Almuerzos de fútbol, excelencia académica y retorno: El camino Monumental de Sierra

Alumno destacado en su promoción del INAF y fiel promovedor del trabajo de las inferiores, el técnico de Colo Colo hizo un largo trabajo para llegar a Macul y ser campeón.

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Gonzalo Pérez Amar

“En este momento de mi carrera me siento preparado para dar un salto de esta envergadura y tomar desafíos mayores. Antes consideraba que no era el momento oportuno”. José Luis Sierra Pando espero seis años desde su debut como técnico para tomar el desafío de llegar al Estadio Monumental a dirigir Colo Colo. Desafío que comenzó el 2 de junio con el retorno del plantel de las vacaciones, pero que preparó desde hace mucho tiempo y coronó con el título 31 de los albos en torneos locales.

Aunque el 2008 se graduó del INAF como director técnico, en sus tiempos de jugador ya mostraba dotes de estratega y lo plasmaba moviendo los hilos de sus compañeros como mediocampista de creación. Así fue creando una visión de juego distinta y que alimentaba consumiendo fútbol constantemente y discutiendo de balompié con el resto de sus compañeros.

Cuando se acercaba el retiro como jugador, José Luis Sierra parecía tener su camino armado: ser técnico. “Para tener un negocio, de lo que sea, hay que estar encima y nunca tuve ni el tiempo ni el ojo para hacerlo”, señalaba el 2013, luego de ser campeón con Unión Española, a la Revista Capital sobre la posibilidad de ser comerciante, tal como en su momento lo fue su padre Domingo. Pero no. El destino de José Luis Sierra estaba en la banca y así lo entendió cuando comenzó su curso de director técnico en el INAF en 2006.

Tres años más tarde el tiempo le daría la razón y el 9 de octubre de 2009 debutaría como interino del primer equipo de Unión Española en un empate a tres tantos ante Rangers. Un interinato que duraría tres partidos y que tendría su revancha el 2010, cuando fue promovido de las inferiores para convertirse de manera permanente en el técnico hispano. El desafío comenzaba a pavimentarse.

Un fiel consumidor de fútbol

José Luis Sierra se consagró como jugador cuando llegó en 1996 a Colo Colo de la mano de Gustavo Benítez. Ahí se encontró con jugadores de la talla de Marcelo Barticciotto, Ivo Basay, Pedro Reyes, Javier Margas, Fernando Vergara o Marcelo Espina. Un plantel lleno de experiencia. Un plantel que terminaría siendo un semillero de técnicos y del que el Coto se fue nutriendo.

“En ese equipo eramos todos muy cercanos y compartíamos mucho. El Coto vive el fútbol intensamente y consume mucho fútbol. Teníamos un grupo muy bueno y en los almuerzos hablábamos mucho de fútbol, de tácticas y como pararíamos los equipos. Era un plantel muy futbolizado y él también lo era”, cuenta Marcelo Espina sobre los tiempos que compartió con el reciente técnico campeón de Colo Colo.

Por eso, no es de extrañar que de aquel plantel que consiguió tres títulos entre 1996 y 1998 hayan salido cinco futuros entrenadores de Colo Colo. “Puede que haya influido mucho el cuerpo técnico. Muchas veces nos juntábamos a almorzar en la casa de algún miembro del cuerpo técnico, por ejemplo en la de Gualberto Jara (N de la R: ayudante técnico de Gustavo Benítez), y veíamos y analizábamos fútbol”, agrega el Cabezón.

La excelencia académica

Ya en los tiempos que habían compartido en Colo Colo y en la selección chilena, José Luis Sierra y Pedro Reyes desarrollaron una amistad. Aunque se separaron con la partida del Coto al club de sus amores, Unión Española, el fútbol se encargaría de reencontrarlos y el lazo fue creciendo.

