Columna de Colo Colo: Fútbol para pocos, el "Clásico" que no queremos

Se viene un nuevo "Superclásico" donde los precios de las entradas, excesivos e impropios de un club Popular, se suman a absurdas medidas de seguridad.

Por

Mauricio Valencia, Movimiento Colo Colo de Todos
@Maurolog0
www.colocolodetodos.com
Facebook: Colo Colo de Todos

Se viene un nuevo “Superclásico” del fútbol chileno. Una linda semana en la que las discusiones de fútbol se toman el trabajo, la universidad, el colegio y cualquier espacio de la sociedad desde Arica a Magallanes. Es el partido más importante del semestre a nivel local y acapara la atención de gran parte de la población, incluso de quienes no siguen el fútbol constantemente.

Es una semana en que a los colocolinos se nos vienen a la cabeza partidos memorables. Aquel mayo de 1995 en que Marcelo Espina dejó en claro que su paso por Colo-Colo no sería el de cualquier jugador, lo que ratificaría solo un año más tarde alzando el banderín del córner hacia la eternidad. La recordada final del 2006, donde la última cantera formada por el Club Social y Deportivo Colo-Colo se vestía de gala para abrir la senda del tetracampeonato. Se pueden recordar muchos, como por cierto también se pueden recordar otros (muchos menos) donde el resultado no nos fue favorable.

Sin embargo, por estos días también asistimos a algo que también se ha convertido en los últimos años en un “Clásico”. Un Clásico en el que todos los hinchas perdemos, no solo en este tipo de partidos. Los precios de las entradas, excesivos e impropios de un club Popular, se suman a absurdas medidas de seguridad, no solamente las que impone el fracasado plan “Estadio Seguro”, sino también aquellos absurdos adoptados voluntariamente por Blanco y negro. Entre estos destaca la prohibición del acceso de niños a las localidades más económicas, mientras que en las demás tribunas se les cobra precio de adulto. Quizás por la condición social de sus controladores, la sociedad anónima pareciera creer que contar con pocos recursos es sinónimo de ser violentista.

También en estos años hemos visto como sistemáticamente se reducen los aforos de los estadios. Atrás quedaron las imágenes de un Estadio Nacional lleno con 80 mil personas y un Monumental con 65 mil. Atrás también esos clásicos donde el estadio se repartía casi mitad a mitad (“casi”, porque siempre fuimos más los colocolinos, hay que decirlo). Las lamentables imágenes de ver Superclásicos con “claros” debido a restricciones a los aforos impuestas por las autoridades, se coronan además con un trato al momento de ingresar al estadio que es más digno de una visita a un centro penitenciario que a un espectáculo deportivo. Todo esto, en accesos que no están en condiciones apropiadas para la cantidad de personas que ingresan a los estadios.

Pero retomando los absurdos que son decisión absoluta de Blanco y Negro, también sobresale la política adoptada desde este año 2015 de “un RUT, una entrada”. Es decir, que todas las entradas deben llevar el RUT del hincha que ingresa al Monumental, y solamente ese RUT puede ingresar con esa entrada. En otras palabras, Blanco y Negro decidió que un hincha que por ABC motivo no puede ir al estadio, no tiene derecho a regalarle esa entrada a un amigo. Una medida abiertamente irracional, que en la práctica no ha significado ningún aporte en la supuesta lucha contra la violencia en los estadios. Es sabido además que siempre ingresa una cantidad importante de hinchas con entradas de “cortesía”, sin identificación alguna, y que la medida recién mencionada en los hechos no ha permitido identificar a ningun hincha violento.

Para el partido de este sábado, se limitó la venta de entradas a hinchas que estuviesen inscritos en la página oficial de la concesionaria ByN S.A. y a socios del Club Social Deportivo Colo-Colo. El reconocimiento y consideración a los socios del Club es un hecho a todas luces positivo. Sin embargo, restringir la venta de entradas no deja de ser una medida discriminatoria para la gran masa de hinchas del popular que ven impedimentos para ingresar a espectáculos deportivos, la que además adquiere ribetes irrisorios cuando el requisito para adquirir entradas es estar inscrito en una página comercial.

¿De qué sirve estar inscrito en una página de internet para asegurar la seguridad de un partido de fútbol? ¿Qué pasa con los hinchas que por diversos motivos (edad, situación económica, etc.) no tienen acceso a internet? ¿Creerán que los “violentistas” no tienen internet? En la práctica, esta medida es una forma de obligar al hincha a entregar sus datos personales con fines netamente comerciales, vulnerando libertades individuales como el derecho a la privacidad.

En cuanto a los precios, para este partido la entrada fluctúa entre los 6 mil y 26 mil pesos en precio preventa, y entre 8 mil y 31 mil pesos el día del partido. Para los sectores populares solamente hay venta presencial, y el resto de las localidades se venden tanto presencialmente como por internet, llegándose incluso al absurdo de que en algunas localidades (las más económicas) al comprar por internet igual se debe canjear un ticket físico en las boleterías del estadio. En resumen, la tecnología en vez de usarse para facilitarle la vida al hincha, se usa para complicarla, haciendo que sea más fácil obtener un crédito hipotecario que asistir al estadio.

El llamado a la concesionaria y a las autoridades es uno: a tomar definiciones. Si queremos que las familias asistan al estadio y estos se llenen siempre domingo a domingo, es tiempo ya de reconocer que las medidas tomadas hasta el momento solo han provocado el efecto inverso, potenciando un negocio redondo como el Canal del Fútbol que beneficia a unos pocos en desmedro del bien de la actividad, haciendo que hoy los niños tengan mayor acceso a ver partidos del fútbol Europeo que de nuestro Torneo Nacional.

Asimismo, si queremos terminar con la violencia en los estadios, pues trabajemos en conjunto: clubes, autoridades e hinchas. Y cuando decimos “hinchas” no solo nos referimos solo a la barra oficial, sino que también a las agrupaciones de hinchas y socios que existen a lo largo del país y que sólo trabajan por amor a la camiseta. Es tiempo de avanzar en un fútbol inclusivo, que integre a la sociedad de forma transversal y que termine con políticas discriminatorias y equivocadas, que solo engendran más violencia, y que transforman el balompié nacional en un “futbol para pocos”.

GRAFPRN

 

Contenido Patrocinado
Loading...
Revisa el siguiente artículo