Columna de Colo Colo: El Indio picó de atrás

"El Quili se disfraza de habilitador y juega para Jaime Valdés", es una de las frases de Álvaro Sanhueza.

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AgenciaUno

José Miguel Sanhueza

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Colo-Colo tocando en tres cuartos de cancha, buscando cómo entrarle a una UC a la que le gustaba el empate. Paredes retrasado toca para Vilches. El Quili se disfraza de habilitador y juega para Jaime Valdés. La lógica pedía combinar para Fierro que venía solo por la derecha y en posición para centrar. Pero Pajarito fue más allá de la lógica, y decidió terminar él la jugada, burlando a Pulgar y al Chiqui Cordero para clavar un zurdazo a un ángulo inatajable para Costanzo y probablemente para cualquiera que hubiese estado defendiendo ese arco.

Así fue la secuencia completa de la imagen que marcó nuestra victoria, y coronó un fin de semana que ansiábamos durante todo el semestre.

Y decimos “fin de semana” también como un acto de sinceridad. Porque sí, todos podemos decir, junto con el plantel y el cuerpo técnico, que la prioridad está 100% en ganar nuestros partidos, en sacar nuestra pega adelante sin esperar que nadie nos regale nada. Y no sería deshonesto decirlo, porque de hecho es verdad. Pero de seguro no éramos pocos los que el día anterior estábamos pegados a la radio o a la tele atentos a la “U. de Chile” contra Barnechea (sin comillas, ya que este equipo sí representa a la comuna de Lo Barnechea), con la ilusión de que el chuncho asumiera su lugar en la historia: debajo de nosotros.

La llegada al estadio ya auguraba un final feliz. Hace tres años, en ese absurdo 16 de octubre de 2011, para un colocolino el solo cruzar la frontera imaginaria del barrio alto era causal de detención. Ayer, ese límite era traspasado de la única forma en que se puede entrar a un lugar donde fuiste discriminado: todos juntos. La hermosa caravana organizada por la Filial Ñuñoa, convocando a socios e hinchas de todos lados, fue una demostración más de ese club social que paso a paso vamos reconstruyendo, aunque le pese a Blanco y Negro y al resto de las sociedades anónimas que ven cómo lentamente sus hinchas comienzan a seguir este ejemplo y a organizarse, a entenderse como socios y no como clientes.

Ya en el estadio el negro y el blanco superaban largamente las 600 entradas Ignacio Prieto Baja asignadas para Colo-Colo. Se notó durante todo el partido. Del otro lado, demostraron una vez más que la única forma en que pueden hacer valer su condición de local es con los Carabineros deteniendo colocolinos en Tobalaba con Providencia. Ayer intentaron por todas las vías, con proyectiles y bombas de estruendo (notable la imagen de ¡una ampolleta! cayendo a centímetros de Vecchio), hacer sentir una localía que simplemente no son capaces de reflejar llenando el estadio (caben apenas 11 mil personas: no es mucho pedir, muchachos) ni mucho menos con su aliento.

En lo futbolístico, nos enfrentamos a una Católica muy contenida pero con la determinación de salvar un poquito la dignidad, y la tranquilidad de no tener ya casi nada que perder. En el primer tiempo no cometimos grandes errores atrás, solo nos llegaron a través de remates de distancia, y nos fuimos merecidamente en ventaja luego de una notable jugada iniciada por un Vecchio que quizás no generó tanto pero estuvo particularmente luchador y al servicio del equipo. El finiquito corrió por cuenta de un Cristian Álvarez al que ahora sólo le faltan 36 goles para igualar la marca de su colocolino padre, Luis Hernán.

Pudimos y debimos matarlo antes. Flores y Delgado estuvieron más imprecisos que de costumbre, sumados a un Paredes cuyas complicaciones físicas en la semana con la pubalgia se notaron mucho en la cancha. La UC era un flan en defensa y un gigantesco Jaime Valdés metió mil pelotazos a sus espaldas que debieron terminar en gol, perfilándose desde temprano como la gran figura del encuentro.

Como buena historia dramática, no podía carecer del momento en que todo parecía escaparse de nuestras manos. Los nervios y la ansiedad jugaron sus mejores minutos en los primeros quince del segundo tiempo. La imprecisión aumentó, incluso en Vecchio y Valdés, y fuimos dejando crecer a un rival muy limitado y sin recursos. Aunque Católica no generaba mayor peligro, llegó aquel tiro libre y el gol de Mark González, acompañado con una bomba de estruendo a centímetros de Villar en un nivel de coordinación que el hincha cruzado ya hubiese querido ver entre sus jugadores, en alguna jugada colectiva y trabajada en la semana.

No sirve insistir en que fue un gol viciado, ni que a nosotros nos sancionaron el estadio por menos, mucho menos pedir por una vez en la vida que la justicia también cruce la frontera imaginaria del barrio alto. Sí es importante señalar que el gol retrata de cuerpo entero a Justo Villar. Si el paraguayo se quedaba tirado en el suelo durante la jugada, el gol se anulaba. En cambio, quiso atajar, lo que probablemente hizo mucho más difícil al árbitro visualizar lo que había ocurrido. Pudo haberse amparado en un factor externo al verde césped para sacar provecho, pero prefirió jugársela por hacer lo que mejor sabe hacer: jugar al fútbol.

Esto resultó crucial para ganar. Después del empate y la polémica corríamos el riesgo de caer en el descontrol absoluto, irnos del partido, desordenarnos y pegar más de la cuenta. En cambio, tuvimos la madurez de ponerla contra el piso y jugar al fútbol, que en eso somos los mejores. En esto Valdés fue fundamental, tomando las banderas y marcando el gol del triunfo.

Después, inteligencia y mesura desde el banco para cerrar el partido y traernos tres puntos de oro. Volvemos al tope de la tabla, con el desafío de mantenernos ahí. La mesura y la madurez seguirán siendo claves. No es momento de pensar en Wanderers, ni eventuales definiciones. El rival hoy se llama Cobreloa, merecedor del respeto que Arellano nos enseñó a tener. El Indio ya picó de atrás, tras remarla desde abajo durante todo el torneo. Sigue avanzando, paso a paso, sin sacar cuentas apresuradas ni descuidar el siguiente escalón, sin grandes luces a veces, pero co seguridad y paso firme hacia el objetivo de bajar la estrella 31° del cielo.

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