Coincidencia o no, el reencuentro sería en los hispanos, club con el que terminarían siendo campeones como dupla técnica. Y fue cuando ambos jugaban en Santa Laura que ingresaron al INAF a hacer el curso de director técnico. El 2006, cuando el retiro de ambos se aproximaba, ingresarían a estudiar y el mediocampista destacaría en la promoción que egresaría el 2008. No por nada recibiría el premio de excelencia académica.

“Era el más destacado, sin desmerecer al resto, en clases y el mejor alumno. Era muy participativo y siempre estaba interesado en tener una charla futbolística”, dice Cristián Uribe, campeón con Everton en 2008 y compañero de José Luis Sierra en el INAF y en el Colo Colo de 1999.

Al igual como sucedía con las charlas futbolísticas que tenían en aquel experimentado plantel albo que conquistó tres títulos, la lógica se repitió en la casa de estudios de Quilín. “Los mejores momentos eran los almuerzos o los recreos. Ahí teníamos interesantes conversaciones futbolísticas y siempre había temas para discutir o conversar. Éramos como un camarín”, agrega Fido.

Al grupo de José Luis Sierra, Pedro Reyes y Cristián Uribe, también se unía Patricio Almendra y Juan Carlos Letelier. Grupo que terminaría realizando la tesis en conjunto para recibir el título en 2009.

“Siempre fue un alumno aventajado y tenía la capacidad para manejar situaciones en los trabajos de cancha. Demostraba ser una persona capaz y con todos los atributos para dirigir a Colo Colo”, recuerda Patricio Almendra sobre los momentos que compartió con el Coto en el INAF.

“Lo mejor eran las juntas en el almuerzo y las conversaciones que se daban. Él como jugador tenía otra visión del campo de juego y es de los jugadores que pueden ser como un técnico dentro de la cancha y también en el camarín”, agrega Almendra, quien también compartiera con Sierra como jugador en Unión Española.

La prueba de fuego

José Luis Sierra no tuvo problemas para superar el curso de entrenador y no por nada fue el alumno más destacado de la promoción 2008, de la que también egresó Pedro Reyes. Como era de esperar, Unión Española le abrió las puertas para que se desarrollara como director técnico y el mismo año que recibió el título, en 2009, pasó a dirigir las categorías inferiores del club que lo vio nacer.

“Tengo la ilusión de poder estar en el fútbol joven por un tiempo, hacer una experiencia ahí y que ojalá eso me sirva para poder dirigir en primera división”, diría José Luis Sierra tras recibir el diploma de entrenador. Y su oportunidad en Primera llegaría antes de lo esperado. El mismo año que llegó a dirigir a las series menores tendría que asumir el riesgo de asmuir el primer equipo tras el despido de Luis Hernán Carvallo. Un primer coqueteo con el plantel de honor de los que se transformaría en romance en octubre de 2010, cuando asumió de manera definitiva como técnico de Unión Española en reemplazo de Rubén Israel.

Siendo un estudioso de fútbol, como lo describen quienes han compartido con él, ahora tenía que llevar a cabo y traspasar esa filosofía a sus jugadores. Tal como lo hiciera como jugador, José Luis Sierra desarrollaba un juego de posesión, de defender teniendo el balón, llegar al arco rival con un gran número de jugadores y de mucho toque, para que los tres delanteros que suele utilizar se liberen de marcas. Una filosofía que fue desarrollando con largas horas de trabajo en el Estadio Santa Laura.

“Es un entrenador y un cuerpo técnico que siempre tuvieron las cosas claras. Tenían una idea de juego y una convicción de qué es lo mejor. En momento buenos y no tan buenos, mantuvieron la convicción que siempre transmitieron”, dice Diego Scotti, pilar fundamental de la Unión Española de José Luis Sierra y que terminaría siendo campeona en 2013.

Y esa filosofía se la fue traspasando a los jugadores dándoles la confianza necesaria para que se acerquen a conversar cada vez que estimen conveniente, creando una relación muy cercana con su plantel.

“Él te entrega mucha confianza y uno lo siente. Es de conversar mucho personalmente con los jugadores y también de forma grupal. Así logra que el jugador se acomode a su estilo y es fiel a eso”, señala Jorge Ampuero, otro de los pilares de los hispanos que consiguieron el séptimo título.

