Columna de Colo Colo: El último ídolo

"Cuando el número que venía después del 29 era palabra vetada en Macul, Esteban va y pide el número 30 para su camiseta."

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José Miguel Sanhueza

@albohemio

Columna del Movimiento de Todos

@ColoColodeTodos

FB de Colo Colo de Todos

El último ídolo

Colo Colo salió campeón hace dos fechas y ya no tenía chances de meterse en la Sudamericana, por aquella absurda y mediocre regla de que los equipos no se repitan las Copas. El partido aparentemente no tenía espacio para nuevas celebraciones, más que la alegría que de por sí nos da el ver jugar al Cacique. Pero nos saltaremos en esta ocasión el análisis del partido propiamente tal para concentrarnos directamente en el héroe de la jornada, el último gran ídolo que ha tenido Colo-Colo: Esteban Efraín Paredes Quintanilla.

Cuando uno nombra ídolos albos, suele ser muy fácil asociar a cada nombre un gran equipo, muchos campeonatos y laureles. Chamaco Valdés y Carlos Caszely son inseparables del mítico Colo-Colo ’73 al cual le robaron la Copa Libertadores. Marcelo Pablo Barticciotto es un emblema del equipo al que en 1991 simplemente no pudieron quitársela. Espina fue un baluarte del Colo-Colo de Gustavo Benítez (otro que mereció ser Campeón de América en 1997), y punta de lanza del quijotesco campeonato en la quiebra del 2002. Y decir 2006 es decir Matías Fernández, cuya magia y derecha prodigiosa encabezó el equipo formado por la última cantera que sembró el Club Social y Deportivo.

Esteban es un referente indiscutido en el Cacique. No por nada la Filial La Cisterna lo honró bautizándose con su nombre. Sin embargo, con Paredes el destino fue injusto. Si bien logró gritar Campeón con dos golazos suyos el 2009, lo que lo ha hecho un referente en el Cacique no han sido las glorias y las copas levantadas. Paredes ha sido un grande en Colo-Colo precisamente por lo contrario a los antes mencionados y a tantos como ellos. Él se habría merecido un mejor Colo-Colo, se habría merecido levantar un sinfín de copas.

El destino sin embargo le destinó la otra parte de la película. Su carrera ha sido un constante echarse equipos al hombro. Lo hizo durante años en Santiago Morning, y en Colo Colo también le tocó hacerlo, siendo muchas veces el que salvó la plata en uno de los peores equipos que hayan vestido esta gloriosa camiseta, con alguna jugada de otro partido o algún fierrazo de zurda al ángulo. Fierrazo de zurda como el que le clavó a Johnny Herrera (como tantas veces) en la semifinal de ida del Apertura 2012. Como el que le podría haber clavado en la vuelta de esa llave, si el juez Eduardo Gamboa no se hubiese dejado impresionar por la simulación de Charles Aránguiz y no lo hubiese expulsado por una falta que con suerte era para amarilla.

Después de eso lo perdimos. Blanco y Negro no quiso pagar los 700 mil dólares que costaba su pase por ser “demasiado viejo” y debió ir a regalar sus goles a México. Después la “astuta” concesionaria tuvo que pagar más de 1 millón de la moneda estadounidense para traerlo de vuelta. Uno de los tantos brillantes negocios de ByN, que no solo perdió plata, sino además nos hizo privarnos de un año y medio de goles de Esteban, que los hizo por montones en tierras aztecas e incluso en la Selección, contribuyendo a ganar un partido con Uruguay que no pintaba nada fácil.

Pero tenía que volver. El destino le debía una revancha. El destino le debía un Colo-Colo campeón, y llegó para construirlo. Cuando el número que venía después del 29 era palabra vetada en Macul, Esteban va y pide el número 30 para su camiseta. Cuando tipos como Toledo o Canales habían devaluado a niveles históricos la categoría de 9, viene Paredes y promete 15 goles que nos van a hacer salir campeones. Hizo 16, y en solo 13 partidos: se perdió dos porque llegó en la tercera fecha, y los otros dos por ser vocero de la inmensa mayoría del pueblo de Chile al decirle a Enrique Osses exactamente lo que se piensa de él con justa razón: “se te nota que eres de la u, cagón”.

Probablemente, a pesar de los números, este no sea aún un Colo-Colo de esos que pasan a la historia con letras doradas, de esos cuya formación recitaremos de memoria 20 años después. A pesar de eso, es un campeón inobjetable, indiscutible, y Paredes se merecía ser el líder de ese Campeón. Se merecía un equipo que rematara el semestre con la friolera de 45 goles, y que más de un tercio de esos goles fueran suyos. Y por si fuera poco, este campeonato le debía un cierre en el cual él fuese la estrella, genio y figura, rostro obligado de todas las portadas. Y se lo dio. O mejor dicho se lo ganó él mismo, rompiendo 5 veces el arco de Ñublense.

Hoy Paredes tiene 33 años. A una edad en la que la palabra “retiro” pende como una guillotina sobre muchos futbolistas, Esteban es el flamante goleador del torneo, pelea seriamente un cupo para el próximo Mundial, y esa palabra ni siquiera ronda por su mente. Si el destino es justo, a Esteban le quedan muchos goles por marcar, muchas alegrías por entregarnos de la mano de Tito y de Miguel. Quién sabe si de aquí a un par de años no tengamos, ahora sí, un equipo cuya formación seamos capaces de recitar como nuestros padres lo hacían. Quizá lo tengamos, quizás no. La única certeza es que hoy, a fines de abril de 2014, si elaboramos una lista de ídolos de Colo-Colo a través del tiempo, esa lista culmina con el nombre de Esteban Paredes.

 

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