Entre escupitajos, sillazos y aplausos para Cordero: la triste salida de la UC de La Florida

Jugadores cabizbajos, lágrimas en la cancha y en la tribuna, fanáticos desbordados y más dieron forma al desolador panorama del retiro cruzado del Bicentenario.

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Por Pablo Serey Correa

Pitazo final del árbitro Jorge Osorio y la rabia de los hinchas que ya se había comenzado a expresar a través de insultos y con proyectiles de diversa índole, se desató. La caída 1-0 ante Audax Italiano en La Florida decretó una nueva amargura para Universidad Católica muy cerca de la gloria. Otra vez sólo alcanzó para un segundo lugar.

En cancha, el fin del partido fue una selva de emociones. El lateral Fernando Cordero fue el que sintió más fuerte el golpe de la derrota. El Chiqui se desplomó sobre el sintético floridano y soltó un desgarrador llanto que solo pudo ser calmado por los abrazos de su compañero Germán Lanaro y del delantero audino Felipe Mora.

Cristopher Toselli se acercó hacia la galería norte, desde donde caían asientos como proyectiles al campo de juego. El arquero fue a despedirse de la hincha y a pedirle a los forofos que no lanzaran más objetos contundentes.

El resto del equipo se fue masticando la rabia, cada uno a su manera. Jeisson Vargas soltó lágrimas y con alto sentido de vergüenza deportiva se llevó la camiseta al rostro para no dejar en evidencia su desolación. Los experimentados Cristián Álvarez y Mark González abandonaron la cancha con rostros perdidos y sin interactuar con nadie.

La mayoría prefirió abandonar rápido la cancha rumbo a camarines. Y en ese contexto, varios corrieron hacia el túnel que estaba bajo la tribuna pacífico norte en la que estaban instalados hinchas cruzados y desde la que cayeron proyectiles de distinto tipo, escupitajos e insultos de grueso calibre. “Cagones culpaos (sic)”, fue de lo más suave que se escuchó.

Caso aparte fue la salida de Mario Salas. El director técnico fue uno de los primeros en cruzar el túnel rumbo a camarines y lo hizo en soledad mirando constantemente su reloj, así como si ese aparato le pudiera a entregar las respuestas que en dicho momento necesitaba para explicarse el dramático final.

Al Comandante le cayeron insultos y reproches de forofos desbordados. De los “ándate de Católica”, hasta los “esta huea es culpa tuya (sic)” fueron los cuestionamientos a viva voz para el viñamarino. Claro, eso de lo más suave y reproducible en estas líneas.

Para todos hubo insultos, menos para dos. El arquero Cristopher Toselli fue despedido con palmas de la cancha, mientras que el lateral Fernando Cordero –otrora uno de los más criticados por la fanaticada- se retiró con entre aplausos y gestos de apoyo. Y es que el Chiqui conmocionó con sus lágrimas.

Otro asunto fue la salida de camarines hacia el bus. El presidente Luis Larraín salió de los vestuarios y optó por el silencio ante la presencia de los medios de comunicación, al igual que el gerente deportivo José María Buljubasich. Luego vino el turno de aquellos jugadores que no entraron en la nómina, quienes también se retiraron en absoluto silencio.

Cordero y Toselli fueron los únicos que se atrevieron a dar declaraciones. Y este último fue abordado por un histórico de su puesto en el fútbol chileno, quien le brindó un afectuoso abrazo y lo conminó a levantar el ánimo. Oscar Wirth, quien actualmente trabaja en el fútbol joven de Audax, le entregó cariño y algo de humor a un Cristopher pasmado.

Roberto Gutiérrez, por su parte, accedió a sacarse un par de fotografías con algunos hinchas que se encontraban cerca del bus de la UC, mientras que Mark González optó por retirarse por una salida alternativa para no pasar por la zona mixta en la que lo esperaban los medios de comunicación.

Mario Salas, tras dar su conferencia en la sala correspondiente, enfiló hacia el bus con la vista perdida y en compañía de sus dos fieles escuderos, su ayudante de campo Leonardo Zamora y el preparador físico Osvaldo Alegría.

GRAF/PMR

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