Columna de la U: Promesas incumplidas

Una crítica contra Azul Azul en base al aumento de capital que busca la concesionaria dirigida por Carlos Heller para solventar la próxima temporada de la U.

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Por: Andy Zepeda Valdés

Presidente Asociación Hinchas Azules

Corría el año 2007 y lo que parecía imposible finalmente sucedía: el Club Universidad de Chile, tal y como lo habíamos conocido por toda una vida, pasaba a mejor vida y daba lugar a una Sociedad Anónima de nombre Azul Azul. Para muchos el cambio fue traumático. Muchas formas de ser y hacer fueron cercenadas de nuestro ideario. Nada habría de ser lo mismo.

Para hacernos el cambio algo menos terrible, nos hicieron una serie de promesas, como para que no cundiera el pánico. Esas promesas tenían adosadas también, las justificaciones de por qué convenía pasar de las antiguas y quebradas corporaciones a las nuevas concesionarias. Nos dijeron algo así como: “los clubes quebraron porque los manejaban gente irresponsable y con modelos poco sustentables”. Por contraparte, la promesa era que las concesionarias, las empresas del fútbol, traerían transparencia, solvencia económica, equipos competitivos y una revolución a nivel de fútbol formativo que auguraba un futuro esplendoroso.

Casi una década después, ¿qué tenemos? Nada. En la U no tenemos nada. Sólo nos queda un cúmulo de promesas rotas y una rabia creciente. Sí, rabia, porque no se contentaron con borrarnos a los hinchas del mapa y aniquilar el rol social de los clubes, sino que además se pasaron por donde quisieron aquello de la transparencia, dilapidaron los recursos y destruyeron lo más esencial que tiene el fútbol formativo: identidad y valores.

Vamos por parte. Y aunque quisiera, no me haré cargo de todas las mentiras y podredumbre del fútbol chileno, porque no me corresponde; mas sí haré un breve repaso por lo que toca a Universidad de Chile.

¿Transparencia? Lo que ha ocurrido en la ANFP estas últimas semanas, una crisis de corrupción sin precedentes, da la pauta para sospechar de absolutamente todo, pero no hablemos de la ANFP, no nos perdamos en la generalidad. Particularicemos y enfoquémonos en la U. Vayamos por Azul Azul y preguntémonos: ¿puede una concesionaria que tuvo por presidente al principal responsable -y condenado- por el “Caso Chispas” decir que es transparente y da confianza?

¿Puede ufanarse de probidad y ser confiable una empresa que tuvo entre sus principales accionistas a un delincuente como Carlos Délano? ¿Y cómo va a ser transparente una sociedad que opera en el más completo hermetismo y de espalda a los hinchas? Ah, sí, la Superintendencia de Valores y Seguros y las cuentas rendidas deberían darnos tranquilidad… Claro, eso en la oficialidad. ¿Qué ocurre debajo? Quién sabe. Pero está bien, hasta aquí ni yo ni nadie les ha probado nada a estos muchachos, pero a la luz de antecedentes como estos uno no puede sino al menos desconfiar, y más aun considerando el contexto nacional.

¿Solvencia económica? El gran argumento que autoridades y empresarios esgrimieron la década pasada para abogar por la inminente llegada de las S.A. Fueron los problemas económicos que tuvieron los clubes y las deudas que se generaron (otro día hablamos del origen espurio de estas deudas y de cómo se derogó el DFL 1 de 1970 y de cómo esto prácticamente duplicó la deuda de la Corfuch, haciéndola impagable). El discurso era simple: las S.A. vendrían a ordenar la casa y a dejar las deudas en el pasado. Sin embargo la realidad dista mucho de eso: hoy nos enteramos de que Azul Azul debe nuevamente pedir un aumento de capital a la junta de accionistas porque, producto de un enorme cúmulo de pésimas decisiones dirigenciales, se quedó sin recursos para estadio y refuerzos. ¡¿Perdón!? 15 millones de dólares dilapidados así sin más. ¡La Corfuch quebró (recordar: en realidad la quebraron) por muchos menos! Nos prometieron seriedad y una buena administración, pero de eso nada. Todo lo contrario: se han dedicado a botar la plata (que dicho sea de paso: sale de nuestros bolsillos), a jugar con ella.

