Columna de la U: La identidad azul y la Casa de Bello

En período de receso del torneo nacional, la U comienza un nuevo proceso de la mano de Sebastián Beccacece y para el que los hinchas piden mayor identidad con el club.

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Por Cesar Vallejos

Colaborador de la Asociación de Hinchas Azules

Ser hincha de la U, entrar al Taller de Prototipos de la Escuela de Diseño de la Universidad de Chile, y encontrarse con dos murales de chunchos gigantes en aquel espacio, con banderines, tazones y camisetas del club, me llevó a emocionarme plenamente. Me impacté de manera profunda y me llevó a preguntarme qué tipo de identidad se generó en años pretéritos donde la vinculación del Club de Fútbol era directa con la Casa de Estudios y todas las ramas deportivas.

Antes del golpe militar, quienes ingresaban a estudiar a la Casa de Bello y quienes trabajaban como funcionarios y académicos, de manera automática eran inscritos como socios del Club y tenían voz y voto en las decisiones. Acaso aquella época, con los clásicos universitarios de por medio (como la gran fiesta del fútbol chileno), fue la época dorada de identificación con el equipo.

Es más, me hizo recordar que mi madre, que estudió Párvulos en la Chile, se hizo hincha de la U, pese a que su familia era históricamente de Magallanes y de Colo Colo. Fue la que me comenzó a llevar a la cancha, la que me llevó a entrenar al Sauzal, fue la que me hizo comprender junto a mi padre, el amor por esta camiseta.

Tal como el caso de la tía Mónica Salas, que atiende su negocio en la misma FAU, y que trabajó muchos años en la universidad. “Se ha perdido la identidad. Antes todos los estudiantes tenían la camiseta puesta por la U. Acá eran pocos los de otros equipos. Nosotros teníamos participación en varias de las decisiones, por medio de asamblea de socios”, cuenta la histórica funcionara.

Ella misma fue socia y vio cómo los milicos se tomaron la Universidad, la convirtieron en varias universidades más, desvincularon al Club, y vendieron todos los terrenos para la posible construcción del estadio.

“Acá todos soñábamos con eso y resulta que nos llevaron a segunda división incluso. En aquella época cantábamos el himno en el estadio, cuando la U entraba a la cancha. Eso era identidad pura”, agrega la Tia Mónica y así le corre una lágrima por su mejilla al contarme esto. Y se me pone la piel de gallina más aún, cuando al terminar de conversar con ella, vuelvo al Taller de Prototipos y encuentro los murales borrados. Como si la historia no existiera, como si la pasión se borrase con un brochazo.

¿En qué momento comienza el declive de esa identidad?. Algunos plantean que fue en época de los milicos, en efecto, otros creen que hay una resignificación identitaria cuando estuvimos en Segunda (que fue una época hermosa hasta campeonar el 94) y otros plantean que el balazo real en la cabeza comienza cuando llegan los buitres a apoderarse de un club que nos ha pertenecido a todos y no a unos pocos.

“La época de la Corfuch y, principalmente la del Doctor Orozco, fue una época muy bella. Principalmente porque él pudo haber sido odiado y amado, pero era un doctor salido de la Universidad y además un gran líder. Yo creo que cuando llegan las Sociedades Anónimas se termina de sepultar esa antigua identidad”, añade la funcionaria de la FAU. Yo le digo que habemos varios románticos viajeros tratando de recuperar esa identidad que tanto amamos. De recuperar el Club para su gente.

Surge entonces el cuestionamiento, de cómo los hinchas de la U, desde el ámbito universitario, somos capaces de recuperar el sentido de club que legítimamente componían funcionarios, académicos y estudiantes. Sumado esto, a la apertura de las puertas de la Casa de Estudios, para la sociedad azul en general, y que deje de ser la élite privilegiada que puede ingresar a estudiar a ella, la que tenga el sentimiento azul en las venas. Quizás ha llegado la hora de que la Universidad recomponga el constructo social en torno a la U, en base al acceso a sus edificaciones, a sus espacios universitarios y por ende a todo ámbito de confluencia popular.

Si no es Azul Azul quienes abren las puertas del CDA, los que no toman en cuenta la voz del hincha, los que le han quitado identidad a las canteras y al primer equipo, quizás sea la Universidad la encargada de recomponer lazos y revalorizar a su gente.

Comienza entonces el cuestionamiento y el camino para desentramar cuándo se perdió esa identidad, ese lazo afectivo y esa fuerza política que tuvo el hincha universitario, desde la Universidad misma.

“Deme un sándwich vegetariano, que estaban muy ricos”. Me lo engullo, le saco una hermosa foto y me retiro con el corazón de un azul aún más profundo. Volveremos, voleremos.

GRAF/DE

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