Otro que concuerda con el zaguero es Sebastián Miranda, quien fuera compañero de José Luis Sierra en Unión Española y luego pasaría a ser su dirigido. “Es muy respetuoso por los jugadores y no es desconfiado. Y no sólo el Coto, sino que también Pedro Reyes y Marcelo Canessa, que siempre están pendientes si tienes algún problema. Pedro es el más cercano del cuerpo técnico, pero tú sabes que las puertas de la oficina del Coto siempre estan abiertas”, señala el defensor. 

“Tiene la gran ventaja de haber sido jugador, de haber vivido muchas cosas y entiende bien lo que es el jugador y las cosas que hay detrás. Le da la importancia que muchas veces no se le da al jugador, quienes a veces están desprotegidos. Siempre se mostró abierto a recibir opiniones, a conversar, a consultarnos a nosotros temas puntuales y grupales. Una persona abierta, al que hay que tratar de escuchar y sacarle provecho”, agrega Scotti.

Una prueba de fuego que José Luis Sierra superó con creces. En sus primeros años realizó grandes campañas, pero el 2013 sería el año de consolidación con la obtención del título en el Torneo de Transición y la Supercopa.

El desafío mayor

Ser campeón en 2013 le valió a José Luis Sierra Pando ser considerado como opción cada vez que surgía la vacante en Universidad de Chile, Universidad Católica o Colo Colo. Fue así como estuvo muy cerca de llegar a la U, pero el acuerdo no se dio y siguió desarrollando su idea en Santa Laura. Una idea que, además de su estilo de juego, se vio sustentada por el trabajo que realizaba en las divisiones inferiores, donde unificó el sistema de entrenamiento de las distintas categorías y se encargó de hacer debutar jugadores.

“En sus cinco años en el club hizo debutar más juveniles de lo que se había hecho en los últimos quince años. De la mano de José Luis Sierra se unificó un sistema de entrenamiento y de juego desde el primer equipo hasta la Sub 11. El fútbol joven tenía la misma estructura que el primer equipo”, dice Sebastián Miranda, quien actualmente está trabajando con las series menores de Unión Española, sobre el método de Sierra.

Y ese fue uno de los puntos que gustó en Colo Colo. Con la salida de Héctor Tapia, Aníbal Mosa, presidente de Blanco y Negro, tenía que entregar un nombre que siguiera la línea del estratega que les entregó la 30 y miró hasta la Plaza Chacabuco.

Identificado con el club, con un esquema de juego similar, con trabajo en inferiores, cercano a los jugadores y con capacidad para conversar con cada integrante del plantel según su condición, José Luis Sierra convenció a los dirigentes de Blanco y Negro y firmó su contrato. “Él fue campeón como jugador, jugó Copa América, Mundiales, Libertadores. No creo que la presión le afecte, pero esto es fútbol y mandan los resultados. Le va a ir bien y son un buen cuerpo técnico”, auguraba Marcelo Espina cuando el Coto Sierra asumió como técnico de los albos.

Y no se equivocaría. El desafio arrancó con el pie de derecho y en el inicio del Apertura, Colo Colo acumuló siete triunfos consecutivos, afirmándose en la cima del campeonato. Pese a las dificultades que presentó el camino, como la salida de Humberto Suazo, la detención de Esteban Paredes y las constantes lesiones que sufrió el plantel, el Coto supo mantener a un equipo alineado y conscientes de que el objetivo dependía de ellos mismos.

La campaña no fue fácil. Sierra, conocido como un técnico lejano de sus jugadores, sufrió para encontrarle respuestas a un equipo que en la recta final apostó a la categoría de sus jugadores y a los créditos obtenidos en la primera parte del semestre.

Finalmente, en el torneo más corto en la historia del fútbol chileno, el Colo Colo de Sierra entró a la historia grande del club al bajar del firmamento la esperada estrella 31.

GRAF/GP

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