¿El estadio? Chiste cruel a estas alturas. Ahora bien, nadie le pidió un estadio a Carlos Heller, fue él quien lo prometió, poniéndose la soga al cuello. Nadie lo presionó, fue él quien quiso lavar la imagen de la concesionaria que él preside y la suya propia con semejante y mesiánica promesa.

Yo no soy de aquellos a quien el tema del estadio le quita el sueño. No. La verdad es que, si bien me gustaría llegar a tener una casa propia, no lo veo como prioritario hoy por hoy. Creo que nuestras prioridades como hinchas de esta era de mercantilización deben ir por otro lado: como recuperar nuestro club. Es así: antes que copas o estadios, denme un club. Pero entiendo que para muchos es un tema delicado y vital, por lo mismo molesta tanto que sea otra de las promesas incumplidas de la S.A. Por respeto, consideración y deferencia, sería bueno que dejen de jugar con ello como si fuera cualquier cosa, que dejen de tratarlo como promesa en tiempo de campaña electoral.

¿El fútbol formativo? Abandonado a su suerte. Descontando a Chinito Martínez, ¿qué jugador venido de la cantera azul ha brillado y se ha consolidado en el primer equipo durante los últimos años? Por contraparte, ¿cuánto jugador de proyección fue vendido “verde”, sin la posibilidad de terminar de madurar en la “U”? ¿Cuánto jugador no terminó a préstamo por ahí? Montones. Y lo valórico e identitario es otro tema que entristece. Adhiero a esa teoría que señala que el hecho de que hace tantos años no podamos ganar en el Monumental va de la mano con la falta de valores y una identidad basada en una identificación con el equipo a toda prueba. Basta con preguntarse: ¿cuántos jugadores formados en casa jugaron los últimos clásicos? Saque la cuenta. El fútbol formativo está muy al debe. Todo porque no se está formando jugadores para la Universidad de Chile, sino bien transables, ojalá en el corto plazo.

¿Equipos competitivos? Escribo esto justo después de terminar de ver el compromiso perdido contra Unión La Calera y eso de “equipo competitivo” me suena a mala broma. Es cierto, estamos ad-portas de ganar un nuevo título, pero lo exhibido en el Lucio Fariña y en todo el presente torneo (y el anterior también) es realmente lamentable. Y es que claro, un equipo competitivo va de la mano de la solvencia económica y las buenas decisiones a nivel dirigencial.

Es cierto que bajo la administración de una S.A. tuvimos un periodo muy exitoso con Don Jorge Luis (Sampaoli) al frente, por lo que la conclusión debiera ser que tener equipos competitivos es algo posible, pero no una garantía. Y es que es obvio: la plata no te asegura el éxito. Las buenas decisiones tampoco, pero te acercan. Y lo de Azul Azul en el último periodo no ha ido por el lado de las buenas decisiones, sino todo lo contrario. Más encima, pobres. Un fracaso rotundo.

Y así, suma y sigue. Son muchas las cosas que se dijeron en su momento y que hoy sólo figuran en el archivo, porque en la realidad no aparecen por ninguna parte. Las sociedades anónimas deportivas llegaron con una promesa clara: mejorar el fútbol chileno. No hay que ser un avezado analista para darse cuenta de que simplemente no dieron el ancho. Es cosa de alzar la vista y ver: estadios cada vez más vacíos, familias cada vez más lejos de ellos, clubes endeudados y con déficit de miles de millones (como la U), corrupción y un nivel deportivo paupérrimo. Y lo peor de todo es que el hincha, el actor principal, no tiene voz en todo esto.

Es cosa de levantar la vista y ver que el asunto ya no da para más y que es necesario un cambio de paradigma. Pero entienda, amigo lector: el paradigma y el modelo no se van a cambiar solos, alguien tiene que cambiarlos. Y cuando digo “alguien” me refiero a usted y a mí, a nosotros.

GRAF/DE

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