Columna de Colo Colo: 16 de octubre de 2011

"¿Podemos realmente cambiar la atroz ley de sociedades anónimas deportivas contra todos los intereses creados desde allá arriba?".

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AgenciaUno

Por Álvaro Campos
@_Alvaro_7

Autor del libro Colocolino de la editorial Gol Triste

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Hoy es 16 de octubre y las cabezas de todos los colocolinos deberían estar en el domingo 19, la nueva edición de una más de nuestras muchas fiestas: el Clásico. Pero se me quedó fija esta fecha en la memoria. Está grabada con rencor, con impotencia. No he podido reírme al respecto, creo que sólo lo lograré cuando el 16 de octubre de 2011 se quede en el pasado en vez de prolongarse hacia el presente. Porque todavía es hoy, ese día en que ser colocolino fue causal de detención. Así de tonto.

Fue un atropello.

Relatado, el panorama del 16 de octubre de 2011 parece irreal. 700 uniformados fueron desplegados para que los hinchas albos no llegaran a San Carlos de Apoquindo ni transitaran por Las Condes. Hubo 4 anillos de seguridad en el acceso al estadio.

Partiendo desde más atrás habría que contar que “la cato”, el equipo vecinal de Las Condes, había inaugurado su recinto del barrio alto en 1988 perdiendo contra River con gol de Claudio Borghi, pero que no jugaba clásicos ahí, sino en el Nacional. Una creciente presión por parte de sus hinchas y de la prensa sobre qué clase de oscuro “acuerdo de caballeros” tenían los dirigentes con la Municipalidad fue empujando a finalmente jugar contra Colo-Colo en sus exclusivos pastos. Claro, pero sin hinchas visitantes, sin colocolinos rotocochinos.

Ante el temor cuico de que llegara la chusma a sus reductos, se desencadenó una brutal represión que todo lo que no tuvo de violencia física lo tuvo de violencia simbólica y de discriminación.

A las 10 de la mañana se juntaron los primeros hinchas albos en Tobalaba con Providencia. Cerca de treinta pacos de las Fuerzas Especiales los dispersaron. No podían estar parados cantando, no podían estar juntos, no podían caminar por Apoquindo. Parece broma pero es cierto: se llevaron detenida a gente por intentar caminar por Apoquindo.

De ahí en adelante todo fue absurdo. Un dueño de casa salió a enfrentar las cámaras para contar que todos esos hinchas que estaban subiendo al carro policial no habían hecho absolutamente nada. Había barreras humanas impidiendo el paso. Un noticiero mostraba a un colocolino preguntándole a un carabinero por qué no podía pasar, si era la calle y la calle es de todos. “Tú sabes por qué” fue su escueta respuesta.

Las micros eran detenidas y se subían pacos a bajar a todo aquel que fuera o pareciera colocolino. A los autos también. ¿Cómo identificaban los autos de colocolinos en el barrio alto? Adivinen. No pararon a ningún Mercedes Benz, no registraron a ningún rubio de piel clara. Nadie tuvo que buscar su carnet de identidad en el interior de su chaqueta North Face.

En el metro Los Dominicos la escena fue igual, métale agarrando flaites de pelo chuzo. Nada de Habeas Corpus, todos eran culpables de antemano de desórdenes, destrozos, vidrios quebrados, robos, violaciones y todos los daños que hubieran hecho al pulcro vecindario si los dejaban seguir avanzando.

El 16 de octubre de 2011 ser hincha albo fue causal de detención. No parecer cuico fue causal de detención. Dicen que fueron 350 los detenidos, habría que sumarles todos aquellos que fueron dispersados, devueltos por donde vinieron, reprimidos.

Por las tranquilas callecitas de paz dominical en horario de misa patrullaban más carros verdes, atrapando a cualquiera que pudiese haber escabullido los controles. Ni siquiera buscaban camisetas o banderas, buscaban gente distinta a lo habitual. Fue todo una vergüenza. Dio lo mismo perder el partido en los peores días de la era Basay, porque ese fue un día negro, de llanto de impotencia, de rabia.

La prensa notó estos hechos, pero más bien como algo anecdótico, siempre dentro del marco de las noticias deportivas. No entiendo qué tiene que ver con el fútbol la agresión de los más privilegiados a los derechos ciudadanos (de reunión, libre tránsito, presunción de inocencia hasta que se demuestre lo contrario) de los que viven fuera de la miniciudad donde se fueron a esconder de los pobres.

Un reportaje de CHV mostró cómo actuaba la seguridad de un supermercado cualquiera cuando el que entra lleva una camiseta del Colo. Tal vez si viviéramos en un país menos clasista el de San Carlos dejaría de ser el refugio de la Selección Nacional del Clasismo. Pero hoy eso es, eso son, eso somos. Sigue siendo 16 de octubre de 2011.

Que no se nos olvide nunca. Que algún adolescente consiga tener educación de calidad y vaya a la universidad a aprender a ser un periodista de verdad, y busque al entonces ya jubilado funcionario policial a cargo del humillante operativo, y descubra quién estuvo detrás de todo, qué maquinarias accionaron qué mecanismos.

Porque, no sé qué tan claro quede, la hueá fue grave. Gravísima, aberrante. Y atenta contra todos, ni siquiera los albos o los hinchas del fútbol. Un amigo azul me dijo que era imposible no solidarizar, que nadie podía sentir otra cosa que no fuera repudio.

Da rabia y da miedo. A los malos se les cae la careta que llevan día a día. A la hora de los quiubos, toda noción de justicia o igualdad o derecho demuestra ser una abstracción irreal: los dueños de la pelota aprietan el puño y golpean fuerte cuando quieren. No siempre matan gente ni bombardean un Palacio de Gobierno, a veces es menos grave pero no menos indignante, simplemente se saltan nuestros derechos con total descaro. Qué les va a importar, si somos un llanterío lejano, un ruidito que patalea por una hidroeléctrica, un proyecto minero, una autopista, quién sabe, es difícil distinguirlo desde el interior de un auto de vidrios polarizados, desde el aire acondicionado de una oficina en un rascacielos.

Hasta quejarse es ingenuo. Estamos en su casa, como estábamos en la casa del cabrón de la infancia que era el dueño de la consola, y cuando quería nos echaba porque era su joystick, su juego, su casa, su mundo. Una vez me contaron la historia de un allanamiento nocturno de los ratis a una casa en una pobla. “No pueden entrar aquí, tienen que traer una orden de cateo”. La respuesta del tira fue corta: “¡Veís mucha tele, vieja culiá!”.

Estamos en el siglo 21, y en octubre de 2014: tenemos un importante partido el domingo y estamos pensando en eso, sin dejar de lado las elecciones del 29 de noviembre, siempre con el miedo latente de que la prepotencia de Blanco y Negro le arrastre el mantel a todo lo que los socios hemos construido. ¿Podemos realmente cambiar la atroz ley de sociedades anónimas deportivas contra todos los intereses creados desde allá arriba?

Algunos dirán que la gente se ha empoderado en movimientos sociales, que internet y el flujo de información y las redes 2.0, y que estamos viviendo una época distinta. Yo creo que todos los días seguirá siendo 16 de octubre de 2011 hasta que alguien nos pida perdón.

GRAF/CS

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