ex volante cruzado, sino que lo acusó de haber faltado reiteradamente a su contrato.

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Lepe niega todas las acusaciones y dice que “me sobran testigos dispuestos a desvirtuar cada una de las falsedades que de mí se han dicho”.

Por Eduardo Bruna

“En el fútbol nunca me había pasado algo así”, dice Mario Lepe, ex volante de Universidad Católica y la Selección Chilena, que vio terminado tempranamente su vínculo de director técnico con Naval a sólo meses de haber asumido.

Porque se instaló en la banca “chorera” a mediados del año pasado y supuestamente hasta el 2015, sólo que con la llegada del nuevo año se produjo el cortocircuito que le significó retornar mucho antes de lo previsto a Santiago y sumarse a esa lista de entrenadores que, torneo a torneo, pasan a engrosar la lista de los cesantes.

Hoy, en juicio con la tienda de Talcahuano que ya no tiene vínculos con la Armada, como antaño, deberá luchar en tribunales contra una sociedad anónima. Sistema que, se suponía, iba a ser la gran solución para acabar con los problemas económicos endémicos del fútbol.

“Todo está en manos de un abogado que me defenderá y representará en el juicio. El señor Fernando Rojas, presidente del directorio, me hizo acusaciones muy graves para no pagarme la indemnización que me correspondía, pero en Tribunales quedará en claro que si alguien faltó al contrato fue él y no yo”, dice Lepe.

-Te acusó de no ir a algunos entrenamientos, de llegar tarde reiteradamente.
Todo eso es falso, y quedará demostrado una vez que parta el juicio. De eso no puedo hablar mucho, por instrucciones de mi abogado, pero sí te puedo decir que hay mucha gente que se ha ofrecido para ir a atestiguar a mi favor y desmentir esas acusaciones.

-También dijo que habías llegado con un cuerpo técnico de once personas.
Otra falsedad. Al único que llevé fue a Iván Endre, que era mi ayudante de campo. ¿En qué cabeza cabe que iba a llegar a Naval con once personas cuando ni el Real Madrid tiene un cuerpo técnico tan numeroso?

-El otro cargo que te hizo es que pedías los mejores hoteles, las mejores comidas, los mejores buses para los traslados…
Sólo pedía hoteles decentes, comida para futbolistas que van a estar sometidos a un gran esfuerzo físico y buses que no quedaran en panne en plena carretera. Porque aunque parezca una exageración, más de una vez nos instalaron en hoteles que ni luz tenían. O nos llevaron a restaurantes pésimos. Te digo más: cuando veníamos a Santiago nos quedábamos en el hotel del complejo deportivo Fernando Riera, que queda enfrente de Juan Pinto Durán, y para mí era perfecto. No será un 5 estrellas, pero tiene buenas camas y buena comida. Cualquiera creería que yo exigía concentrar en el Hyatt o en el Sheraton…

-Como se te identifica con Universidad Católica, a lo mejor pensaron que esas acusaciones iban a ser absolutamente creíbles…
Yo sólo puedo decir que nunca hice exigencias desmedidas o descabelladas. Cuando estuve en las series menores de Universidad Católica y debíamos viajar tampoco íbamos a hoteles o restaurantes de lujo. Muchas veces, la mayoría, íbamos a pensiones y comíamos en lo que se denomina picadas. Pero las pensiones eran limpias y las picadas nos proporcionaban una buena alimentación, adecuada para atletas. Aceptar cuchitriles y comida de mala calidad es impropio de futbolistas profesionales y de un técnico que, como yo, siempre ha creído que es necesario dignificar la profesión.

-Si las acusaciones que te hicieron no se sostienen, ¿no serán entonces una simple excusa para terminar anticipadamente tu contrato porque la campaña no satisfizo las expectativas?
Hasta diciembre del año pasado la campaña del equipo fue absolutamente normal. Es más: estuvimos a punto de meternos en el grupo de arriba y sólo por un resultado adverso no pudimos. Sin embargo, apenas sumamos tres puntos menos que en el campeonato anterior a esa misma altura. En otras palabras, no se puede hablar de desastre ni mucho menos. No cuando, además, en plena concordancia con el directorio a comienzos de año se fueron diez jugadores del plantel. Algunos por bajo rendimiento y otros por indisciplina. La idea era reemplazarlos por juveniles a los cuales yo conocía bien, porque iba siempre a verlos jugar, y con muchachos de Fernández Vial que habían ganado el campeonato de Tercera.

-No fue así, finalmente.
No, porque el único jugador que yo pedí especialmente fue Matías Grandis, lateral volante de Unión Calera que actúa por la banda derecha. El presidente, en cambio, decidió contratar por las suyas a tres muchachos argentinos a los cuales yo ni siquiera conocía. Como yo ya no hablaba con él, fui donde el gerente para plantearle mi molestia por esa decisión que claramente excedía sus atribuciones. Lo técnico era, obviamente, de mi absoluta incumbencia.

-En suma, Mario, en tu paso por Naval de Talcahuano no lo pasaste para nada bien…
No, pero nunca me quejé. Sabía a lo que iba, sólo que la realidad superó todo lo que yo me había imaginado. Créeme que en los meses que estuve prácticamente no hubo un día en que no surgiera un problema. Unos más graves que otros, ciertamente, pero que independientemente de su importancia te impiden trabajar tranquilo.

-¿Puedes mencionar alguno puntual, como ejemplo de lo que dices?
El enterarme, por ejemplo, de que más de un muchacho del plantel iba a tener que afrontar el entrenamiento haciendo ingerido, en todo un día, un sándwich y una taza de café o té. ¿Cómo podía yo exigir físicamente a jugadores en tal condición? No estamos hablando de un equipo amateur de un barrio o de una población. Estamos hablando de un cuadro de Primera B y, por lo mismo, profesional. ¡Qué clase de profesionalismo puede ser ese…!.

-¿Amargado, Mario?
No, para nada. Molesto sí de que se inventen tantas cosas intentando desconocer los compromisos. El proyecto del que se habló fue abortado y no hay nada más que hacer. Pero siento que todo esto, por doloroso que sea, me va a servir mucho como experiencia. Todo lo que estoy pasando me va a hacer más fuerte.

-No podía ser menos, tratándose de un jugador que sufrió varias fracturas durante su carrera y siempre volvió.
Fueron cuatro. Una doble fractura de mandíbula, por un puñetazo maletero que me dio en el Centenario de Montevideo Santiago Ostolaza, jugador de Nacional, y tres en la pierna derecha.

-Me imagino que recuerdas bien cada una de ellas.
La primera fue en Quillota, en el estadio antiguo. Fue producto de una fuerte entrada de un jugador de San Luis, Alejandro Garrido. La segunda me la provocó Edgardo Geoffroy en el Sausalito, cuando él defendía a Everton. Y la última fue la peor de todas. Me había recuperado de esa lesión sufrida en Viña y había jugado los últimos minutos de dos partidos hasta que, frente a Iquique, en San Carlos, el Nacho Prieto decide ponerme de titular. Hago un gol y dos minutos después me quiebra Leonel Vega. Miedo en una cancha no sentí nunca. El miedo mío era no poder volver a jugar.

-¿Podrías volver a Católica, Mario?
Podría. Es mi casa, el club de mi vida. Hay que verlo. A mí por supuesto que me encantaría. Imagínate que hasta la tribuna sur, la que ocupa la barra, lleva mi nombre.

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