Columna de Colo Colo: No nos quiten la alegría

Colo Colo ha bajado una nueva estrella del cielo. Un logro que, como toda obra humana, combina aciertos propios y oportunidades del medio externo.

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Por José Miguel Sanhueza

@albohemio
Movimiento Colo-Colo de Todos

“A pesar de sentir una gran alegría por el logro, no puedo dejar de decir que lo sucedido hoy sin dudas es de lo más triste que vi en mi carrera”. Las palabras de Justo Villar, sin ninguna duda el jugador más importante de este último torneo chileno, representan una isla de sensatez en un océano lleno de basura por todos lados.

Y es que Villar nos dice dos cosas. La primera de ella es la alegría. Justa, necesaria, y por sobre todo, completamente legítima. Colo Colo ha bajado una nueva estrella del cielo. Un logro que, como toda obra humana, combina aciertos propios y oportunidades del medio externo. En este caso, puntos obtenidos con justicia y goles en el terreno de juego, sumados a los errores y desperdicios de los adversarios más cercanos.

Los absolutamente repudiables incidentes de ayer no nos pueden arrebatar la alegría de un campeonato bien habido. Los jugadores, el cuerpo técnico y los hinchas que seguimos toda la campaña de nuestro club tenemos todo el derecho del mundo a estar contentos por aquello. A no dejarnos chantajear por comunicadores exaltados, ni tampoco por simpatizantes de otros clubes que parecen más dedicados a enlodar nuestro campeonato y pontificar acerca de cómo tiene derecho a sentirse la inmensa mayoría del pueblo chileno, que realmente preocupados de asumir una posición honesta acerca de cómo frenar de una vez y para siempre la violencia en los estadios y alrededores.

Tenemos derecho a estar contentos. Pero nos cuesta, sin duda que nos cuesta mucho. Aquí es donde entra la tristeza que comenta Justo Villar. Lo de ayer fue escandaloso, vergonzoso, horrible, indignante. Añada Ud. lector todos los adjetivos que guste y sin matices. Ni el Decano del fútbol chileno y de los pocos equipos de provincia con genuino arraigo popular, ni mucho menos el club y la organización social más importante de Chile entero, se merecen ese 0,01% de “hinchas”. En realidad ningún club los merece, pero en muchos de ellos se los ha alimentado con entradas, con beneficios, y ya en los tiempos de las sociedades anónimas deportivas derechamente con sueldos.

Tampoco nos merecemos las propuestas de ocasión que se nos presentan como “soluciones”. Las autoridades de gobierno, varios medios de comunicación, e incluso aquellas pocas “autoridades del fútbol” que no están refugiadas en Miami o quemando boletas y formateando computadores en Quilín, saltaron presurosas a proponer acciones como prohibir el acceso a hinchas visitantes o incluso establecer que los partidos de “alto riesgo” se jueguen sin público.

Quizá alguno nos tildará de conspirativos, pero uno no puede dejar de preguntarse si ese tipo de propuestas no tendrán algo que ver con las notorias deficiencias del operativo de seguridad desplegado el día de ayer. Me refuerza esta sensación la conversación posterior con un wanderino de avanzada edad, mientras ahogábamos la pena (porque sin duda ese era el sentimiento) en un bar porteño después del no-partido. El señor nos contaba de su llegada al estadio una hora antes del encuentro, y de cómo un carabinero le decía antes de entrar “váyase pa’ la casa, aquí va a quedar la cagá”.

No deja de ser curioso contrastar estas palabras del carabinero con despropósitos tan burdos como la ausencia total de vallas papales en los sectores de las barras, o la tardanza de más de 20 minutos de Carabineros en ingresar a intentar disuadir los desmanes que a esas alturas ya eran hechos más que consumados. Una negligencia tal de las autoridades que parece hasta hecha a propósito, ante un clima hostil que se venía anunciando hace rato en las redes sociales.

El resultado es el de siempre. Seguramente vendrán nuevas medidas represivas contra el hincha de a pie, orientadas a alejar a la gente, volcar al público al CDF y así asegurar ingresos sin tantos molestos y onerosos gastos en seguridad. Lo que más le gusta en definitiva a los dirigentes SADP en complicidad con las autoridades políticas: ganar plata sin trabajar. Todo esto mientras las autoridades seguirán donde están, y quienes nos opongamos a este tipo de medidas seguramente seremos vilipendiados como “defensores de los violentistas”

Es fundamental por cierto que la justicia actúe y aplique todo el rigor de la ley a quienes protagonizan estos. Para ello por cierto haría bien en utilizar los numerosos registros audiovisuales que existen y actualmente se acumulan uno tras otro en el archivo de quién sabe dónde. Pero también es necesario que el Estado de una vez por todas cambie el paradigma con el cual ha actuado hasta el día de hoy.

En lugar de actuar en contra de la inmensa mayoría de hinchas que vamos al estadio, es necesario hacer exactamente lo contrario: incluir al hincha. Generar espacios de diálogo, por cierto con autoridades deportivas, políticas, policiales, pero por sobre todo, representantes de los hinchas que somos los actores principales en esta materia. De ahí la valiosa importancia de reconstruir los clubes como comunidades organizadas de socios e hinchas: los clubes somos los llamados a jugar un rol protagónico, y sin embargo los que menos hemos sido escuchados en estas discusiones.

Por lo pronto, el 99,9% de los hinchas colocolinos intentemos en la medida de lo posible ejercer nuestro legítimo derecho a estar contentos. Salimos campeones con justicia y eso no puede sino ser motivo de alegría. Pero al mismo tiempo estemos alerta, dispuestos a organizarnos más allá del color de la camiseta, contra todos los que durante estos últimos años han insistido en quitarnos cada vez más el derecho a la sana alegría que sentimos domingo a domingo en la cancha. No cabe duda de que si nos lo proponemos podemos perfectamente hacer ambas cosas a la vez.

GRAF/PMR

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