Columna de Colo Colo: "Si no es ahora..."

Desde el Movimiento Colo Colo de Todos llega el análisis del actual momento que viven los arqueros del Cacique.

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Por: José Miguel Sanhueza
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Luego de lamentar la terrible lesión de Paulo Garcés, de conmovernos con su llanto desgarrador saliendo en camilla de la cancha directo a la ambulancia, los colocolinos hemos visto comenzar el debate sobre la posibilidad de traer otro arquero en su reemplazo. Francisco Prieto, Pablo Migliore y otros nombres saltan a la palestra como refuerzos de emergencia.

Partamos por el principio.

Hay pocas cosas más desprestigiadas en la pichanga infantil que jugar de arquero, defendiendo ese pórtico hecho de piedras y polerones en una cancha de asfalto que se desarma temporalmente cada vez que pasa un auto. Ese arco suele ser el destino del hermano chico, del gordito, de aquel cuyas dotes naturales no le dieron para desempeñarse como jugador de campo.

Cuando algún niño decide por voluntad propia ser arquero, todo es más difícil que en cualquier otro puesto. Ya no es solo probarse en algún equipo, quedar, convencer en los entrenamientos, entrar en algún partido, consolidarse, contribuir a ganar partidos y campeonatos, hasta en algún momento impresionar al profe del primer equipo para ser invitado a la pretemporada. A todo esto se le debe sumar una dificultad adicional: a la cancha solamente puede entrar uno. Y ese uno que entra tiene la certeza de que una sola mala reacción puede anular un partido completo de solidez.
La presión es inmensa, y mayor al considerar que no es cualquier par de guantes el que está en juego. Son los guantes de Colo-Colo. Es el arco que defendió con prestancia Misael Escuti durante casi dos décadas, bajo el cual el Gringo Nef rozó la gloria de América, que luego el Loro Morón sí pudo abrazar. El pórtico bajo el cual el Cóndor volaba para engalanar nuestras canchas y salvar partidos insalvables. El que se pelearon a muerte el Rambo y Arbiza, el que vio a Claudio Bravo atajar en un felino movimiento a Mayer Candelo ese histórico penal.

Claudio Bravo. Cómo la debe haber pasado para llegar donde está. Desde que partió de Viluco a probarse, pasando por un condoro que costó una final sub-14 contra el archirrival. Lo quisieron echar por eso y porque pasaban los años y no pegaba el estirón. También tras otro error decisivo en una final sub-20. Ya más adelante vio desde la tribuna la lesión del titular Eduardo Lobos contra Boca Juniors por la Copa Libertadores 2003. Luego vio desde la banca al segundo arquero, Víctor Loyola, cometer contra Barcelona de Guayaquil un error que le costaría el puesto. Pero tampoco fue su turno, ya que debió observar la llegada de emergencia del gringo Johnny Walker, personaje de trivia tipo “Jugaron en Colo-Colo un día”.

Todo eso tuvo que pasar para que recién Bravo tuviese una oportunidad en serio para mostrar el resultado de años de trabajo duro y silencioso. Como es sabido, terminó tomando la titularidad en la Selección para no soltarla nunca más. Antes de irse a Europa nos trajo gloria con un equipo que nos llenó los ojos, lo último que entregó la cantera del Club Social y Deportivo Colo-Colo, muchos de ellos piezas clave en la conquista de la Copa América, con Bravo capitán y referente indiscutido.

Nada asegura que Álvaro Salazar u Omar Carabalí vayan a repetir una historia como esa. Incluso, se podría decir que la historia reciente de nuestro semillero no invita al optimismo. La llegada de Blanco y Negro trajo consigo la mirada rentista y cortoplacista tan propia del gran empresariado chileno, ese que discursea sobre la libre competencia mientras busca permanentemente maneras de enriquecerse sin invertir ni correr riesgo alguno. Así, durante años, salir a comprar cualquier cosa por tres chauchas ha sido una alternativa más atractiva que tomarse en serio las divisiones inferiores.

Precisamente por ello, salir a buscar cualquier arquero de emergencia no es sino reproducir aquella lógica que tanto daño ha hecho. Sean altas o bajas las expectativas puestas sobre Salazar y Carabalí, nada se les puede pedir sin darles a cambio respaldo. No existe otra forma en que pueda dar el salto un arquero, un puesto en que es tan difícil tener chances.
Los muchachos tienen consigo al mejor preparador de arqueros del país y a un referente como Justo Villar que puede transmitirles toda su experiencia y manejo del puesto. Si a eso les suman el amor a la camiseta, un indispensable primer paso para triunfar en Colo-Colo, ¿por qué de una vez por todas no darles la confianza? Si no es ahora, no va a ser nunca.

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