Columna de Colo Colo: Un punto valioso

"Un partido de dos pueblos oprimidos que luchan día a día por conseguir su libertad y soberanía".

Por

 

Imagen foto_0000000120150224123245.jpg
AgenciaUno

Nicolas Ponce
Filial José Daniel Morón

Facebook: Colo Colo de Todos

@colocolodetodos

www.colocolodetodos.com

El partido del domingo era un compromiso de Copa Libertadores en el torneo nacional, un partido de dos pueblos oprimidos que luchan día a día por conseguir su libertad y soberanía. Un partido donde se enfrentaba toda la ansiedad de un plantel joven como el de Palestino a la experiencia de un Colo-Colo que ha mostrado tener mucha jerarquía para definir en momentos claves.

Esa experiencia, lamentablemente, no fue bien aprovechada y desde la galería no veíamos la razón de una temprana tarjeta roja para Vecchio, un jugador que perdió la titularidad por un correcto Humberto Suazo que posteriormente también perdía la cabeza, yéndose a las duchas por un insulto grave.

Nos agarramos la cabeza y las pifias al final del primer tiempo desacreditaban el correcto arbitraje de Roberto Tobar, que tuvo los pantalones para expulsar a dos jugadores albos en la primera mitad, en instancias que otros jueces solo hubieran sancionado con amarillas.

A Héctor Tapia no le quedó más que tirar el equipo para atrás con dos líneas de cuatro sin delanteros, cediendo el terreno de mitad de cancha hacia arriba.

El aliento no cesó y desde todos los sectores del estadio se cantaba más y más fuerte. Sabíamos que de ganar todo sería una fiesta, pero el empate tampoco era mal visto ya que estábamos enfrentando con nueve a un equipo que juega muy bien.

Palestino no aprovechó esa ventaja, puediendo haber hecho más daño. Darío Melo era prácticamente el último hombre de la saga, pero las líneas ofensivas no entendieron el mensaje hasta la genialidad de un Jaime Valdés enchufado, prendido y con ganas de ganarlo todo con Colo-Colo. El volante tomaba la pelota y se pasaba a cuanto rival tenía en frente, tocaba al lado y abría espacios como cuando aún era juvenil en el cuadro árabe allá por fines de los 90. Creó faltas a favor y un tiro de esquina preciso, que luego de un rebote volvió a transformar en tiro libre para encender de esperanza a la gente que estaba en el Monumental.

El Pajarito acomodó la pelota como cuando era niño y se apoderaba de todas las jugadas en las canchas de la comuna de El Bosque. El estadio guardó silencio por un segundo. Se sintió el pitazo de Tobar y a cobrar. La cancha de Arellano explotaba con una emoción tremenda, lloré al celebrar el gol y abracé a mi hermano como si hubiésemos obtenido una nueva estrella.

Todo fue fiesta, todo fue carnaval al menos por tres minutos. Un desborde del 17 de los árabes, Esteban Carvajal, de interesante duelo con Jean Beausejour, terminó en un correcto cabezazo del Tiburón Ramos para igualar el marcador. Colo-Colo se desordenó en las marcas luego del 1-0, y esos errores se deberán trabajar de cara a lo que se nos avecina en Copa Libertadores y el torneo local.

Minutos más tarde Palestino pudo enmudecer a quienes esperábamos un repunte albo, pero Justo Villar estuvo notable. En estas instancias se confirma el argumento de la tremenda jerarquía con que el equipo define partidos.

El árbitro asistente dio cuatro minutos más, y cuando se jugaba el 94, Claudio Baeza conectó un centro adelantado y anotó lo que hubiese sido una jornada épica para recordar por años. El línea levantó su banderín, todo quedaba invalidado, y árabes e indios repartían puntos en un duelo que fácilmente pudimos haberlo perdido.

Contenido Patrocinado
Loading...
Revisa el siguiente artículo