Un muerto de nadie: El desconocido "accidente" que marcó la final del Apertura 2011

Ignacio Marambio, hincha cruzado, fue atropellado en un confuso incidente a pocas cuadras del Nacional dos horas antes del duelo de ida. tres años despues, el caso sigue sin respuesta

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Familiares, amigos y compañeros de Ignacio Marambio nunca recibieron una resolución por parte de la Justicia / Gentileza

Por Demid Herrera Palacios
@DemidHerrera

El título de esta crónica es copiado. Lo publicó el diario argentino Olé el 16 de marzo del 2008 en relación al asesinato de Emanuel Álvarez, un hincha de Vélez que a los 21 años encontró la muerte por una bala que le dio en el pecho cuando se dirigía en un bus de su barra camino al estadio de San Lorenzo para uno de los choque que más episodios violentos genera en el fútbol argentino, antes de ese evento y sobretodo después de él. La nota cuenta sobre el caos, el descontrol y la suspensión del partido por parte de los hinchas del Fortín, quienes gritando “nos mataron a uno” rompieron el alambrado y no dejaron que se jugara el duelo. La investigación posterior no entregó culpables, procesados ni sentenciados. Todo terminó transformándose en otro muerto de nadie.

El título es copiado porque diferenciando el lugar de los hechos, la fecha y el lugar, la muerte de Ignacio Marambio el 10 de junio del 2011 luego de un confuso incidente en las cercanías del Estadio Nacional terminó teniendo el mismo final con distintos protagonistas. En el marco de la recordada final del Apertura de ese año, en que la U logró una épica remontada contra la UC, un atropello en las horas previas a la final de ida disputada el jueves 9 de ese mes, terminó desencadenando una muerte que tras más de tres años de ocurrida, nunca tuvo respuesta.

“La verdad es que cuando me contactaste para reconstruir esta historia lo que más pensé fue ¿qué te puedo contar?, si hasta el día de hoy no tengo claridad de lo que pasó. Ignacio falleció por un atropello que nunca tuvo un culpable y en el que los procedimientos no fueron los correctos”, es la primera conclusión de Darío Marambio, padre del malogrado joven, quien pese al tiempo recuerda con perfectamente la historia que a él le toco presenciar, pero sin detalle alguno de lo que ocurrió a las 18:30 de ese día en plena avenida Marathon llegando a Guillermo Mann. A una cuadra de una comisaría y a tres del estadio.

La primera versión de lo ocurrido y que sólo recogió el diario La Cuarta el día después hablaba de una pelea entre hinchas tras la final de ida (que la UC ganó por 2 a 0), en que los amigos de Ignacio habrían golpeado y quitado un lienzo a un grupo de hinchas azules y estos motivados por la venganza habrían vuelto al lugar en una camioneta blanca en busca de venganza, que se consumó atropellando a uno de los “rivales” que apareció en el camino, sin embargo el padre del fallecido se encarga de precisar lo sucedido, pero abriendo la incertidumbre aún más en cuanto a lo que realmente pasó.

“Todo lo que ocurrió fue antes del partido. A las 19:15 yo estaba cerrando mis cosas en la oficina cuando me llaman para decirme que el Nacho estaba en la posta del hospital Salvador por un atropello. Llegué ahí, me empiezan a pedir los datos de mi hijo y me preguntan que pasó a lo que yo respondo que no sé nada y en ese momento veo a Matías, un amigo de él que estaba ahí destrozado. Llorando por lo que había pasado y me contó lo único que pudo articular: ‘tío, apareció una camioneta blanca que le pegó al Nacho pero no tengo la patente ni nada. Yo me preocupé de él’, fue la primera versión que recibí de lo que pasó”, cuenta el padre mientras revuelve un café con la mirada perdida y que a ratos se llena de lágrimas, pero que después se postergan para poder continuar con el relato.

“El hospital justo estaba en cambio de turno y el equipo entrante me empieza a contar que lo de Ignacio era grave y que si tenía la posibilidad de trasladarlo lo hiciera pues no había neurólogo de turno. Me lo llevé a la clínica Alemana donde supe que tenía muerte cerebral y era poco lo que se podía hacer. El viernes por la tarde falleció, decidimos donar sus órganos y el sábado pudimos velarlo, después de un montón de trámites burocráticos entre la clínica y el Servicio Médico Legal. Lo único que uno quiere es tenerlo pronto para que termine todo y de no ser porque uno tenía contactos para acelerar las cosas, quizás habría recibido a mi hijo mucho después”, reclama Darío sobre el doloroso trámite que debió realizar.

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Darío Marambio recordó con El Gráfico las dolorosas horas tras el suceso que le quitó la vida a su hijo / Ricardo Ramírez

 

El fin de semana aquel es calificado como tan infernal como la misma muerte. Con un velorio plagado de amigos, autoridades de la Universidad donde estudiaba el joven de 20 años, decenas de cruzados anónimos que aparecieron en la iglesia, don Darío, su esposa Verónica y sus otras dos hijas, Lorena y Constanza, despedían a un chico que cursaba segundo año de Ingeniería en Prevención de Riesgos en la Universidad Bernardo O’Higgins y seguía a la UC hace algunos años. “Yo soy de Cobreloa porque crecí en Calama esos años donde se forjó el Cobreloa más legendario, pero el Ignacio se hizo de la UC por algunos amigos y porque el estadio quedaba cerca. Nosotros íbamos con él y nos separábamos en la galería pues yo me sentaba y el se iba ahí abajo del marcador. Tenía permiso para ir al Santa Laura o estadios cercanos, pero nunca volvió con un moretón. Se habla de que hubo una pelea y nunca tendré certeza porque los amigos jamás pudieron contar todo lo sucedido y lo entiendo. Matías hasta el día de hoy va a vernos y nos ha dicho mucho que no se perdonará nunca lo que pasó, pero no insistí más en presionarlo. ¿Para qué?”, confiesa Darío, sobre su relación con el mejor amigo de su hijo.

Si ya la historia completa suponía un dolor para ese círculo íntimo, las jugadas crueles para el domingo no pararon. El funeral de Ignacio fue fijado irónicamente para la misma hora en que la UC se suponía debía completar un nuevo título, pero los amigos de siempre no tenían cabeza para festejar. “Todos fueron al funeral pese a que deberían haber estado en el estadio. De hecho la misa final fue en la Catedral Castrense, ahí en Tobalaba con Providencia y decenas de hinchas se bajaron ahí, cantaron un rato las canciones de la Católica y partieron para el estadio”, recuerda el padre para después asociar ese dolor a la pesadilla se traspasó a la cancha cuando los azules derrotaron a la UC por 4 a 1 en una remontada que hasta el día de hoy es motivo de burlas. Para ese puñado de amigos era sólo un golpe más después del mazazo de la muerte de Ignacio y que hoy, pasados tres años del tema, aún no encuentra respuesta ni consuelo.

(continuar leyendo en la siguiente página)

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