Columna de la U: #ProhibidoOlvidar

Anticipando el clásico universitario de este domingo, esta reseña busca recordar la final ganada por la U en el 2011 y notar las diferencias históricas y actuales entre uno y otro equipo.

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Por: Álvaro Valenzuela y Patricio Torres

Colaboradores Asociación Hinchas Azules

Es tiempo de clásico, se siente en el ambiente y se puede palpar en el día a día. Es tiempo de clásico y de una u otra manera cada hincha se va acordando de partidos que pudieron marcar su vida como fanático. No me mal inteprete, por favor, respeto mucho este partido con la UC, tengo muchos recuerdos alrededor de un clásico universitario, recuerdos que se me hace imposible olvidar.

Soy de esa generación que creció mirando este partido como un sinónimo de final, peleando palmo a palmo hasta la última fecha en campeonatos tan apasionantes como los del ’94 y ’95. Pero esta columna no trata sobre esos partidos. Tampoco será sobre aquel gran equipo del ’99 y del 2000 que nuevamente obtiene un bicampeonato rezagando al equipo cruzado a un (nuevo) segundo lugar.

Hay otros partidos que hacen la diferencia entre nosotros y el equipo de la precordillera, y esos son los que nos han definido en el transcurso del tiempo y nos entregan nuestra identidad como hincha de cada bando.

El momento en que disputando la final del Apertura 2011 se encuentran ambos equipos, es revelador. Encuentre las 3 diferencias, estimado lector: La UC, era un equipo potente, el campeón defensor, cuarto finalista de la Copa Libertadores, puntero en la fase regular y un cuadro muy regular. Al frente tenía a la escuadra de Jorge Sampaoli y sus ganas de comerse el mundo. El primer partido (9 de junio) nos pilla a los laicos como locales, por tratarse de una final, la dirigencia de ambas instituciones deciden dividir el Estadio Nacional en partes iguales para así lograr incluir a la mayor cantidad de gente. 

Pese a eso, la realidad fue diferente ya que a este primer duelo sólo llegaron 30.248 espectadores, sobrando 10.000 entradas en el sector de la visita. El resultado (0-2) le entregaba a los cruzados el título incluso con la posibilidad de perder por esa misma diferencia.

A pesar de eso, el 10 de junio una fila abarcaba cuadras y cuadras del Estadio Nacional, eran los hinchas azules que con una fe intacta quieren conseguir una entrada para la final de vuelta. El premio fue mayúsculo, ya que el 12 de junio y esta vez ante 40.000 espectadores (adivine usted quien se animó ahora a ir al estadio) los Romanticos Viajeros damos vuelta la llave y nos quedamos con un campeonato de ensueño, de imposibles. Un milagro.

Y sólo eso. Durante el partido nos enteramos que en el bus que traía a los franjeados se había armado una fiesta, con cotillón y música. El triunfo era seguro, decían. En resumen, este partido es un botón de tres pilares fundamentales que nos hacen distintos de los oriundos de Recoleta (que no se les olvide de donde vienen): que a pesar de ser visita llenamos estadios, que nunca damos un partido por perdido y que jámas celebramos un título antes de ganarlo. Porque a mucha honra, todo nos cuesta en la vida.

Pero hay más, como las mesas tienen 4 patas, nuestras diferencias se sostienen en 4 pilares. Y este último es muy importante. Y para explicarlo, nuevamente recurriré a algunos partidos entre ambos. Durante el torneo de Clausura 2014, nuestro querido equipo vivió un triste proceso deportivo (muy parecido al actual) es así como vimos que nuestros clásicos rivales se fueron distanciando paulatinamente en los puestos de avanzada, dejandonos en corto tiempo fuera de toda lucha por el título.

Así, entre Universidad Católica y Colo Colo saldría el campeón nacional, y aunque los de Pedrero tomaron rápida ventaja en la tabla, los cruzados daban dura batalla y asechaban con todo. En ese escenario, nos tocó el clásico universitario en San Carlos. A pesar de que un triunfo dejaba practicamente sentenciado el título para los de blanco, el equipo azul salió con todo en los pastos cordilleranos y se trajo un hermoso 0-3 a favor.

Esa historia se repitió el Clausura 2015 (2-4 la victoria laica) y los leones azules volvieron a entregar en bandeja el campeonato a sus eternos rivales, empero, el equipo de (Héctor) Tapia no aprovechó la liquidación y terminó viendo como Cobresal se titulaba campeón por primera vez.

Este es el último gran pilar que nos diferencia, a pesar de todo lo malo que nos pueda ocurrir, los azules siempre salimos a ganar en cualquier cancha, no hacemos cálculos mezquinos y sólo sabemos entregarnos por completo en cada partido.

La pasión por vestir estos colores no se pierde pase lo que pase o se beneficie quien sea con nuestro triunfo, porque siempre es más grande la alegría de nuestra gente que la de los oportunos que ven como bajamos a un rival de la pelea por el título.

Usted se preguntará: ¿La UC no gana cuando puede beneficiar a la U? Y recordaré esa triste tarde de enero de 1989 cuando la UC se dejó perder de forma absurda, triste y patética 3-0 contra Unión Española sólo por el afán de vernos en Segunda División. Lo lograron. Se juntó una ecuación muy extraña de resultados que nos mandó a la B, pero el futbol ,que a ratos puede ser muy sabio, se encargó de devolver la mano: Volvimos en un año a primera, y el 94 los volvimos a dejar segundos.

Y es que nuestro equipo deja todo y algo más cuando se enfrenta al clásico universitario, y vienen muchos partidos en que aunque hemos terminado mascando la derrota, el equipo es capaz de superarse a sí mismo y entregar un buen espectáculo.

A saber: la derrota 2-3 en Macul el 2009, donde el paupérrimo cuadro de Pepe Basualdo dejó todo el segundo tiempo y casi empata el marcador luego de ir 0-3 al final del primer tiempo. El 4-2 en el Nacional en 2010, donde en un partido electrizante estuvimos muy cerca de quedarnos con la victoria. Y por su puesto la final perdida del 2005, en donde Católica pierde el invicto en el segundo tiempo del partido de vuelta, y de pasada, casi pierde el titulo.

Somos tan distintos, por eso somos tan rivales. Formamos el mismo equipo alguna vez (el cual, obviamente, tenía nuestro emblema), competimos por ver quién llegaba primero al profesionalismo (y fuimos nosotros), y en el resto de esta casi nonagenaria historia de rivalidad nos hemos ido separando aún más. Incluso de manera geográfica. Levantamos nuestros pilares y año a año los reafirmamos con los partidos que nos enfrentan. ¡Cuidado! No les vaya a pasar de nuevo que un chuncho se atraviese en su camino hacia un título. Pasó antes y seguro, volverá a pasar.

#ProhibidoOlvidar.

GRAF/DE

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