Columna de Colo Colo: De arco a arco

El 31 de enero se fue Paolo. Se fue él, que es mi hermano, y Nathy, que es mi cuñada.

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Francisco Morales
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Tailandia es el destino y el pasaje es solo de ida. No van con trabajo, ni con becas, ni con familiares o amigos que los estén esperando. Van a vivir la vida, a cambiar, a aprender, a conocer, a escribir nuevas historias, tal vez en ese idioma que viajaron antes de aprender.

Semanas antes, Paolo se comenzó a despedir de todos los seres que quiere, entre ellos un Cacique valiente, fuerte y grande. Me pidió que fuéramos al Monumental a despedirse de Colo-Colo. Para mí, no podría haber una forma más linda de pasar los últimos días en Chile. Fuimos al codo Galvarino y poco importaron los goles ni el mal partido que vimos, un deslucido empate a dos contra Huachipato. Internamente, de todo corazón, le pedí al Popular un golcito más. Quería que se fueran con la mejor sensación, pero el gol no salió. Da igual, el espíritu era otro, no importaba que el equipo ganara, importaba ver a Colo-Colo en la cancha.

Más de dos décadas atrás, allá por el año 1993, el tío Jorge nos llevaba a jugar a la filial de Colo-Colo, en una cancha ubicada en la comuna de Buin, que tras la quiebra pasó a llamarse “El Cacique”. Mi hermano tenía 8 años, yo 10. En realidad íbamos a chutear un rato, a comer empanadas en los entretiempos. Más tarde entendí que mi tío nos llevaba simplemente como una excusa para llegar a tomarse unas chelas con los amigos. Para mí estar ahí era lo más grande: había sido colocolino desde siempre, nunca supe en qué momento me empezó a gustar, sólo tengo claro que mi ídolo de cabro chico era Barti. En realidad, lo es hasta el día de hoy.

A mi hermano y a todo el que se me cruzaba desde niño lo convencía de que debían ser de Colo-Colo, cada vez con más razones. Él salió bueno para la pelota, para el arco, yo no. Cuando creció se probó en varios equipos, entre ellos la U. de Conce, en cuyas divisiones inferiores ya deslumbraba el mismísimo Mago Valdivia. Incluso tuvo la posibilidad de jugar en la U. Sí, en la Chile. Era bueno de verdad, debe ser el mejor arquero con el que he jugado, pero yo siempre le decía y le contrarrepetía que si jugaba en un equipo, sólo debía ser en Colo-Colo.

Hace un tiempo, poco más de un mes antes de nuestra visita al estadio, me fue a visitar. Conversando de muchos temas, caímos en su confesión, de que siempre tuvo ese freno en su cabeza. Nunca le dijo que sí a ningún equipo, nunca tomó la decisión de aceptar la oferta de las inferiores que no fueran Colo-Colo. La idea le rebotaba como contra un travesaño, porque si jugaba debía ser donde yo le había repetido toda la vida que debía jugar. Desde entonces es a mí a quien una idea le da vueltas en la cabeza, como una enseñanza de vida. Mi fanatismo es tan grande que estaba invadiendo otros capacidades e ideas, otras posibilidades. Tal vez pudo haber triunfado. Incluso se me vino al recuerdo la imagen de Morón, jugando por otros equipos pero llevando debajo una camiseta que testimoniaba su amor por el Albo. Ese pudo ser él.

Desde ese día ya no le repito a mi hijo que tiene que ser de Colo-Colo. La verdad es que se lo sigo insinuando, pero ahora soy más sutil. Sé que es muy poco popular lo que estoy diciendo, porque hasta hace poco yo pensaba todo lo contrario, pero entendí que el que es del Colo lo será sin que se lo digan, e incluso de esa forma se vuelve algo más lindo. No sé si sea un entendimiento, un crecimiento personal o un retroceso.

Cuando lo acompañé al David Arellano a despedirse, al principio sentía que faltaba más gente, no sé, tal vez esperaba un estadio lleno. Yo quería darle una despedida masiva, pero solo bastaron las personas que estaban ahí, Colo-Colo en la cancha y nosotros en la tribuna cantando el himno del Club que elegimos querer para toda la vida y desde cualquier país del mundo.

Esa es la diferencia, él se va muy lejos y no tiene expectativas, va a recibir lo que la vida le dé, y es un error pedirle más a Colo-Colo o a la vida misma. Su gran salto se lo está dando ahora, y no consistía en triunfar atajando en Europa. Esta es su gran volada, va a llegar al rincón donde las arañas tejen su nido y yo, que siento que alguna vez le corté las alas, ahora me deleito con verlo volar. Porque eso es lo que hacen los arqueros, ¿no?

Buen viaje, hermano, y recuerda. Chi-chi-chi, le-le-lé, Colo-Colo de Chile.

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