Columna de Colo Colo: Aprendizaje

En Colo-Colo de Todos desarrollamos destrezas que no eran las nuestras. Me atrevo a hablar por todos sus miembros. No éramos locutores de radio, ni expertos en contratos de concesión, ni habíamos levantado editoriales desde la nada.

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Imagen foto_0000000120141204155138.jpgPor Álvaro Campos (autor del libro Colocolino de Editorial Gol Triste)
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El plantel de honor ya se fue del Monumental, sin hablar con los medios. Por eso no están cuando llego a la conferencia de prensa con la que sellamos nuestra asunción en la dirección del Club, tras ganar las elecciones. Sí hay por ahí cabros chicos jugando en las canchas de entrenamiento dispuestas para los jugadores del mañana. Padres y otros curiosos los miran correr.

El plantel de honor ya se fue pero dejó una declaración, mientras la Segunda Sala del Tribunal de Disciplina decide sobre una orden de no innovar. Saboreo la noción de que hay hinchas que conocieron así, dentro del Planeta Fútbol, ese concepto, el de “orden de no innovar”.

La bandera de Camerún tiene una estrella amarilla sobre tres franjas de verde amarillo y rojo. Me lo enseñaron Oman-Biyik y Roger Milla. En ese Mundial dejaron afuera a la Colombia de Higuita, selección que representa a un país cuyas principales ciudades son Bogotá, Medellín y Cali, aunque también a veces nos tiran a jugar en Barranquilla para aprovechar el clima. El himno de España no tiene letra, porque dejaron de cantar la que recordaba al franquismo y a los españoles no les gustó la nueva letra que se propuso para Barcelona ’92. En la Eurocopa de ese año los exsoviéticos se presentaron como “Comunidad de Estados Independientes”, y creo que ese mismo año debutó la Alemania unificada. Calama está a 2.260 metros sobre el nivel del mar.

El futbolero aprende a fuego nociones (capitales, banderas, geopolítica) mucho antes de que la educación formal se las presente. O bien, desarrolla áreas del conocimiento que no pondría en práctica fuera de este mundo de la pelota de cuero: el mejor ejemplo es nuestro eximio manejo de la calculadora al analizar tablas de posiciones, promedios de descensos, diferencias de goles, que antes se llamaba goal average. También se hablaba del lineman, del goalkeeper y del wing, pero el idioma inglés sobrevive en el off-side, el foul y el corner. La primera vez que me gritaron esa palabra quedé perplejo, y fue recién en la noche, mucho después del peloteo de la tarde, cuando me explicaron que significaba “esquina”, es decir, tiro de esquina, un saque con los pies para el equipo que ataca cuando el arquero despeja la pelota hacia la línea de fondo.

A lo que voy es que el fútbol nos pone en contacto con cultura que siempre estuvo ahí, pero a la que no hubiésemos ido corriendo con tanto entusiasmo si no involucrara la pelotita. Para nosotros la quiebra de Colo-Colo nos empujó a aprender un montón de conceptos nuevos que no existían en nuestra cabeza de hinchas pasionales. Palabras nuevas.

Pero ya estamos grandes, ya sabemos lo que tenemos que saber, y ahora como generación teníamos el reto de aplicarlo. En ese camino, los nuevos miembros del Directorio Nacional del Club Social y Deportivo Colo-Colo tuvieron que recurrir a otras sapiencias nuevas, porque un movimiento social y político (en el buen sentido de la palabra) no se improvisa de la noche a la mañana.

En Colo-Colo de Todos desarrollamos destrezas que no eran las nuestras. Me atrevo a hablar por todos sus miembros. No éramos locutores de radio, ni expertos en contratos de concesión, ni habíamos levantado editoriales desde la nada. Yo nunca había escrito, otros son community managers, fotógrafos, expertos en comunicaciones, emprendedores con tiendas colocolinas y otras empresas, productores, o son capaces de implementar la logística de actividades que estaban muy por encima de nuestros primeros días. Ninguno sobra: algunos tienen liderazgos naturales, otros tienen la noble fidelidad de participar siempre. Algunos cocinan choripanes mientras otros cobran entradas o venden cervezas o barren el piso y mueven sillas.

Cuando tres amigos se meten a un taller de serigrafía o cuando Cristián Chappuzeau estudia administración en el INAF, es fácil saber que tenían a Colo-Colo en la mente. Pero hay lecturas más sorprendentes.

Pablo Acchiardi se alejó del grupo desde que asumió en el Tricel y eso es una lástima porque donde esté es un tremendo aporte. Fue Pablo quien me comentó lo siguiente: que él no había pasado su juventud siguiendo al equipo a todas, entonces parecería, a simple vista, menos hincha que aquel barrista que sí recorre Sudamérica en bus para llegar con el bombo y los lienzos, mientras él se quedaba en la casa, estudiando. Pero llegado el momento, prosigue, él tenía todas las competencias para ser un miembro del Tricel y asegurar que Colo-Colo tuviese elecciones limpias y transparentes, apegadas al reglamento y siguiendo conductos regulares. Entonces ¿era menos hincha por quedarse estudiando? ¿o era un mejor hincha por desarrollarse como persona para luego ofrecer a Colo-Colo esa mejor versión de sí mismo?

Nunca lo había pensado, pero por supuesto que tenía toda la razón. De nuevo. Tanto los 19 directores como muchos de los que quedamos trabajando detrás de ellos nos pasamos la vida convirtiéndonos en los hombres que seríamos hoy, solo para entregárselo al Club. Esto se extiende desde el trabajo social, desde sacar un cartón de abogado o ingeniero comercial, hasta aprenderse la letra entera del himno. Hasta en saberse trivia infinita sobre el Cacique y estudiar su larga historia. Porque ese conocimiento nos hace quererlo más, y a lo que se quiere más se le cuida mejor.

Por supuesto, tampoco éramos dirigentes deportivos. Ninguno de los directores lo había sido antes. Recorrimos un largo proceso y el camino se sigue estirando infinito hacia adelante porque eso es lo que los caminos hacen. No vamos a defraudar a los que confían en nosotros, porque nos vamos a romper la espalda trabajando, incluso quienes no tenemos cargos oficiales. Tampoco vamos a defraudar a quienes están sentados cómodos, esperando nuestros errores para salir a atacarnos. Claro que vamos a cometer esos errores, no podríamos evitarlo porque somos novatos en esto. Somos alumnos nuevos pero con una motivación a toda prueba. Queremos aprender todo lo que Colo-Colo tiene para enseñar, y ojalá algún día poder traspasarlo a los dirigentes del futuro, regentes soberanos de un Club que pertenezca a sus socios.

En un partido de prueba en las canchas de entrenamiento, el zaguero central no fue a lo bruto, en plancha y con codazos. Tiene, digamos, trece, catorce años y viste una camiseta del Colo pero comprada por él mismo, como todos los demás, la mitad de ellos con petos encima. La paró de pecho y salió con elegancia. Ricardo Benavente, flamante gerente general del Club, lo observa después de haber almorzado en el casino del estadio. Recién ahí se da cuenta del lugar en el que está. Recién lo dimensiona. Le cae la teja. Es un sueño hecho realidad. Se conmueve.

Ambos tienen todavía mucho que aprender, vienen años difíciles y de mucho trabajo. Pero en Colo-Colo.

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