Subestimados

“Nadie nos tiene miedo. Nadie nos subestima. Somos el rival que viene”, dice Guarello acerca de Chile en el Mundial

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“Sampaoli ha trabajado de manera sobresaliente. Se puede hacer algo bueno. Pero el rival también juega” (Agencia Uno)

El Gráfico Chile – Juan Cristóbal Guarello

Leí con atención la interesante nota al ex seleccionado holandés Johnny Rep (mundiales 1974 y 1978) publicada en La Tercera el sábado pasado. En ese equipo de estrellas, además de Ajax donde jugaba localmente, el punzante delantero tenía como tarea empujarla adentro. Las estrellas eran otras, él estaba para poner la firma. Como bien dice en la nota, en sus pies tuvo en varias ocasiones la oportunidad del título para Holanda. Rescato las dos más claras:

En la final de 1974 Johan Cruyff se enfrentó mano a mano con Franz Beckenbaeur con el marcador 1-1. Fue el famoso duelo de colosos que se especuló durante todo el campeonato y que, al fin, se verificaba en el campo del Olímpico de Munich en una jugada que podía definir la Copa. Cruyff, como nunca antes y nunca después, respetó demasiado la envergadura de su rival. En vez de hacer su clásica gambeta larga e irse en demanda del arco, prefirió no arriesgar ante la excelencia del Káiser Beckenbauer en ese tipo de jugadas y abrió hacia la izquierda donde Johhny Rep picaba solo. Pelota de gol, pero Sepp Maier salió a achicar en el momento justo y Rep definió muy blando, al cuerpo del arquero. Ocasión desperdiciada.

Cuatro años después Rep tuvo la revancha. El marcador estaba sin goles en el Monumental de River mientras Holanda y Argentina disputaban la final más intensa y brutal de la historia. Fue un centro desde la derecha de Jansen donde Pasarella y Galván se molestaron dejándosela a Rep lista, “chanchita”, para meter el voleo a 12 metros del arco, casi frontal. Johnny le dio seco, calzó un balazo y Ubaldo Matildo Fillol desvió con las palmas al córner. Es considerada una de las cinco mejores atajadas en la historia de los mundiales. Con el extra que fue ejecutada en una final. Un rato después, ya con Argentina ganando 1-0 tras la apertura de Kempes, Fillol le sacó una pelota increíble a Rensenbrink. Esa tarde el Pato atajaba cualquier cosa.

Bueno, luego de esta larga presentación, para ilustrar quien es el caballero, que tiene “apenas” siete goles en la Copa del Mundo, me quedó dando vueltas una de las cosas que dijo a propósito del duelo contra Chile en el Mundial de Brasil próximo. No tanto por las palabras del holandés, como por nuestra necesidad imperiosa de calibrar el respeto, sino el temor, que tienen los rivales. El periodista pregunta si Holanda “subestima” a Chile. No lo critico, pero intento comprender el mensaje entre líneas. Antes que todo, Rep aclara que su país, su selección, sus jugadores respetan a la Roja. Obvio. En la actualidad ya no existen los equipos puching ball, los Zaire 1974 o los Nueva Zelandia 1982. Eso se acabó. Acá nos conocemos todos. Sabemos lo bueno y lo malo del equipo contrario. Pero una cosa es que nos respeten, que no nos “subestimen”, y otra muy distinta es que les demos miedo.

Hace cuatro años me pasó algo raro en Sudáfrica. Uno leía los medios chilenos y luego los contrastaba con los internacionales y parecía que estábamos viendo dos mundiales diferentes. Quedándonos con los que se decía o escribía en Chile, suponíamos que el solo nombrar a la selección nacional provocaba ataques de pánico en los rivales. No eran pocos los que proclamaban una candidatura al título, pero en serio, no como un sueño o una aspiración comprensible para quien ve a su país jugar un Mundial. Nos cegamos mal. Una cosa era el salto de calidad, la propuesta, y otra muy distinta que Chile se ubicara en la élite del fútbol. Basta mirar el archivo, la cantidad de locuras y distorsiones que se dijeron. Se cacareó, replicando mañosamente una opinión de Johan Cruyff donde elogiaba con moderación a la selección de Bielsa, que la Roja “jugaba el mejor fútbol del Mundial”. Así no más, sin arrugarse. Alguna colega “aseguró” que su sola presencia era cábala, y por lo mismo Chile le ganaba a Brasil.

Claro, después no entendían lo que pasó. Estaban ebrios de sus propios fantasmas y deseos.
¿Aprendimos? No tengo idea. Creo que este Chile 2014 es mejor que el 2010. Los jugadores están más maduros, han crecido en sus rendimientos individuales, juegan en ligas más exigentes. Sampaoli ha trabajado de manera sobresaliente. Se puede hacer algo bueno. Pero el rival también juega.

Y, antes de que empiece la cueca de la “marea roja”, el ceacheí insensato y majadero, el nacionalismo prepotente y comercial, pongamos la pelota contra el piso. Nadie nos tiene miedo. Nadie nos subestima. Somos el rival que viene. No usemos el Mundial para espantar los complejos que tenemos como país. Hay 31 selecciones más en el torneo. Algunas con varios títulos mundiales en sus vitrinas. Lo curioso es que ellos, sus medios, sus hinchas, no andan de fantoches por el mundo metiéndoles la bandera propia en las narices a quien se les cruce. Ni preguntan si el contrario les tiene miedo, ni se sienten los mejores, ni joden a nadie. Ni, por supuesto, creen que los subestiman. Juegue…

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