Columna de la UC: Llegó nuestro momento

La voz del hincha cruzado tras otro amargo término de torneo con las manos vacías de gloria. "Falta rebeldía también en nosotros, los hinchas, para empoderarnos", tiran.

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Por Álvaro Bley, sociólogo
Medio partidario Frecuencia Cruzada

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El domingo en la tarde noche divagaba por la televisión por cable. Veía a gente que en la mitad de la cancha rompía cosas y se las tiraba a otra gente. Y la otra gente hacía lo mismo. Después cambiaba y ponía monos animados. No quería saber nada de nada. Entre tanto cambiar, algunos comentarios políticos sobre las elecciones en Venezuela.

Entre tanto cambiar veo a Luis Larraín, el “presidente” de “nuestro club” hablando de Venezuela y me dan ganas de aaah, de irme a acostar. Porque yo, como cualquier persona que fue el domingo a La Florida, y como miles de personas que lo vieron por tv o lo escucharon por radio o qué sé yo cómo lo siguieron, no quería saber nada de nada.

Para el hincha no hay capacidad mental para otra cosa. Pero para Luis sí. Y no porque sea superdotado, si no porque no es uno de nosotros. El cuerpo, en esas circunstancias, sólo está capacitado para estar tirado en una cama mirando el techo, buscando explicaciones y/o soluciones. Es algo científico.

De las soluciones, hay una que aparece más rápido que las otras: que los dirigentes se vayan. Porque si uno ve los actores que han estado en el “club” desde el 2011 hasta ahora, los únicos que se repiten son Toselli, Tomás Costa y los dirigentes. Toselli, de lo mejor que tenemos, sabe de la frustración y quizás él también tiraría butacas. Costa ni siquiera estaba en la citación.

Pero los dirigentes. Los dirigentes, los anormales, los que pueden hacer otra cosa que no sea mirar el techo, son los mismos de siempre. Son los mismos que piensan que todo es una cosa de plata. Que con más plata nos va a ir mejor. Que el que pone más plata es el que más participa. Y así estamos.

Entonces pienso que se vayan y no vuelvan nunca más. Pero la reflexión es deprimente. Porque ¿cómo va a pasar eso? ¿Cómo, si por ley, por una ley nefasta, las mismas personas, ese uno por ciento que es dueño de todo, que es dueño de los equipos de fútbol también, las mismas personas son las que eligen a los “presidentes”?

Larraín desde el 2009 que tiene su puesto en el directorio. ¿Y qué ha hecho? Le puso asientos a la tribuna Foiullioux y pintó el estadio. Y lo peor de todo es que para “mejorar” le piden plata al hincha. Compren acciones, así vamos a ser mejor.

¡Váyanse, váyanse! les entrego plata con la cuota de socio, les entrego plata comprando entradas, comprando camisetas, ¿no les alcanza con eso? ¡Vendieron Santa Rosa por dos pesos y ahora nos piden plata a nosotros! Hay que ser muy caradura. De vuelta, sólo hemos pedido participación real, ser escuchados. Tener voz. Que haya elecciones y que mi voto valga lo mismo que el de Larraín. Un mínimo de igualdad, ante tanta grosera desigualdad.

Volviendo al tema de la soluciones, la situación es difícil. ¿Qué hay que solucionar? Muchas cosas. Todas las nombradas. Y de esas nombradas, hay algo en común que falta: rebeldía. En la cancha, para demostrar con fútbol que el destino se puede cambiar. Pero el espectáculo contra Audax fue penoso. Falta rebeldía, en el Cuerpo Técnico, para saber contagiar y alinear a un grupo, al son de lo que significa Universidad Católica y comportarse acorde a ello. Falta rebeldía también en nosotros, los hinchas, para empoderarnos y creer que podemos romper la ley maldita. Falta rebeldía para soñar un club distinto y luchar por nuestras utopías.

Sigo mirando el techo. Los Larraín y los Swett no. Los dirigentes nunca han sido los que se quedan pateando la perra, pero deberíamos cambiarlo. La energía e ilusión constante de la hinchada son un buen motor para la organización. Después de estar cuatro años mirando el techo, llegó nuestro momento.

GRAF/PS

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