Columna de Colo Colo: En el básquet también somos Chile

Colo-Colo vende más que el resto, para bien y para mal y en el básquet se está demostrando la popularidad del más grande del país.

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La barra de Colo Colo se toma el básquet. (Foto: Agencia Uno)

Por José Miguel Sanhueza
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Los fines de semana de 1996 eran hermosos para ser colocolino. Un domingo cualquiera en la tarde podíamos estar vibrando con alguno de los partidos de esa gran campaña que nos llevó a conquistar la estrella 20°. Por si eso fuera poco, en cualquiera de esos mismos domingos, vibrábamos en paralelo con otra campaña, una que también terminó con nuestro Colo-Colo querido en lo más alto, ahí donde siempre lo queremos ver.

Aquel año nos emocionamos por partida doble. A las genialidades de Barti o Espina se sumaban los triples de Julio Córdova. Los goles del Hueso Basay estaban acompañados de las clavadas de Mack Hilton. Levantamos la Copa en el Monumental contra Audax, y también lo hicimos en La Tortuga de Talcahuano contra Petrox. Cada fin de semana, centenares de colocolinos repletaban el Gimnasio Nataniel, que hace pocos años fuera vendido a una inmobiliaria por la Federación Nacional de Básquetbol (sin que hasta el día de hoy se sepa qué hicieron con esa plata). Y el que no asistía lo seguía en Megavisión, canal que tras ver el masivo fenómeno del básquet colocolino comenzó a televisar los partidos.

Esa linda historia empezó un poco antes. En 1995, cuando Colo-Colo participaba en numerosas disciplinas deportivas, surge la rama masculina de básquetbol (la femenina ya llevaba un buen tiempo haciendo grandes campañas). El plantel, dirigido por Carlos Álvarez, alcanzó las semifinales de la Dimayor en su primera incursión en el torneo, y conquistó el trofeo en una brillante campaña el año siguiente. Siempre con gimnasios llenos y un rating televisivo inusual para un deporte que no fuera fútbol o algún partido del Chino Ríos.

El final, sin embargo, fue triste. Los problemas económicos sostenidos y crecientes hicieron inviable mantener la rama, a pesar de su indiscutible éxito deportivo. Un final que en alguna medida anticipó lo que se nos vendría como club pocos años después.

Recién en 2014 renace la rama de básquetbol del Club Social y Deportivo Colo-Colo, para competir en la emergente Liga Nacional de Básquetbol (LNB). Surge como un esfuerzo por contribuir a la recuperación de nuestro Club. Un esfuerzo que no cabe en la lógica rentista y cortoplacista con que las sociedades anónimas entienden el deporte y la vida. Es, por tanto, un paso en la dirección del Colo-Colo que soñamos, uno que, junto a ser gestionado de manera democrática y con la participación activa de sus socios y filiales, sea fuerte y grande, con muchas ramas, donde la insignia del Cacique se pasee desde el tenis de mesa hasta el rugby, desde el atletismo hasta el polo.

Al igual que en los noventa, la rama no pasó inadvertida. Hace algunas semanas Karim Nur, gerente del canal CDO, hablaba al diario El Mercurio del “efecto Colo-Colo” en la convocatoria de público a los recintos, especialmente en regiones. Y es que la organización social más linda de Chile nunca será indiferente. Colo-Colo es popularidad, es mayor atención, es tener más ojos atentos, más miradas encima de lo que se haga o deje de hacer.

Esa popularidad impone también una responsabilidad, pues también a la hora de enfrentar lo negativo los ojos estarán más puestos sobre Colo-Colo. El lanzamiento de una bomba de ruido en el último partido con la Universidad de Concepción fue transversalmente condenado por la prensa. Incluso Canal 13 lo destacó con una nota titulada tendenciosamente “Garra Blanca entra al básquetbol”. Un hecho por cierto repudiable, que desde estas líneas condenamos, y esperamos que no se vuelva a repetir.

Demás está decir, sin embargo, que en ningún medio aparecieron incidentes similares que vienen ocurriendo en la LNB, como la custodia policial con que debió salir el equipo de Ancud hace un par de fines de semana, o las bengalas encendidas (¡en un recinto cerrado!) por la hinchada de Español de Talca.

Al parecer, ecuanimidad sería mucho pedir. Colo-Colo vende más que el resto, para bien y para mal. Somos más los interesados en seguirlo, pero también serán más los intereses que ante la primera oportunidad intentarán castigarlo y perjudicarlo. ¿Es justo? Sin duda que no, pero es algo con lo que debemos saber convivir. Y, más importante aún, saber comportarnos a la altura, y cuidar a nuestro Club y su gente.

En cambio, con lo que no podemos convivir ni transar nunca, es con la gestión errática y poco transparente. Desde su creación hasta el mes de noviembre, la administración de la rama de básquetbol ha encarnado todo lo que no queremos en Colo-Colo, de forma muy similar a lo que llevó a la desaparición de la rama en los ’90. Sueldos impagos, gastos irracionales, deudas por todas partes, entre otros aspectos que marcan el cuadro de un equipo que se comía vertiginosamente las arcas y el patrimonio de nuestro Club. Un desorden que también repercutía en la cancha, con un cuerpo técnico despedido y un equipo diezmado por la incertidumbre institucional, que parecía no levantar cabeza, y que deambulaba entre el sexto y séptimo lugar en la Liga, al borde de no clasificar a los playoffs.

Felizmente, aquel panorama ha comenzado lentamente a cambiar. El nuevo directorio se ha puesto como primera tarea el “ordenar la casa”. Se han pagado más de 60 millones en deudas heredadas, y actualmente existe un proceso de auditoría en curso, con el cual se prepara una asamblea informativa para los primeros meses del año en que se dé cuenta a los socios del estado en que fue recibido el Club y las tareas que se han emprendido en este período.

El cambio de aire en el plano institucional también se ha notado en la cancha, con un plantel que ha adquirido nuevos bríos bajo el mando del argentino Gabriel Schamberger, cohesionado y motivado por el objetivo de levantar la copa de la Liga Nacional de Básquetbol. Se logró ganar con holgura una serie de cuartos de final contra Español de Talca que pintaba muy difícil en el papel. Y recientemente, en semifinales, se le quitó un largo invicto en calidad de local a la Universidad de Concepción, dejando la serie 1-1.

Este fin de semana se vendrán dos partidos de local contra el conjunto del Campanil, que pueden poner a nuestro Colo-Colo querido en la final de la Liga Nacional de Básquetbol. Serán partidos difíciles, más aún con los desproporcionados castigos impuestos por el tribunal de la Liga. Pero si algo ha caracterizado nuestra historia, es remarla en los momentos difíciles, es picar desde atrás y salir adelante. Así que la invitación a los socios e hinchas es a que vayamos en masa este fin de semana al Boston College a apoyar al Cacique. Asistamos en familia y apoyemos de manera sana como debe ser en toda jornada deportiva. Cuidemos, defendamos y protejamos el Club Social y Deportivo que estamos recuperando día a día entre todos.

Y alentemos, sobre todo alentemos. Porque en el básquet también somos Chile.

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